Seis años después del estallido de la pandemia, el covid persistente sigue condicionando la vida cotidiana de miles de personas en España. Para quienes arrastran secuelas, la crisis sanitaria no se quedó en 2020: los síntomas continúan, la incertidumbre no se ha ido y la sensación de ir «a medio gas» forma parte ya de su día a día.
Mientras la emergencia internacional se dio por terminada en 2023, el virus continúa circulando y generando cuadros de larga duración. Asociaciones de pacientes, profesionales sanitarios e investigadores coinciden en que esta realidad sigue siendo poco visible, con respuestas asistenciales desiguales y un impacto social y laboral que, en muchos casos, apenas empieza a medirse.
La vida con covid persistente: testimonios y síntomas que no se van
En comunidades como La Rioja, el covid persistente tiene ya rostro y nombre propios. Alrededor de unas 40 personas forman parte de la Asociación Covid Persistente La Rioja, un colectivo pequeño pero en crecimiento a medida que aparecen nuevos casos o se reconocen síntomas que encajan con este síndrome.
Entre sus integrantes está Tamara de la Horra Rodríguez, enfermera de 45 años, que comenzó con problemas en 2022 tras contagiarse de SARS-CoV-2 unos meses después de vacunarse. Relata que la infección fue especialmente intensa y que, desde entonces, arrastra una disnea tan acusada que tareas tan sencillas como comer o beber pueden volverse un esfuerzo.
Su rutina laboral también ha cambiado por completo: para recorrer los escasos 400 metros que la separan de su puesto de trabajo, Tamara necesita usar los bancos del camino para recuperar el aliento. A esto se suma un dolor muscular persistente, fatiga extrema y la llamada «niebla mental», una dificultad para concentrarse y pensar con claridad que muchos pacientes describen como vivir dentro de una especie de neblina.
Los casos recogidos por la asociación riojana comparten un denominador común: una sintomatología muy amplia y fluctuante. Cansancio intenso, migrañas, problemas digestivos, dificultad para mantener la atención, dolores articulares o mareos son solo algunos de los signos que más se repiten. En muchos pacientes, los síntomas se encadenan en forma de brotes, con periodos algo mejores y recaídas posteriores.
Una enfermedad crónica que afecta a millones en España y Europa
A escala estatal, el problema adquiere otra dimensión. Colectivos como Long COVID Aragón recuerdan que el covid persistente es una enfermedad crónica y multisistémica que puede generar discapacidad, pérdida de empleo y consecuencias socioeconómicas de largo recorrido.
Las estimaciones sitúan en más de 2,4 millones las personas afectadas en España, alrededor de 36 millones en Europa y más de 400 millones en el mundo. Detrás de estas cifras hay historias de taquicardias al subir una simple escalera, mareos, síncopes, dolor torácico, trombos o eventos cardiovasculares graves, a menudo acompañados de la incomprensión del entorno y de circuitos sanitarios que no siempre ofrecen respuestas claras.
Long COVID Aragón denuncia que, pese al tiempo transcurrido, muchas personas siguen siendo pacientes “incómodos” e invisibilizados. En su comunidad, advierten de situaciones en las que se está dando el alta desde consultas monográficas de covid persistente a pacientes que continúan con síntomas crónicos, sin un plan definido de seguimiento o tratamiento estable.
El colectivo insiste en que la pandemia, a nivel epidemiológico, no se ha declarado formalmente concluida. Señala que las sucesivas reinfecciones actúan como un factor de riesgo, al acumular daños en distintos órganos y sistemas y generar nuevos casos de covid persistente o agravar los ya existentes, y recuerda qué hacer si das positivo para minimizar riesgos.
El mapa laboral del riesgo: cuando el trabajo multiplica las probabilidades
Más allá de las experiencias individuales, la investigación comienza a trazar patrones. Un estudio coordinado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), junto con el Hospital Germans Trias i Pujol, ha analizado los datos de la cohorte COVICAT, que reúne a más de 2.000 trabajadores en Cataluña, para entender cómo influye el entorno laboral en el desarrollo de secuelas a largo plazo.
Los resultados apuntan a que trabajar en ocupaciones catalogadas como de “alto riesgo” incrementa en torno a un 44 % la probabilidad de sufrir covid persistente tras la infección. En este grupo se encuentran profesiones clave del estado del bienestar y de la economía de servicios: sanidad, cuidados y asistencia social, educación, transporte y comercio minorista, actividades donde coinciden tres factores: espacios cerrados, contacto frecuente con otras personas e imposibilidad real de teletrabajar.
El estudio va más allá de la mera exposición al contagio y sugiere un «cóctel» de elementos que influyen en la cronificación. Por un lado, la exposición repetida a altas cargas virales, algo habitual en personal sanitario, docentes o trabajadores de atención al público, podría dificultar que el organismo elimine del todo el virus o sus efectos, favoreciendo un cuadro prolongado.
Por otro, se apunta a la combinación de altas demandas físicas, estrés psicológico sostenido y condiciones laborales exigentes. Este estrés permanente tendría capacidad para debilitar la respuesta inmune, dejando a quienes ocupan estos puestos más expuestos a desarrollos de larga duración tras la infección inicial.
La protección también marca diferencias dentro de los propios sectores esenciales. Según los datos recogidos, las personas que no utilizaron de forma regular mascarillas de alta filtración (FFP2/FFP3) tuvieron alrededor de un 52 % más de riesgo de padecer covid persistente. El trabajo sugiere que la calidad y la constancia en las medidas preventivas siguen siendo determinantes, incluso una vez superada la fase más aguda de la crisis.
Desigualdades de género y clase en el impacto del covid persistente
La investigación de ISGlobal también subraya el componente de desigualdad social y de género asociado al covid persistente. Los datos muestran que las mujeres presentan un riesgo más elevado de desarrollar secuelas prolongadas, algo que se cruza con la realidad del mercado laboral: sanidad, educación, comercio y buena parte de los servicios de cuidados son sectores altamente feminizados.
A esta perspectiva se suma la dimensión socioeconómica. Las personas que dependían a diario del transporte público para ir a trabajar, con frecuencia empleos de menor nivel salarial o menos opciones de teletrabajo, vieron incrementado su riesgo en torno a un 58 %. Se dibuja así un patrón en el que quienes sostuvieron los servicios esenciales durante la pandemia arrastran ahora con mayor probabilidad las secuelas.
Con estas cifras sobre la mesa y distintos estudios internacionales apuntando en una línea similar, el covid persistente deja de ser un problema estrictamente clínico para convertirse en un asunto de salud laboral y justicia social. Organismos especializados y asociaciones de pacientes reclaman que se dé un paso más hacia el reconocimiento del covid persistente como enfermedad profesional en aquellos casos claramente vinculados a la exposición en el trabajo.
Este reconocimiento tendría consecuencias prácticas: adaptación de puestos, compensaciones, refuerzo de la prevención y acceso a prestaciones ajustadas a la realidad funcional de quienes ya no pueden desempeñar las mismas tareas que antes de la infección. Al mismo tiempo, se pide consolidar medidas de ventilación, uso de mascarillas en momentos de alta circulación vírica y protocolos que minimicen el riesgo en sectores clave.
Diagnóstico, investigación y tratamientos: un camino aún largo
Desde el punto de vista clínico, especialistas en enfermedades infecciosas admiten que una buena parte de las incógnitas sobre el covid persistente continúa sin resolverse. En hospitales como el Universitario San Pedro de Logroño, profesionales implicados en redes de investigación estatales describen una evolución lenta, con avances parciales pero sin soluciones definitivas para la mayoría de los casos.
Una de las principales dificultades es que no existe aún una explicación única y cerrada sobre las causas del covid persistente. Se barajan hipótesis que van desde la persistencia de restos virales en el organismo, hasta alteraciones inmunológicas, inflamación crónica o daños en sistemas concretos como el cardiovascular o el nervioso. Esta falta de claridad limita la posibilidad de diseñar tratamientos específicos y obliga a centrarse, por ahora, en el alivio de síntomas, la rehabilitación y en los riesgos al hacer ejercicio tras la infección.
Pese a ello, en algunas comunidades se están impulsando estudios para identificar marcadores biológicos que ayuden a distinguir distintos subtipos de covid persistente, con la vista puesta en ofrecer abordajes más personalizados. Entre las líneas de trabajo figura la evaluación de fármacos ya aprobados para otras indicaciones, como la naltrexona o la nicotinamida, con el fin de comprobar si pueden mejorar ciertos síntomas en grupos concretos de pacientes.
Los especialistas señalan que muchas personas experimentan pequeñas mejorías con el tiempo, pero que resulta poco frecuente una recuperación total a corto plazo. Buena parte de los afectados ve cómo su vida anterior se aleja: hay quienes no pueden reincorporarse plenamente a su trabajo, quienes necesitan reducir jornada o cambiar de funciones, y quienes se enfrentan a procesos complejos para que sus limitaciones sean reconocidas oficialmente.
En el ámbito jurídico-laboral, algunos casos que llegan a los tribunales ilustran esta situación. Personas con síntomas compatibles con covid persistente, acompañados de fatiga crónica, problemas de concentración, insomnio o trastornos emocionales, intentan obtener un mayor grado de incapacidad permanente. Sin embargo, las resoluciones no siempre reconocen esas secuelas como suficientes para impedir trabajos de carácter liviano o sedentario, lo que sitúa al paciente en una especie de tierra de nadie entre su malestar real y las exigencias formales de los sistemas de valoración.
El movimiento asociativo: visibilidad, apoyo mutuo y movilización ciudadana
Ante esta realidad, las asociaciones de personas con covid persistente han adquirido un papel protagonista. En La Rioja, el colectivo de pacientes organiza actividades coincidiendo con el Día del Covid Persistente, que se conmemora cada 15 de marzo. Entre ellas, la instalación de mesas informativas en espacios como el hall del Hospital San Pedro, donde se explica la situación de los afectados y se reclaman más recursos para su atención.
En Aragón, la asociación Long COVID Aragón ha lanzado llamamientos públicos dirigidos a la ciudadanía, los medios de comunicación, las organizaciones sociales, los sindicatos y los colegios profesionales para que se impliquen en la visibilización de la enfermedad. Con motivo del Long COVID Awareness Day, el colectivo ha convocado concentraciones en lugares emblemáticos, como la Plaza España de Zaragoza, bajo lemas que subrayan, por ejemplo, la afectación cardiovascular de estas secuelas.
Durante estas movilizaciones se incluyen gestos simbólicos, como minutos de silencio en memoria de personas fallecidas por complicaciones relacionadas con el covid persistente. Para las asociaciones, estos actos buscan recordarle a la sociedad que no se trata de una patología del pasado, sino de un problema sanitario y social plenamente vigente, que puede afectar a cualquier persona que contraiga el virus hoy.
Además de las concentraciones, se promueven iniciativas de carácter institucional, como la iluminación de edificios representativos con el color asociado al covid persistente, en este caso un tono turquesa oscuro. En Aragón, por ejemplo, el Palacio de la Aljafería se ha sumado a estas acciones para reforzar el reconocimiento público y acompañar a las personas afectadas.
El mensaje común que atraviesa todas estas actividades es claro: se reclama visibilidad, asistencia adecuada, más investigación y acceso a tratamientos. También se pide a los medios de comunicación que den voz a los pacientes y a sus familias, para que la opinión pública tome conciencia de que el covid persistente sigue presente y que sus consecuencias pueden ser duraderas.
Nuevos enfoques terapéuticos: de los fármacos a las terapias digitales
Mientras se avanza en el terreno biomédico clásico, en España surgen también propuestas innovadoras que combinan salud y tecnología para afrontar síntomas crónicos, algunos de ellos presentes en el covid persistente. Entre estas iniciativas destaca el trabajo de ciertas startups que desarrollan terapias digitales, herramientas basadas en software que han demostrado eficacia y seguridad clínica y que están pensadas para prescribirse por profesionales, de forma similar a un medicamento.
Estas terapias se apoyan en entornos inmersivos de realidad virtual y aumentada, así como en aplicaciones que acompañan al paciente en su día a día. La idea es que la persona participe activamente en su propio tratamiento, reforzando la sensación de control sobre la enfermedad. Además, permiten ofrecer un seguimiento constante, con registros objetivos de evolución y estímulos positivos que ayudan a sostener la adherencia y el bienestar emocional.
En países como Alemania y Francia, parte de estas soluciones digitales ya están reguladas y financiadas por los sistemas públicos de salud, integrándose como complemento a la medicación convencional. En España, se trabaja para definir los marcos regulatorios y los criterios de financiación, de forma que, en los próximos años, puedan recetarse de manera habitual en consultas de atención primaria y especialidades.
Algunas de estas empresas orientan su investigación hacia patologías como el dolor crónico, la insuficiencia cardiaca, el asma o el propio covid persistente. En varios casos, detrás de estos proyectos hay historias personales marcadas por la enfermedad, que han motivado a sus fundadores a buscar alternativas donde la medicina tradicional aún no ofrece respuestas suficientes.
Los especialistas coinciden en que, aunque estas terapias no sustituyen la necesidad de fármacos o intervenciones médicas cuando son imprescindibles, pueden convertirse en una herramienta complementaria. Ofrecen, por un lado, apoyo en la gestión de síntomas y, por otro, datos en tiempo real que enriquecen la visión del equipo sanitario sobre el día a día del paciente.
Todo este movimiento, tanto en la investigación farmacológica como en el ámbito digital, refleja que se empieza a abrir un abanico de opciones para abordar algunos de los aspectos más incapacitantes del covid persistente. Sin embargo, los expertos recuerdan que aún queda un largo recorrido antes de poder hablar de curas estandarizadas o de una capacidad real para devolver a la mayoría de los pacientes exactamente al punto en el que estaban antes de la infección.
Con millones de personas en España y Europa viviendo todavía con secuelas de la infección, el covid persistente se ha consolidado como un reto de primer orden para los sistemas sanitarios, el mundo laboral y la sociedad en su conjunto; entre testimonios como los de La Rioja, las llamadas a la acción desde Aragón, las evidencias científicas sobre el riesgo en determinados trabajos y las tímidas esperanzas que aportan los nuevos enfoques terapéuticos, queda claro que atender esta realidad con recursos, reconocimiento y empatía no es ya una opción, sino una necesidad.