Catalunya analizará los microplásticos en los ríos catalanes

  • La Agència Catalana de l'Aigua impulsa un estudio pionero sobre microplásticos en 54 puntos de los principales ríos catalanes.
  • El contrato, de más de 291.000 euros y 23 meses de duración, incluye 123 muestras repartidas en tres campañas de muestreo.
  • Se analizarán partículas de polímeros sintéticos como polietileno, polipropileno y poliestireno en ríos y depuradoras.
  • Los resultados servirán para diseñar nuevas medidas de saneamiento y reducir la contaminación plástica en los ecosistemas fluviales.

Ríos catalanes y microplásticos

La presencia de microplásticos en los ríos catalanes ha dejado de ser un problema difuso para convertirse en una prioridad en la agenda ambiental. Estos fragmentos diminutos de plástico, que pueden pasar casi desapercibidos a simple vista, se acumulan en el agua dulce y terminan llegando a zonas húmedas, embalses y, finalmente, al mar, con posibles efectos sobre la fauna, los ecosistemas y la salud humana.

Para disponer por primera vez de una radiografía detallada de la contaminación por microplásticos en los cursos fluviales de Catalunya, la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) ha puesto en marcha un ambicioso proyecto de muestreo y análisis. Se trata de un contrato ya licitado, dotado con más de 291.000 euros, que permitirá estudiar de forma sistemática qué tipo de partículas plásticas circulan por los ríos y cómo influyen en la calidad del agua.

Un contrato pionero para medir la contaminación invisible

Estudio de microplásticos en ríos

La ACA ha licitado un contrato específico para llevar a cabo este “censo de microplásticos” en las masas de agua dulce más representativas del territorio. La inversión prevista supera los 291.000 euros y el documento fija un plazo total de 23 meses, que incluye tanto el trabajo de campo como el análisis de laboratorio y la elaboración de conclusiones.

El periodo para presentar ofertas por parte de las empresas interesadas se ha fijado hasta un 9 de enero, y una vez adjudicado y formalizado el contrato, la compañía ganadora dispondrá de 14 meses para realizar los muestreos, seguidos de tres meses dedicados exclusivamente al estudio de las muestras recogidas y otros tres meses adicionales para la obtención y validación de los resultados. En total, prácticamente dos años de trabajo para disponer de una imagen sólida y comparable del estado de los ríos.

Según detalla la propia agencia, este encargo se concibe como un proyecto pionero en Catalunya, que debe sentar las bases para futuras actuaciones de saneamiento y control de la contaminación plástica. La idea es que la información generada no se quede en un mero informe técnico, sino que sirva de guía para diseñar medidas concretas de reducción de microplásticos en el medio fluvial.

El estudio se integra en un contexto europeo en el que los microplásticos se consideran contaminantes emergentes y donde las directivas de agua y residuos presionan a los Estados miembros para mejorar el control de estas partículas. Aunque el foco del proyecto es Cataluña, los resultados podrán ser de interés para otras cuencas de España y de la Unión Europea que afrontan problemas similares.

54 puntos de control en las principales cuencas fluviales

Ríos y depuradoras en Catalunya

El dispositivo diseñado por la ACA prevé un total de 54 puntos de muestreo repartidos por las principales cuencas de Catalunya. Entre ellos figuran tramos de los ríos Llobregat, Ter, Muga, Tordera, Fluvià, Besòs, Foix, Anoia y Segre, así como varias rieras y cursos menores, como las rieras de Rubí y la Bisbal, que también desempeñan un papel relevante en el transporte de contaminantes.

La selección de estos puntos responde a la necesidad de obtener una visión representativa de la red hidrográfica: se han incluido zonas con fuertes presiones urbanas e industriales, tramos próximos a infraestructuras de saneamiento y también sectores situados en cabeceras y áreas con menor impacto humano. De este modo, será posible comparar situaciones muy distintas y detectar patrones de contaminación a lo largo de los ríos.

En términos de distribución, el proyecto prevé 23 muestreos en aguas superficiales (es decir, directamente en el cauce de los ríos), 26 puntos en la entrada y salida de estaciones depuradoras y cinco controles ubicados en cabeceras fluviales. Esta combinación permitirá distinguir qué parte de los microplásticos procede de aportes difusos (como la escorrentía o el desgaste de materiales urbanos) y cuál está asociada a infraestructuras concretas de tratamiento de aguas residuales.

En total, a lo largo de las tres campañas de trabajo previstas se recogerán 123 muestras. Cada campaña cubrirá el conjunto de puntos de control, lo que facilitará evaluar si la presencia de microplásticos es estable en el tiempo o si varía en función de la estación del año, los episodios de lluvia intensa o los periodos de sequía.

Las fuentes de la administración subrayan que el estado de las masas de agua continentales se considera especialmente delicado, ya que se trata de uno de los ecosistemas más castigados por la actividad humana. Tener datos fiables permitirá saber hasta qué punto los ríos actúan como “autopistas de contaminación” que conectan zonas urbanas, industriales y agrícolas con embalses, humedales y el litoral mediterráneo.

Qué tipos de microplásticos se van a buscar

Uno de los objetivos centrales del contrato es determinar la cantidad y el tipo de partículas plásticas presentes en el agua. El estudio se centrará en fragmentos de polímeros sintéticos e insolubles con tamaños comprendidos entre 0,1 micrómetros y 1,5 milímetros, así como en fibras con longitudes que van desde aproximadamente 0,3 micrómetros hasta 15 milímetros. Esto incluye tanto microplásticos ya formados como pequeñas fibras que se desprenden de tejidos y otros materiales.

Los análisis se fijarán principalmente en tres familias de plásticos muy comunes: el polietileno (empleado de forma masiva en bolsas, films y muchas botellas), el polipropileno (habitual en envases, pajitas, componentes textiles y fibras industriales) y el poliestireno (presente en espumas, recipientes de un solo uso, utensilios de cocina y determinados juguetes). Todos ellos son materiales que se usan día a día y que, una vez desechados, pueden fragmentarse en partículas diminutas que permanecen durante años en el medio ambiente.

El abanico de tamaños a estudiar abarca desde fracciones casi microscópicas hasta pequeños fragmentos visibles. La detección de partículas tan pequeñas, del orden de las décimas de micrómetro, requiere equipamiento especializado de laboratorio y protocolos de muestreo muy cuidadosos, precisamente para evitar contaminaciones cruzadas y poder atribuir con fiabilidad el origen de las muestras.

Las autoridades destacan que detectar este tipo de partículas en los ríos es “crucial” porque permite conocer si están llegando a zonas donde, más adelante, el agua podría destinarse a usos urbanos, como agua embotellada, agrícolas o industriales. Además, estos plásticos pueden ser ingeridos por organismos acuáticos, incorporarse a la cadena trófica y acabar, de forma indirecta, en el organismo humano, un aspecto que preocupa cada vez más tanto a la comunidad científica como a los reguladores europeos.

Más allá del recuento de partículas, el contrato prevé que se analice también la distribución espacial de los microplásticos, comparando los resultados entre tramos altos de los ríos, zonas medias y tramos bajos próximos a desembocaduras. Esta información será clave para identificar dónde se concentran los mayores niveles de contaminación y qué factores pueden estar detrás de esas diferencias.

El papel de las depuradoras y las nuevas exigencias europeas

Una parte importante del estudio se centrará en el papel que juegan las estaciones depuradoras de aguas residuales en la retención (o liberación) de microplásticos. Al incluir muestreos tanto en la entrada como en la salida de 26 instalaciones, la ACA podrá evaluar qué cantidad de partículas logra retener el sistema actual de saneamiento y qué proporción acaba, pese a los tratamientos, retornando a los ríos.

Esta línea de trabajo se conecta con el reciente decreto estatal sobre aguas residuales y con las directrices europeas, que obligan a las comunidades autónomas a implantar sistemas de saneamiento más avanzados. El objetivo a medio plazo es que una parte muy significativa de las depuradoras cuente con tratamientos terciarios, capaces de dejar el agua en un estado casi “prepotable” antes de su vertido al medio receptor.

En Catalunya, la implantación de estos tratamientos avanzados todavía está lejos de ser generalizada, aunque ya se han dado primeros pasos para reforzar la calidad del agua depurada. La información que proporcione el censo de microplásticos servirá para priorizar qué instalaciones necesitan mejoras urgentes y qué tecnologías de filtración o eliminación de partículas pueden resultar más efectivas en cada caso.

Entre las opciones que se barajan figuran sistemas de filtración avanzada, procesos de membranas, tratamientos físicos complementarios o combinaciones de distintas técnicas, que podrían incorporarse progresivamente a las plantas existentes. Además de mejorar el estado ecológico de los ríos, estas actuaciones abrirían la puerta a incrementar la reutilización de agua depurada como recurso alternativo, un aspecto especialmente sensible en un contexto de sequías recurrentes.

Este enfoque encaja con la estrategia europea de economía circular, que busca aprovechar mejor el agua residual tratada y reducir al mismo tiempo la carga de contaminantes emergentes. Si las depuradoras consiguen retener una mayor fracción de microplásticos, no solo se protegerán los ecosistemas acuáticos, sino que también se reducirá el riesgo de que estas partículas lleguen a usos agrícolas o industriales a través de programas de reutilización.

Posibles medidas futuras y vínculo con la gestión de residuos

La Generalitat vincula este estudio con otras iniciativas en marcha en materia de residuos y plásticos de un solo uso. El Govern trabaja en una nueva ley de residuos que, entre otros aspectos, pretende reducir la generación de plásticos innecesarios y fomentar alternativas más sostenibles. Los resultados del censo de microplásticos podrán aportar argumentos adicionales para endurecer ciertas obligaciones o reforzar sistemas de prevención.

Si los muestreos detectan concentraciones especialmente preocupantes en determinados tramos de río o en zonas geográficas concretas, no se descarta la puesta en marcha de medidas adicionales. Entre ellas, se contemplan más controles sobre vertidos industriales, vertederos o infraestructuras específicas que puedan estar aportando altas cargas de partículas plásticas al medio.

El análisis detallado de los datos permitirá localizar posibles “puntos calientes” de contaminación asociados a polígonos industriales, áreas urbanas densas o actividades económicas concretas. Esto facilitará el diseño de medidas a medida, en lugar de aplicar soluciones genéricas que no siempre se adaptan a las características de cada cuenca o subcuenca.

En paralelo, la información obtenida podrá utilizarse para reforzar las campañas de sensibilización ciudadana sobre la gestión de residuos y el uso responsable de productos de plástico. Aunque el proyecto tiene un enfoque estrictamente técnico, la administración es consciente de que reducir la entrada de microplásticos en los ríos pasa también por cambios en los hábitos de consumo y reciclaje.

Por ahora, todas estas posibles actuaciones futuras están todavía por concretar. La intención de la ACA y del Departament de Territori, Habitatge i Transició Ecològica es esperar a disponer de un diagnóstico sólido antes de definir nuevas obligaciones o inversiones, de manera que las decisiones se apoyen en datos verificables y no solo en estimaciones generales.

La puesta en marcha de este estudio de microplásticos sitúa a Catalunya en la línea de las regiones europeas que están empezando a cuantificar de forma rigurosa la contaminación plástica en ríos y depuradoras. Con 54 puntos de control, 123 muestras y casi dos años de trabajo previstos, el proyecto aspira a ofrecer una fotografía precisa del problema y a servir de base para futuras mejoras en el saneamiento, la gestión de residuos y la protección de los ecosistemas fluviales, con la vista puesta tanto en la salud ambiental como en la seguridad del agua que utilizamos en el día a día.

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