En los últimos años, Ozempic y otros fármacos basados en agonistas del receptor GLP-1 han pasado de ser tratamientos para la diabetes tipo 2 a convertirse en protagonistas de la conversación sobre pérdida de peso. En España, donde más de la mitad de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad, su uso se ha disparado tanto entre personas con obesidad como en quienes buscan adelgazar por estética.
Sin embargo, junto al entusiasmo inicial ha ido ganando peso una duda clave: ¿qué ocurre cuando se deja el tratamiento y aparece el temido efecto rebote? La recuperación del peso perdido tras suspender estos fármacos es uno de los grandes puntos débiles de esta estrategia. Una nueva línea de investigación internacional explora ahora un posible camino para reducir este problema y mantener los resultados a medio plazo.
El auge de Ozempic y los GLP-1 en un país con más de la mitad de la población con sobrepeso
En España, la preocupación por la imagen corporal convive con una realidad contundente: el 55,8% de la población adulta presenta sobrepeso u obesidad, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). De ese porcentaje, un 18,7% se sitúa en rango de obesidad y un 37,1% en sobrepeso, lo que explica en buena parte el interés social por soluciones rápidas para adelgazar.
En este contexto, los agonistas del receptor GLP-1, entre ellos Ozempic, Wegovy o Mounjaro, han ido ganando terreno. Aunque se desarrollaron originalmente como tratamientos para la diabetes tipo 2, su capacidad para reducir el apetito y facilitar la pérdida de peso ha impulsado su uso en personas con obesidad o sobrepeso, y también en perfiles que solo buscan bajar algunos kilos.
Los datos económicos reflejan este fenómeno: en 2025 las ventas de análogos GLP-1 en España superaron los 840 millones de euros, un aumento aproximado del 75% respecto al año anterior, con 7,2 millones de unidades dispensadas. Se calcula que alrededor de 500.000 personas —cerca del 1,2% de la población adulta— ya utilizan estos tratamientos para adelgazar.
Las previsiones apuntan a que la tendencia seguirá al alza. Casi un 6% de los adultos afirma que se plantea recurrir a estos fármacos, según un estudio de la consultora Lantern. Y en paralelo, medios, redes sociales y testimonios personales multiplican la visibilidad de estos medicamentos, mezclando experiencias positivas con dudas y advertencias.
El caso de pacientes como Pilar, que relata cómo ha perdido 20 kilos en poco más de un año con Ozempic después de no conseguirlo con dieta ni ejercicio, se ha convertido en un ejemplo frecuente en programas de radio y televisión. Su historia refleja el atractivo del tratamiento: una inyección semanal, un coste que ronda entre 120 y 140 euros al mes, y una reducción del apetito que facilita comer menos sin pasar tanta hambre.
Qué es el efecto rebote de Ozempic y por qué preocupa tanto
Uno de los principales miedos en torno a estos medicamentos es el llamado “efecto rebote”. Es decir, la tendencia a recuperar el peso perdido —a veces incluso ganando más kilos de los que se tenían al inicio— cuando se interrumpe el tratamiento.
El doctor Antonio Escribano, endocrino y nutricionista, lo califica de “terrible efecto rebote”. Según explica, mientras se pincha el fármaco, la persona suele notar menos hambre, come menos y adelgaza. El problema llega al dejarlo: “vuelven a tener el mismo apetito que antes, y a veces bastante más, con lo cual recuperan fácilmente lo que han perdido”.
Desde un punto de vista fisiológico, el organismo tiende a defender el peso que ha tenido durante años. Tras una pérdida significativa, se activan mecanismos biológicos que aumentan el apetito y reducen el gasto energético, lo que favorece que el cuerpo vuelva a su “zona de confort”. Con los GLP-1, este fenómeno puede hacerse especialmente evidente cuando dejan de ejercer su efecto sobre las hormonas que regulan el hambre y la saciedad.
Escribano insiste, además, en que “Ozempic no adelgaza por sí mismo”, sino que reduce el apetito y facilita que la persona coma menos. El adelgazamiento se produce porque se ingieren menos calorías, no porque el fármaco haga “quemar” directamente la grasa. Por eso, si al suspender el tratamiento se retoman viejos hábitos alimentarios, el riesgo de recuperar el peso es elevado.
Este escenario ha llevado a investigadores y clínicos a plantearse una pregunta clave: ¿es posible consolidar la pérdida de peso lograda con estos medicamentos de forma que, al dejarlos, no se produzca una recuperación tan marcada?
Un procedimiento endoscópico experimental para frenar el rebote
Una de las líneas de trabajo más comentadas se presentó en la Semana de las Enfermedades Digestivas (DDW 2026), celebrada en Estados Unidos. Un equipo de la Facultad de Medicina Geisel de Dartmouth dio a conocer resultados preliminares de un ensayo que explora un enfoque distinto: un procedimiento ambulatorio diseñado para ayudar a mantener la pérdida de peso después de suspender los agonistas GLP-1, como Ozempic.
La doctora Shelby Sullivan, directora del Programa Endoscópico Bariátrico y Metabólico del Centro de Control de Peso de Dartmouth Health y autora principal del estudio, resume así el problema de partida: muchas personas dejan estos medicamentos por coste, efectos secundarios o porque no desean depender indefinidamente de un fármaco, o explorar opciones como reducir la frecuencia de las inyecciones. El reto es qué ofrecerles para que no sufran un rebote importante.
El procedimiento en cuestión se realiza de forma ambulatoria, sin ingreso hospitalario, en el periodo posterior a la suspensión del fármaco, precisamente cuando el cuerpo tiende a recuperar el peso perdido. La idea no es sustituir al medicamento, sino actuar como una especie de “ancla” que ayude a consolidar los resultados logrados durante el tratamiento con GLP-1.
Los primeros datos son todavía limitados, pero sugieren que cerca del 70% de los participantes sometidos a la intervención no volvieron a su peso inicial a los seis meses de dejar la medicación. Este posible freno al efecto rebote es lo que ha generado tanta expectación en el ámbito de la obesidad.
Los autores subrayan, no obstante, que se trata de un procedimiento experimental y que los resultados deben interpretarse con cautela hasta contar con ensayos más amplios y de mayor duración.
Regeneración de la mucosa duodenal: “reiniciar” el intestino para estabilizar el peso
La técnica empleada se conoce como regeneración de la mucosa duodenal. Es un procedimiento endoscópico que actúa sobre la primera parte del intestino delgado, el duodeno. Mediante la aplicación de energía térmica controlada, se modifica la capa interna de esta zona con el objetivo de inducir una regeneración del tejido.
El planteamiento teórico es que este “reseteo” del duodeno podría mejorar la función metabólica y las señales hormonales relacionadas con el apetito, el metabolismo de la glucosa y la regulación del peso corporal. En las personas que han adelgazado gracias a los GLP-1, estas señales se ven alteradas; la hipótesis es que parte de esa desregulación contribuye a que el cuerpo tienda a recuperar kilos una vez que el medicamento se retira.
Si el tejido intestinal regenerado se comporta de manera más favorable desde el punto de vista metabólico, el organismo podría resistirse menos a mantener una menor cantidad de grasa corporal. No se trataría tanto de seguir perdiendo peso, sino de sostener la pérdida ya conseguida, reduciendo el impulso biológico de volver al peso previo.
En palabras de la doctora Sullivan, lo más llamativo de los datos preliminares es que “el beneficio no solo se mantiene, sino que parece aumentar con el tiempo”. Además, la respuesta guarda relación con la intensidad del tratamiento, “como si estuviéramos actuando sobre un mecanismo biológico relevante”, señala.
De confirmarse, este enfoque podría abrir la puerta a una nueva vía terapéutica para quienes no quieren o no pueden tomar GLP-1 de forma indefinida pero temen el efecto rebote al abandonarlos. Aun así, el procedimiento todavía está lejos de la práctica clínica rutinaria y sus posibles riesgos y beneficios a largo plazo siguen bajo estudio.
Qué dicen los datos del ensayo y qué falta por saber
El estudio presentado en la DDW 2026 incluye un seguimiento de seis meses. En total participaron 45 personas que habían perdido al menos un 15% de su peso corporal con tirzepatida (otro agonista del receptor GLP-1) antes de suspender el fármaco, con una pérdida media de unos 18 kilos.
Del total, 29 participantes recibieron el procedimiento activo de regeneración de la mucosa duodenal, mientras que 16 recibieron un tratamiento placebo. Todos habían dejado ya los GLP-1 cuando se sometieron al ensayo, de manera que la intervención evaluaba su capacidad para mantener la pérdida de peso en la fase posterior.
Transcurridos seis meses, el grupo tratado con la técnica activa mantuvo más del 80% de la pérdida de peso conseguida. De media, ganaron solo unos 3 kilos tras suspender la medicación, lo que implica que no volvieron a su peso previo al tratamiento.
En cambio, el grupo placebo mostró una recuperación de peso significativamente mayor, llegando a recuperar hasta el doble de kilos que el grupo tratado. Aunque todos habían perdido una cantidad similar de peso durante el uso de tirzepatida, la evolución posterior divergió claramente en función de si recibieron o no la regeneración de mucosa.
Pese a estos resultados, los propios investigadores insisten en que se trata de datos preliminares con una muestra reducida y un periodo de observación limitado. Falta por determinar cuánto dura el efecto protector frente al rebote, qué perfil de paciente se beneficia más y qué posibles complicaciones pueden aparecer en el largo plazo.
El ensayo REMAIN-1 y el posible salto a la práctica clínica
En paralelo al trabajo presentado en la DDW, está en marcha el ensayo REMAIN-1, impulsado por la compañía Fractyl Health. Este estudio pivotal incluye a más de 300 participantes y busca confirmar, en una población más amplia y con un diseño más robusto, si la regeneración de la mucosa duodenal puede ser una herramienta eficaz y segura para evitar el efecto rebote tras dejar los GLP-1.
Según ha comunicado la empresa, el ensayo ya ha completado el reclutamiento y la asignación de pacientes. Se espera que los primeros resultados estén disponibles a comienzos del cuarto trimestre de 2026. Si los datos reproducen e incluso refuerzan los hallazgos preliminares, la compañía tiene previsto solicitar la autorización de comercialización.
En la práctica, esto significaría que, a medio plazo, podría existir una opción endoscópica aprobada para acompañar la retirada de medicamentos como Ozempic, reduciendo el riesgo de recuperar peso. No obstante, cualquier decisión regulatoria tendrá en cuenta no solo la eficacia, sino también el perfil de seguridad y el coste del procedimiento.
Para sistemas sanitarios como el español o los europeos, donde la obesidad supone una carga creciente, la posible incorporación de esta técnica obligaría a valorar criterios de selección (quién se podría beneficiar), impacto presupuestario y compatibilidad con estrategias más clásicas de prevención y tratamiento, como la atención primaria, la educación nutricional o la cirugía bariátrica.
Un uso en expansión: impacto en la cesta de la compra y en los hábitos
Mientras la ciencia intenta encontrar maneras de frenar el efecto rebote, la realidad cotidiana refleja que los GLP-1 ya están modificando la forma de consumir. Según datos de Worldpanel by Numerator, aproximadamente el 6% de los hogares españoles utiliza este tipo de tratamientos, lo que se ha traducido en una reducción cercana al 4% en el gasto de la cesta de la compra.
La explicación es directa: al reducir el apetito, las personas bajo tratamiento comen menos y compran menos comida. Pero no solo se trata de cantidad; también cambian las preferencias. Disminuye la compra de productos muy calóricos como chocolates, snacks, patatas fritas o bebidas alcohólicas, mientras que se priorizan frutas, fuentes de proteína y productos menos ultraprocesados.
El doctor Escribano matiza que estos cambios no son consecuencia “mágica” del fármaco, sino del contexto en el que se prescribe. Muchos pacientes inician el tratamiento al mismo tiempo que siguen una dieta pautada por un profesional, lo que facilita que cambien sus costumbres alimentarias. El medicamento ayuda a pasar menos hambre, pero la base sigue siendo la pauta dietética y el acompañamiento médico.
Esto conecta con una reflexión que repiten muchos especialistas: sin un trabajo real sobre los hábitos de vida, cualquier pérdida de peso basada en fármacos corre el riesgo de ser temporal. El nuevo procedimiento endoscópico podría contribuir a mantener lo conseguido, pero no sustituye la necesidad de una alimentación equilibrada y de actividad física regular.
En un entorno donde las redes sociales y la cultura de la inmediatez alimentan la búsqueda de “soluciones exprés”, el riesgo es que se banalicen tratamientos pensados para la obesidad y se utilicen de forma indiscriminada para objetivos puramente estéticos, lo que aumenta la probabilidad de efectos indeseados y de frustración cuando aparece el rebote.
Efectos secundarios y llamadas a la prudencia en el uso de Ozempic
Otro factor clave a la hora de valorar cualquier estrategia para adelgazar con Ozempic y similares son sus efectos secundarios. El prospecto de estos medicamentos recoge molestias digestivas frecuentes como náuseas, vómitos y diarrea, pero también complicaciones más serias que, aunque menos habituales, preocupan a los especialistas.
El doctor Escribano menciona entre los posibles riesgos pancreatitis, problemas de vesícula, alteraciones de la visión y cuadros de parálisis intestinal. Algunos de estos efectos han llevado ya a que, en países como Estados Unidos, se estén formando plataformas de afectados que reclaman compensaciones por considerar que no fueron advertidos con suficiente claridad.
Desde el punto de vista clínico, los expertos recuerdan que la indicación principal de estos fármacos es la diabetes tipo 2 y, en determinados casos, la obesidad. Su uso en personas sin obesidad, o para fines estrictamente estéticos (por ejemplo, perder unos pocos kilos antes de un evento), se considera arriesgado y carente de justificación médica sólida.
A lo largo de las últimas décadas, endocrinos y nutricionistas han visto pasar numerosos fármacos para adelgazar que parecían muy prometedores y acabaron retirados del mercado por sus efectos adversos. Este histórico lleva a muchos profesionales a pedir calma antes de presentar nuevas soluciones como “definitivas” contra el sobrepeso.
En palabras del propio Escribano, “la solución de la obesidad es aprender a comer, menos y mejor, con voluntad”. Para estos especialistas, cualquier avance farmacológico o endoscópico puede ser una herramienta útil en determinados perfiles, pero no sustituye al cambio de hábitos a largo plazo, que sigue siendo la base de un peso saludable y estable.
Todo ello cobra aún más importancia al valorar propuestas como la regeneración de la mucosa duodenal: aunque pueda ayudar a reducir el efecto rebote tras dejar Ozempic, no elimina la necesidad de abordar las causas de fondo de la ganancia de peso, como la alimentación, el sedentarismo o el entorno obesogénico.
Con un uso de Ozempic y otros GLP-1 en claro crecimiento y con la población española especialmente expuesta al sobrepeso, las nuevas investigaciones sobre cómo poner fin al efecto rebote llegan en un momento clave. El procedimiento de regeneración de la mucosa duodenal se perfila como una posible pieza adicional en el abordaje de la obesidad, pero todavía necesita demostrar su eficacia y seguridad en ensayos más amplios como REMAIN-1.
Mientras tanto, quienes ya utilizan o se plantean utilizar estos fármacos se mueven entre la esperanza de contar con un apoyo eficaz para perder peso y las advertencias sobre efectos secundarios, costes y la posibilidad real de recuperar lo perdido al dejar las inyecciones. Para los expertos, el mensaje central sigue siendo claro: los medicamentos pueden ayudar, y quizá pronto también determinados procedimientos endoscópicos, pero el peso a largo plazo dependerá en gran medida de cambios sostenidos en la forma de comer, moverse y relacionarse con la comida.
