
El debate sobre los alimentos sin gluten gana terreno entre reclamaciones en fiestas populares y avances en la restauración. En España, asociaciones de celíacos, cocineros y panaderos empujan para que la oferta sea segura y libre de contaminación, y no deje fuera a quienes dependen de una dieta estricta.
Mientras crecen las opciones aptas en destinos gastronómicos y se multiplican los talleres, también afloran carencias en eventos masivos y dudas sobre la contaminación cruzada, el etiquetado y los costes. La respuesta conjunta de hostelería y administraciones será clave para ampliar la formación del personal y asegurar la trazabilidad.
Feria de Melilla: llamada a incorporar menús sin gluten

La Asociación de Celíacos de Melilla (ACEME) ha pedido a los hosteleros de las casetas que incluyan platos libres de gluten en sus cartas, tras constatar este año una ausencia de alternativas seguras para celíacos en la feria.
El colectivo recuerda que en años anteriores existían casetas con opciones aptas, lo que facilitaba la participación en comidas y cenas durante las fiestas. Ahora temen que muchos se vean obligados a renunciar a la oferta gastronómica del recinto.
Para revertir esta situación, la entidad ofrece asesoramiento gratuito a quienes quieran dar el paso: formación para cocina, sala y responsables de caseta, además de protocolos claros para un servicio sin gluten fiable.
ACEME subraya que, además de ser una cuestión de derechos, existe una oportunidad de negocio: el cliente celíaco suele acudir en grupo, lo que incrementa las mesas allí donde puede comer con seguridad.
En 2023, la caseta de los Costaleros fue señalada como única alternativa segura; este año, ni siquiera esa referencia parece repetirse, según el aviso firmado por la presidenta, Marisa Santamaría.
Si organizadores y empresarios responden, la feria podría evolucionar hacia un entorno inclusivo para un colectivo que depende de una dieta estricta y protocolos de cocina sin contaminación cruzada.
Restauración y formación: de Asturias a Lleida, recetas, seguridad y precios

Asturias se ha afianzado como uno de los territorios con mejor mapa de restaurantes sin gluten, con Cangas del Narcea como referente y locales como El Palace (Oviedo y Gijón) y El Fartuquín entre los más valorados por propuestas seguras y sabrosas.
La base técnica es clara: evitar la contaminación cruzada y ajustar recetas. Cocineras como Raquel Figueroa destacan el uso de harinas de arroz y garbanzo, y mezclas con almidón de maíz para texturas estables en masas y bechamel.
En rebozados se recurre a pan rallado sin gluten o panko muy fino; para frituras de calamares y boquerones, la harina de garbanzo aporta crujiente y mantiene la seguridad del plato.
La adaptación exige recalibrar cantidades e hidrataciones al prescindir del gluten; lograr una croqueta con la densidad adecuada es un reto clásico. También es frecuente ofrecer versiones sin lactosa por su asociación con la celiaquía.
El aprendizaje se refuerza fuera de los restaurantes. En El Palau d’Anglesola, un taller de coca de recapte sin gluten del proyecto “12 meses, 12 paisajes” permitió a jóvenes cocinar la receta con la guía de Davantal Net de Gluten y Montse Fabrés.
La actividad incluyó pautas de manipulación segura y contó con panaderos de las Tierras de Lleida; el ciclo sumó un taller de pan y una fiesta popular del pan con tomate y panadó, con nuevas citas previstas.
Más allá de la cocina, especialistas alertan de un aumento de molestias digestivas vinculadas al consumo de gluten y subrayan el impacto de los ultraprocesados en la dieta moderna; piden etiquetado fiable y controles que aseguren productos realmente aptos.
El precio continúa siendo un escollo: diversos relevamientos sitúan los productos específicos sin gluten por encima de sus equivalentes, a veces con diferencias notables. Se recomienda priorizar alimentos naturalmente libres de gluten, planificar compras y cocinar en casa.
Para familias y negocios, la clave es la formación: leer etiquetas, separar utensilios, ordenar zonas de preparación y documentar procesos reduce el daño intestinal derivado de contaminaciones invisibles, incluso sin síntomas inmediatos.
El termómetro del ‘sin gluten’ apunta a una demanda creciente y a una respuesta todavía desigual: ferias que deben adaptarse, restaurantes que elevan el listón y talleres que siembran conocimiento. Con la cooperación entre asociaciones, hostelería y administración, la oferta de alimentos sin gluten puede ser más segura, accesible y constante.