Zapatillas de 97 gramos: la revolución ligera que sacude el maratón

  • Las adidas Adizero Adios Pro Evo 3 pesan alrededor de 97 gramos, convirtiéndose en una de las zapatillas con placa más ligeras para maratón.
  • Su diseño combina espuma Lightstrike Pro Evo y la estructura de carbono Energyrim, optimizada para mejorar la economía de carrera y el retorno de energía.
  • Han sido protagonistas en grandes maratones como Londres y Boston, vinculadas a récords del mundo, marcas nacionales y la histórica barrera de las dos horas.
  • Su uso reabre el debate sobre los límites tecnológicos en el atletismo, el papel de World Athletics y hasta dónde llega la ayuda del calzado en el rendimiento.

zapatillas de 97 gramos para maratón

En los últimos años, el atletismo de fondo ha vivido un cambio silencioso pero profundo: las zapatillas de 97 gramos y su nueva generación de calzado superligero con placa rígida han alterado por completo la forma de entender el maratón. Lo que antes se veía como un simple complemento se ha convertido en una pieza clave del rendimiento, hasta el punto de influir en récords del mundo y en la propia concepción de lo que es posible sobre el asfalto.

El mejor ejemplo llega desde Londres, donde un modelo de menos de 100 gramos de peso total se ha colocado en el centro de todas las miradas. No es solo la cifra de la báscula lo que sorprende, sino la combinación de tecnologías de espuma, carbono y geometría que hay detrás. Al mismo tiempo, estas zapatillas han reabierto el debate sobre los límites de la innovación: hasta dónde puede ayudar el material sin que se desvirtúe el mérito del atleta.

Una zapatilla de 97 gramos que cambia el juego

El foco está puesto en las adidas Adizero Adios Pro Evo 3, un modelo concebido específicamente para el día de la carrera en maratón y que ha llevado el concepto de ligereza a un punto casi extremo. En talla de referencia masculina rondan los 97-97,3 gramos, una cifra difícil de asociar a un calzado capaz de afrontar los 42,195 kilómetros a ritmos de élite.

Para hacerse una idea del salto, las primeras versiones de estas voladoras se movían en torno a los 138 gramos, y otros modelos de competición de la competencia, como las Asics Metaspeed Sky o Ray, se quedan cerca de los 128-129 gramos. Las Pro Evo 3 recortan ese margen de forma drástica, hasta el punto de que, según se comenta internamente en la marca, más de uno piensa que la caja está vacía cuando la coge por primera vez.

Esta reducción no es un simple capricho. En biomecánica se estima que rebajar alrededor de 100 gramos en el calzado puede traducirse en hasta un minuto menos en maratón para atletas de nivel muy alto, porque el peso en los pies tiene un coste energético mayor que llevar ese mismo peso en el tronco. Miles de zancadas a ritmo de competición multiplican el efecto de cada gramo ahorrado.

La propia World Athletics ha fijado un límite de 40 milímetros de altura de suela y restricciones sobre el número y la disposición de placas rígidas, intentando equilibrar la innovación con la equidad deportiva. Las Pro Evo 3 se sitúan literalmente al borde de la normativa: unos 39 mm de espuma bajo el talón y 36 mm en el antepié, manteniendo la legalidad pero apurando cada milímetro permitido.

Sabastian Sawe y la barrera de las dos horas

El gran escaparate de estas zapatillas de 97 gramos ha sido el Maratón de Londres, una de las pruebas más emblemáticas del calendario internacional. En la edición más reciente, el keniata Sabastian Sawe cruzó la meta en 1:59:30, convirtiéndose en el primer atleta en bajar de las dos horas en un maratón oficial y homologado, superando en más de un minuto el anterior récord que había dejado Kelvin Kiptum.

Sawe compitió calzado con las Adizero Adios Pro Evo 3, lo que sitúa a estas zapatillas de 97 gramos en el centro de la discusión. Hasta ahora, un intento por romper la barrera de las dos horas -como el proyecto Ineos 1:59 con Eliud Kipchoge- se había llevado a cabo en condiciones muy controladas, con liebres rotando y sin formato competitivo estándar, por lo que no fue reconocido oficialmente.

En Londres, la situación fue muy distinta: carrera homologada, rivales reales, clima no controlado y reglamentación habitual. El resultado ha incrementado el debate sobre cuánto pertenece al talento del corredor y cuánto a la tecnología del calzado, en un contexto donde cada detalle, desde la espuma hasta los sensores que lleva el atleta, puede sumar segundos en el reloj.

El impacto de estas zapatillas no se limita a una sola prueba. Desde su irrupción en el circuito internacional, los modelos Adizero Adios Pro Evo han sido protagonistas de récords del mundo, marcas nacionales y victorias en varias de las principales maratones, incluidas varias de las seis Majors. Atletas como Benson Kipruto o Workenesh Edesa han competido con versiones anteriores de la misma familia de calzado, afianzando la presencia de la gama en la élite.

De las superzapatillas al modelo de 97 gramos

El salto cualitativo que suponen estas zapatillas de 97 gramos se entiende mejor al ver la evolución de las llamadas “superzapatillas” de los últimos años. Lo que comenzó con mediasuelas más generosas y placas de carbono, centrado sobre todo en incrementar la reactividad, ha evolucionado hacia una obsesión por rebajar peso sin sacrificar retorno de energía ni estabilidad.

En el caso de las Adizero Adios Pro Evo 3, Adidas presume de haberlas hecho aproximadamente un 30 % más ligeras que la versión anterior, a la vez que se mejora el retorno de energía en la parte delantera del pie en torno a un 11 % y se optimiza la economía de carrera cerca de un 1,6 % frente a su predecesora. Son porcentajes que, sobre el papel, pueden parecer modestos, pero que, a ritmos inferiores a 3:30 min/km, suponen diferencias medibles en meta.

Este tipo de modelos se conciben como herramientas de día de competición para atletas muy rápidos, no como zapatillas de uso cotidiano. Corredores que se mueven en maratón por debajo de esos ritmos son quienes realmente pueden exprimir la combinación de ligereza, rebote y rigidez controlada que ofrece este diseño tan extremo.

En el mercado europeo, su disponibilidad es limitada y el precio se sitúa claramente en la franja alta: alrededor de 500 euros por par. Esto hace que, en la práctica, estén destinadas a un público muy concreto: atletas profesionales, élite y aficionados avanzados dispuestos a invertir una cantidad considerable en exprimir cualquier pequeño margen de mejora.

Upper ultrafino: ingravidez y sujeción mínima

Uno de los elementos que más sorprende al coger por primera vez estas zapatillas de 97 gramos es el upper casi translúcido. La parte superior está construida con un material que recuerda al papel de seda o a las velas de kitesurf: finísimo, muy flexible y con un tacto plástico ligero que transmite la sensación de estar ante una membrana más que ante una estructura tradicional.

La inspiración en materiales de vela de competición tiene sentido: se busca una combinación de ligereza, tensión y resistencia, capaz de mantener al pie en su sitio sin penalizar con gramos extra. El tejido abraza el pie, pero lo hace sin recargarse de refuerzos, acolchados o costuras innecesarias. El resultado es casi una “piel técnica” que deja ver el interior y que prioriza la sensación de ingravidez por encima de cualquier otra cosa.

Para evitar que esa ligereza se traduzca en inestabilidad, la lengüeta se une a los laterales del upper. Esta pieza, muy maleable y mínima, tiende a desplazarse si no se fija, por lo que el diseño la integra al conjunto para mejorar la sujeción. A pesar de la simplicidad visual, hay pequeños acolchados alrededor del tobillo y un contrafuerte de talón muy discreto, suficientes para aportar algo de estructura sin sumar peso apreciable.

El espacio interior se ajusta al patrón de las voladoras de alto nivel: horma relativamente ceñida, pensada para que el pie encaje sin holguras y se sienta estable cuando se corre a altas velocidades. La transpirabilidad también es un factor importante; ese tejido tan abierto ayuda a evacuar calor y sudor, un aspecto relevante en maratones con condiciones climáticas exigentes en Europa y el resto del mundo.

Espuma Lightstrike Pro Evo y placa Energyrim

La mediasuela es el corazón de estas zapatillas de 97 gramos. Adidas ha apostado por una versión evolucionada de su espuma Lightstrike Pro Evo, una formulación de muy baja densidad que contribuye de forma decisiva a la reducción de peso. A pesar de ser tan ligera, está diseñada para ofrecer una combinación de amortiguación blanda al tacto y una respuesta muy viva en cada apoyo.

Las cifras de geometría no son casuales: aproximadamente 39 mm bajo el talón y 36 mm en el antepié, con un drop de alrededor de 3 mm. Esta configuración sitúa a la zapatilla al borde de lo permitido por el reglamento, maximizando el volumen de espuma disponible para absorber el impacto y devolver energía sin abandonar la legalidad en competición.

El elemento más novedoso es la estructura de carbono conocida como Energyrim, que sustituye al concepto previo de los EnergyRods. En lugar de varias varillas rígidas bajo el pie, la marca ha optado por una arquitectura perimetral que recorre el contorno de la mediasuela. Esta pieza ayuda a contener la espuma, aportando rigidez lateral y estabilidad sin añadir material extra bajo la planta.

La idea es que la espuma pueda comprimirse y expandirse de forma controlada, logrando un retorno de energía potente y una transición rápida del talón al despegue, pero sin generar la sensación de ir sobre un bloque inestable. Carbono y espuma trabajan juntos para mantener la eficiencia incluso cuando el corredor entra en fase de fatiga, especialmente crítica a partir del kilómetro 30 en maratón.

En términos prácticos, esto se traduce en una sensación de propulsión evidente cuando se corre a ritmos altos. No es una zapatilla pensada para rodar despacio: su rigidez y su geometría favorecen zancadas alegres y apoyos rápidos, algo que encaja más con maratonianos de élite que con corredores recreativos que buscan comodidad y durabilidad por encima de todo.

Suela mínima, tracción máxima

Si el upper y la mediasuela se han llevado al límite de peso, la suela exterior no se queda atrás. Para estas zapatillas de 97 gramos se ha optado por una pieza muy contenida de goma Continental situada estratégicamente en la zona del antepié. El objetivo es claro: asegurar tracción en los momentos clave, cuando se corre a ritmos muy altos, sin cubrir toda la planta y sin sumar gramos innecesarios.

En ediciones anteriores se habían probado soluciones distintas, desde capas finísimas de goma tipo chicle hasta patrones en forma de rejilla. La evolución ha ido en la dirección de recortar al máximo todo lo que no aporte rendimiento directo, de modo que el contacto con el asfalto sea eficiente y responda bien cuando el corredor aplica más fuerza, especialmente en fases de sprint final o cambios de ritmo.

Aunque la cantidad de caucho es reducida, la colocación y el tipo de material buscan ofrecer agarre fiable en asfalto, tanto en seco como en condiciones algo más complicadas, habituales en maratones europeas donde el clima puede cambiar rápido. De nuevo, hay un equilibrio delicado entre durabilidad y rendimiento: se prioriza claramente el segundo.

En el resto de la suela, la espuma queda más expuesta. Esto es parte del compromiso de diseño: menos protección frente al desgaste, pero también menos peso que cargar kilómetro a kilómetro. Para quienes piensen en reservar estas zapatillas solo para competiciones clave, este enfoque puede tener sentido; para un uso intensivo en entrenamientos diarios, en cambio, no sería el modelo más lógico.

Para qué tipo de corredor y qué distancias

Una de las preguntas recurrentes alrededor de estas zapatillas de 97 gramos es quién puede sacarles realmente partido. Por sus características, están orientadas a corredores capaces de sostener ritmos por debajo de 3:30 min/km en distancias largas, algo que limita el público objetivo a la élite profesional y a un grupo relativamente reducido de aficionados muy entrenados.

La combinación de placa, espuma de gran volumen y drop bajo funciona mejor cuando se corre rápido y con buena técnica. A ritmos más tranquilos, la sensación puede volverse menos natural y la rigidez resultar incómoda. Son, en esencia, máquinas de competición, algo así como un Fórmula 1 del calzado: no están pensadas para ir a por el pan ni para rodajes suaves.

El precio cercano a los 500 euros refuerza esa idea de producto muy específico. En el contexto español y europeo, esto sitúa a las Pro Evo 3 claramente fuera del rango habitual de compra de la mayoría de runners, que suelen optar por modelos mixtos o de competición más asequibles. Aquí hablamos de un calzado pensado para asaltar marcas personales en maratón o media maratón, y que muchos guardarán solo para un puñado de días señalados al año.

Además, existe un componente de adaptación neuromuscular que no siempre se tiene en cuenta. Algunos entrenadores inciden en que el cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse a la pisada, la rigidez y la geometría específica de cada zapatilla. El máximo rendimiento suele aparecer cuando el atleta ya ha integrado el modelo en su mecánica de carrera, algo que en la práctica implica introducirlo de forma progresiva en entrenamientos clave antes de usarlo en competición.

Por todo ello, no se trata solo de calzarse unas zapatillas de 97 gramos y esperar milagros. Para que su tecnología marque diferencias reales, el conjunto de preparación física, técnica y táctica debe estar a la altura, algo que se ve con claridad en casos como el de Sabastian Sawe, donde el calzado es una pieza más de un engranaje muy complejo.

Datos, nutrición y tecnología alrededor de las zapatillas

El rendimiento asociado a estas zapatillas de 97 gramos no puede entenderse aislado del resto de innovaciones que rodean al atleta moderno. En los grandes maratones europeos, la planificación incluye desde estrategias nutricionales milimétricas hasta sistemas avanzados de análisis de datos que permiten ajustar cada detalle de la carrera.

En el caso de Sawe, la preparación incluyó trabajos con bebidas deportivas específicas y análisis mediante isótopos de Carbono-13 para determinar qué porcentaje de la energía provenía de los geles y cuáles de las reservas de glucógeno. El objetivo era claro: llegar a la parte final del maratón con el depósito lo más lleno posible, reduciendo el riesgo de desfallecimiento justo cuando se decide la carrera.

Durante la prueba, el corredor llegó a ingerir del orden de 100 gramos de carbohidratos por hora, una cifra que en condiciones normales podría provocar problemas gastrointestinales. Las nuevas tecnologías de hidrogeles encapsulan los azúcares para facilitar su paso al intestino delgado y minimizar molestias, lo que permite mantener un aporte energético elevado sin que el estómago sea un freno.

Además, Sawe portaba parches cutáneos que monitorizaban su glucosa y su hidratación en tiempo real. Estos sensores enviaban los datos de forma continua al equipo técnico, que podía ajustar la pauta de avituallamiento casi kilómetro a kilómetro. La zapatilla de 97 gramos es, en este entorno, una pieza más de un contexto altamente tecnificado en el que se cruzan biomecánica, nutrición y análisis de datos.

En paralelo, herramientas como los llamados “gemelos digitales” permiten simular el comportamiento del cuerpo del atleta ante distintos escenarios de temperatura, humedad o ritmo. Modelos de machine learning se alimentan de datos de entrenamiento y físicos para predecir cómo responderá el organismo, y a partir de ahí se diseña una estrategia de carrera que, combinada con el calzado adecuado, busca aprovechar hasta el último segundo disponible.

El debate: ¿hasta dónde debe llegar la tecnología?

Todo este escenario ha reabierto, con fuerza renovada, un debate que lleva años sobre la mesa: dónde termina el mérito del atleta y dónde empieza el de la tecnología. Las zapatillas de 97 gramos, con sus récords y sus registros históricos, se han convertido en el símbolo perfecto de esa discusión.

Voces autorizadas del atletismo de fondo reconocen que el calzado influye. Atletas y exmaratonianos apuntan que estas superzapatillas han cambiado el mapa de las marcas personales, mejorando tiempos en torno a porcentajes que hace no tanto se consideraban casi inalcanzables solo por la vía del material. Sin embargo, también subrayan que no todos los corredores se benefician por igual, y que hay quien nota el salto más que otros.

World Athletics, por su parte, ha ido ajustando la normativa. Los límites de altura de suela, la restricción sobre el número y la disposición de placas y la obligación de que los modelos estén disponibles comercialmente intentan evitar que el maratón se convierta en una carrera de ingeniería sin control. Aun así, con zapatillas que se sitúan a apenas un milímetro del máximo permitido, el debate sobre si hay que endurecer aún más las reglas está lejos de cerrarse.

En Europa y en España, esta discusión llega también al corredor popular. Muchos se preguntan si tiene sentido invertir altas cantidades en un calzado tan específico, si esas mejoras extrapoladas a la élite se traducen en algo real a ritmos mucho más modestos. La respuesta, de momento, es matizada: las ventajas existen, pero no de manera uniforme, y el factor humano -entrenamiento, descanso, táctica- sigue siendo decisivo.

Lo que parece claro es que estas zapatillas de 97 gramos han marcado un antes y un después. Han mostrado hasta qué punto se puede estirar el concepto de ligereza sin que la zapatilla deje de ser funcional para una prueba tan exigente como el maratón. Y han puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: si ya estamos cerca del límite útil de los 100 gramos, qué vendrá después y si realmente tiene sentido seguir apurando hasta pesos todavía menores.

Mirando el panorama general, las zapatillas de 97 gramos como las Adizero Adios Pro Evo 3 se han consolidado como el estandarte de una nueva era en el maratón: una en la que el material, la ciencia del rendimiento y la tecnología de datos conviven con el talento natural y el trabajo diario del atleta. Para el corredor medio quizá sigan siendo un objeto de deseo más que una necesidad real, pero en la élite han pasado a ser una pieza estratégica. Mientras se afinan reglamentos y se sigue experimentando en laboratorio y en asfalto, lo único seguro es que esta generación de calzado ha empujado al límite la frontera de lo posible con una combinación tan llamativa como simple en apariencia: reducir gramos hasta el extremo sin perder capacidad para volar durante 42 kilómetros.

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