En plena temporada de alergias respiratorias y picos de polen, cualquier novedad que pueda aliviar los estornudos constantes llama la atención tanto de la comunidad científica como de las personas que conviven a diario con la rinitis alérgica. En este contexto, el té matcha, una bebida de origen japonés que se ha colado en cafeterías y redes sociales, empieza a mirarse también desde el laboratorio.
Un trabajo reciente realizado en modelos animales por la Universidad de Hiroshima (Japón) apunta a que el matcha podría reducir el impulso de estornudar en situaciones de alergia nasal. Aunque los resultados se han obtenido en ratones y todavía están lejos de trasladarse de forma directa a la población general en España o Europa, el estudio abre una vía de investigación distinta a los tratamientos clásicos, centrada en los circuitos neuronales del reflejo del estornudo más que en bloquear la respuesta inmunitaria.
Qué es exactamente el té matcha y por qué genera tanto interés

El matcha es un polvo de color verde intenso que se obtiene a partir de hojas de té verde cultivadas bajo condiciones específicas de sombra, posteriormente secadas y molidas hasta lograr una textura muy fina. A diferencia de otras infusiones, en las que las hojas se retiran tras el remojo, en este caso se ingiere la hoja completa disuelta en agua, lo que concentra sus componentes activos.
Tradicionalmente se emplea para preparar té en la ceremonia japonesa, pero su uso se ha extendido a bebidas frías y calientes, repostería y productos procesados que van desde batidos hasta helados. Esta versatilidad ha contribuido a su popularidad entre influencers y cafeterías de especialidad en ciudades españolas, donde el matcha latte se ha vuelto habitual en la carta.
Desde el punto de vista nutricional, este té en polvo destaca por su elevada concentración de antioxidantes, catequinas (como el EGCG), aminoácidos como la L-teanina y cafeína, además de vitaminas, minerales y clorofila. Estudios previos, algunos referenciados por instituciones como Harvard Health y la Universidad de California, han relacionado su consumo con posibles beneficios sobre la función cardiovascular, el cerebro y ciertos procesos inflamatorios, aunque buena parte de la evidencia sigue siendo preliminar.
La combinación de cafeína y L-teanina ha sido objeto de especial atención porque parece favorecer un estado de alerta más estable y sostenido que el del café, con menos sensación de nerviosismo en algunos consumidores. Paralelamente, sus catequinas se investigan por su potencial efecto antioxidante, antiinflamatorio y, en entornos de laboratorio, anticancerígeno, si bien en humanos aún se requieren ensayos más amplios.
En el ámbito metabólico, varios trabajos con animales señalan que el matcha podría ayudar a modular el perfil lipídico, mejorar la sensibilidad a la insulina y apoyar el control del peso cuando se acompaña de dieta equilibrada y ejercicio. También se han descrito efectos protectores sobre el hígado y cierta actividad antiviral en estudios in vitro, aunque de nuevo se trata de líneas de investigación en curso que no permiten sacar conclusiones definitivas para la población general.
El estudio japonés: menos estornudos en ratones con rinitis alérgica

El nuevo trabajo que ha puesto el foco en el matcha y las alergias nasales se ha llevado a cabo en el Instituto de Investigación de Biología y Medicina de la Radiación de la Universidad de Hiroshima. El equipo dirigido por el profesor Osamu Kaminuma partía de una pregunta sencilla: si algunos estudios en humanos habían observado que el té verde podía aliviar la rinitis alérgica, ¿qué mecanismo podría estar detrás de ese efecto?
Para explorarlo, los investigadores diseñaron un modelo de rinitis alérgica en ratones utilizando ovoalbúmina, un alérgeno experimental muy habitual en este tipo de ensayos. Los animales se modificaron o seleccionaron de manera que desarrollaran síntomas similares a la fiebre del heno, con estornudos frecuentes tras la exposición nasal diaria al alérgeno.
Durante más de cinco semanas, un grupo de ratones recibió preparaciones de té matcha entre dos y tres veces por semana, además de una dosis adicional aproximadamente 30 minutos antes de cada exposición al alérgeno. El matcha procedía de hojas recolectadas en la región de Uji (Kioto), una de las zonas clásicas de cultivo en Japón, y se administró disuelto en agua caliente acompañado del residuo en polvo de la hoja.
El equipo registró la frecuencia de los estornudos en intervalos de cinco minutos después de cada contacto nasal con el alérgeno y realizó análisis paralelos de diferentes parámetros inmunitarios y neurológicos. Según los datos publicados en la revista npj Science of Food, los ratones tratados con matcha estornudaron menos que los que solo recibieron el alérgeno o tratamientos convencionales empleados como comparación.
En algunas mediciones, la reducción de los estornudos también se observó cuando el estímulo fue la histamina administrada de forma directa, es decir, un desencadenante clave de la respuesta alérgica. No obstante, los autores matizan que no en todas las comparaciones se alcanzó la misma significación estadística, de modo que la interpretación de los resultados requiere cierta prudencia.
Un efecto que apunta al cerebro más que al sistema inmunitario
Más allá de la disminución de los estornudos, uno de los hallazgos que más ha llamado la atención es que el matcha, tal y como se administró en el estudio, no modificó de forma relevante los marcadores inmunológicos clásicos de la alergia. Es decir, los niveles de inmunoglobulina E (IgE), la actividad de los mastocitos y el papel de las células T se mantuvieron prácticamente sin cambios.
Estos elementos son clave en cualquier reacción alérgica de tipo inmediato: los anticuerpos IgE se unen a los mastocitos y desencadenan la liberación de histamina y otras sustancias inflamatorias, responsables de los síntomas nasales típicos (picor, congestión, estornudos). Por su parte, los linfocitos T regulan a más largo plazo la respuesta inmune y la producción de IgE, influyendo en la evolución de la alergia.
Sin embargo, al analizar la actividad neuronal, el panorama fue distinto. El equipo se centró en una región concreta del tronco encefálico, el núcleo caudal del trigémino espinal ventral, implicado en la transmisión del impulso del estornudo. Para medir su activación utilizaron el gen c-Fos, un marcador bien conocido de respuesta neurológica y conductual frente a estímulos intensos como los alérgenos o la propia histamina.
Cuando los ratones presentaban síntomas de fiebre del heno, la expresión de c-Fos en esa zona del tronco encefálico aumentaba de forma notable. En cambio, en los animales que habían recibido matcha, los niveles de este marcador descendían hasta valores cercanos a los basales, como si el circuito neuronal implicado en el reflejo del estornudo estuviera parcialmente «silenciado».
De acuerdo con las explicaciones recogidas por portales de divulgación científica como StudyFinds, los investigadores interpretan que el matcha podría actuar directamente sobre las rutas neuronales que disparan el estornudo, en lugar de bloquear la cascada inmunitaria que origina la alergia. Si esta hipótesis se confirma, se trataría de un enfoque distinto al de los antihistamínicos clásicos, que suelen producir somnolencia, sequedad nasal y otros efectos secundarios en algunos pacientes.
Posibles responsables: L-teanina, catequinas y otros compuestos del matcha
El matcha es una mezcla compleja de sustancias bioactivas, por lo que no está claro qué componente concreto estaría detrás del efecto observado sobre el reflejo del estornudo. Entre los candidatos destacan la L-teanina, la cafeína y la epigalocatequina galato (EGCG), compuestos ya estudiados por su impacto en el sistema nervioso.
La L-teanina es un aminoácido característico del té que se ha relacionado con efectos moduladores sobre neurotransmisores asociados al estrés y la ansiedad. En combinación con la cafeína, podría favorecer un estado de concentración relajada, algo que varios ensayos clínicos han señalado al evaluar el rendimiento cognitivo tras el consumo de té verde y matcha.
Las catequinas, y en particular la EGCG, se conocen sobre todo por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. En estudios in vitro se ha observado que pueden influir en la función de distintas células del sistema inmunitario y, en algunos casos, en la supervivencia de células tumorales, aunque estos resultados no se trasladan de forma automática a la práctica clínica.
No se descarta que el posible efecto antialérgico observado en ratones sea el resultado de la acción combinada de varios compuestos, más que de una sola molécula aislada. Además, la forma en que se consume el matcha —al tomar la hoja entera en polvo— implica una exposición mayor a estos componentes que en un té verde convencional, lo que podría influir en su impacto sobre el organismo.
Por ahora, el estudio japonés no identifica un responsable único, sino que se limita a describir un patrón: menos estornudos y menor activación neuronal en el tronco encefálico sin alteraciones claras de los marcadores inmunitarios más habituales. Entender el peso específico de cada compuesto exigirá trabajos adicionales con diseños más detallados.
De los ratones a las personas: cautelas y próximos pasos
Aunque los resultados han despertado interés, los propios autores insisten en que se trata de una investigación preliminar y limitada a modelos animales. La fisiología de los ratones y la forma en que se inducen las alergias en laboratorio no reproducen al cien por cien lo que ocurre en pacientes humanos, expuestos a múltiples alérgenos ambientales durante años.
Uno de los aspectos que subrayan los investigadores es que la cantidad de matcha administrada a los ratones fue proporcionalmente mucho mayor que la que se ingiere en una taza habitual. Es decir, para alcanzar dosis equivalentes, una persona tendría que consumir cantidades de té matcha muy superiores a las que se consideran razonables en el día a día.
Además, factores como la genética, el historial alérgico, el uso de medicación y las diferencias individuales en el metabolismo pueden modificar de forma importante la respuesta al matcha en humanos. Por este motivo, los autores recalcan que no se puede recomendar esta bebida como tratamiento para la rinitis alérgica basándose únicamente en este trabajo.
El siguiente paso planteado por el equipo de Hiroshima es diseñar ensayos clínicos en personas que permitan comprobar si el patrón observado en ratones —menos estornudos y menor activación neuronal en el tronco encefálico— también se da en voluntarios con alergia estacional u otras formas de rinitis alérgica.
La idea, según ha explicado el propio Kaminuma, sería evaluar si el matcha puede incorporarse como opción basada en alimentos que complemente, y no reemplace, los tratamientos estándar como los antihistamínicos orales, los corticoides nasales o las inmunoterapias específicas. Para ello, será necesario determinar dosis seguras, duración del consumo y posibles interacciones con medicamentos habituales.
Otros posibles beneficios del té matcha bajo la lupa científica
El interés por el matcha no se limita al terreno de las alergias. Distintos trabajos han analizado su efecto sobre la cognición, el estado de ánimo y la salud cardiovascular y metabólica, con resultados prometedores aunque todavía heterogéneos. En el ámbito neurológico, algunos ensayos han descrito mejoras en tareas de atención, memoria de trabajo y velocidad de reacción tras consumir matcha frente a bebidas de control.
En paralelo, se han atribuido a este té propiedades anti-estrés, con reducciones moderadas de marcadores asociados a la ansiedad en estudios pequeños. Estos efectos se vinculan sobre todo a la L-teanina, aunque el resto de compuestos del matcha también podrían contribuir a modular la respuesta al estrés.
En cuanto a la salud cardiovascular, diversas investigaciones en animales y estudios observacionales sugieren que el consumo regular de té verde en polvo puede mejorar el perfil de lípidos en sangre, reducir la presión arterial y contribuir a una mejor sensibilidad a la insulina. También se ha descrito una posible menor ganancia de peso en dietas ricas en grasas cuando se incluye matcha, si bien estos datos deben interpretarse con cautela al extrapolarlos a personas.
Otras líneas de estudio se centran en su potencial efecto protector sobre el hígado y en actividades antivirales frente a determinados patógenos, observadas en entornos de laboratorio. Aunque estos hallazgos añaden piezas al puzle, no bastan para considerar el matcha como un tratamiento por sí mismo, sino como un posible complemento dentro de un estilo de vida saludable.
La mayoría de expertos coincide en que, para la población general, el té matcha puede tener cabida como bebida habitual dentro de una dieta variada y equilibrada, siempre que no se consuma en exceso y que se tengan en cuenta aspectos como la cafeína o posibles interacciones en personas con patologías concretas.
Cómo se prepara y cómo se suele tomar el matcha
Más allá de los laboratorios, el día a día de esta bebida pasa por la cocina. La forma de preparación influye tanto en el sabor como en el aprovechamiento de sus componentes bioactivos. En la preparación tradicional, se recomienda usar entre 1 y 2 gramos de polvo de matcha por taza, lo que equivale aproximadamente a media o una cucharadita de café.
Antes de mezclarlo con agua, muchas personas optan por tamizar el polvo con un colador fino para evitar grumos y lograr una textura más homogénea. El agua se calienta normalmente entre 70 °C y 80 °C; si hierve por completo, puede alterar tanto el sabor como algunos compuestos más sensibles al calor.
Una vez tamizado, el matcha se coloca en un cuenco y se le añade el agua caliente. La tradición japonesa emplea un batidor de bambú (chasen) que se mueve con energía hasta que se forma una espuma ligera en la superficie. Lo habitual es beberlo de forma casi inmediata, sin dejar que repose demasiado tiempo.
Fuera del método clásico, el matcha se ha incorporado a diferentes preparaciones, como los matcha latte con leche de vaca o bebidas vegetales, batidos verdes, combinaciones con frutas o incluso recetas de repostería. En el horno, eso sí, parte de sus compuestos puede degradarse por la temperatura, de modo que el impacto nutricional no es el mismo que en una bebida preparada en caliente.
En cuanto a la cantidad diaria, muchos trabajos sitúan un consumo de 1 a 2 tazas al día como rango razonable para aprovechar sus posibles efectos sin excederse en la ingesta de cafeína. Se suele recomendar no superar los 4 gramos diarios de matcha salvo indicación específica y siempre valorando la situación de cada persona y sus posibles enfermedades de base.
Recomendaciones de consumo y seguridad para el público europeo
En países europeos como España, donde el consumo de matcha ha crecido de la mano de la cultura del café de especialidad y de las tendencias saludables, los especialistas recuerdan que es importante prestar atención a la calidad del producto. Optar por matcha de grado ceremonial o culinario de origen japonés certificado ayuda a asegurar una mayor pureza y concentración de antioxidantes.
También se aconseja conservar el matcha en recipientes herméticos, alejados de la luz, el calor y la humedad, ya que sus pigmentos y compuestos bioactivos se degradan con facilidad. Un almacenamiento adecuado contribuye a mantener tanto el color intenso como las propiedades organolépticas de la bebida.
Quienes tomen medicación habitual o tengan patologías crónicas —por ejemplo, problemas cardiovasculares, hepáticos o trastornos de ansiedad— deberían comentar el consumo regular de matcha con su profesional sanitario, especialmente si se plantean incrementar las cantidades por encima de las que se encuentran en una taza ocasional.
En el contexto concreto de las alergias, entidades médicas europeas y sociedades de alergología subrayan que no es recomendable sustituir antihistamínicos, corticoides nasales o inmunoterapia por productos alimentarios, incluido el matcha, sin una valoración individualizada. La evidencia actual apunta a un posible efecto complementario, no a una alternativa directa.
En resumen, incorporar té matcha a la rutina diaria puede ser una opción interesante para quienes disfrutan de su sabor y quieren añadir una fuente de antioxidantes y compuestos bioactivos a su dieta, pero su consumo conviene enmarcarlo en hábitos globalmente saludables y, en caso de alergias u otras patologías, siempre bajo el consejo de un profesional de la salud.