Peste porcina africana en jabalíes de Collserola: así afecta al porcino catalán y europeo

  • Detección de los primeros casos de peste porcina africana en España desde 1994, en jabalíes de Collserola (Barcelona).
  • Blindaje del territorio con una zona núcleo de 6 km y una zona de vigilancia de 20 km que afecta a explotaciones porcinas y actividades al aire libre.
  • Bloqueo y revisión de exportaciones porcinas a numerosos países terceros y pérdida temporal del estatus de país libre de PPA.
  • Mensaje de calma a la población: la enfermedad no afecta a humanos, pero obliga a extremar la bioseguridad en granjas y en el transporte de animales.

peste porcina africana en jabalies

La detección de peste porcina africana (PPA) en varios jabalíes de la sierra de Collserola, en el entorno de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), ha encendido todas las alarmas en el sector porcino español. Se trata del primer foco confirmado en España desde noviembre de 1994, tras casi tres décadas en las que el país había mantenido el estatus de libre de la enfermedad.

Las autoridades insisten en que no existe ningún riesgo para la salud humana: la PPA no se transmite a las personas ni por contacto directo con los animales ni por consumo de carne o productos derivados. Aun así, el impacto económico y sanitario para el cerdo doméstico y el jabalí europeo puede ser enorme, por lo que se han activado de inmediato todos los protocolos de emergencia.

Cómo se detectó el foco y qué se sabe del origen

Los servicios veterinarios de la Generalitat comunicaron al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) la aparición de dos jabalíes muertos el 25 y 26 de noviembre en las inmediaciones del campus de Bellaterra de la UAB, dentro del término municipal de Cerdanyola del Vallès (Barcelona). Los animales, hallados a aproximadamente un kilómetro de distancia entre sí, dieron positivo al virus de la PPA tras los análisis realizados por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete (Madrid).

En los días siguientes, se localizaron al menos cuatro jabalíes muertos más en el mismo entorno de Collserola, elevando a seis el número de ejemplares sospechosos o confirmados asociados al brote. Las primeras pruebas llevadas a cabo en laboratorios catalanes apuntan a la misma enfermedad, a la espera de la confirmación definitiva del laboratorio estatal de referencia.

Los expertos en sanidad animal de centros como el CReSA (Centro de Investigación en Sanidad Animal) trabajan ahora en la secuenciación del virus para determinar a qué linaje pertenece y de dónde podría proceder. Una de las hipótesis sobre la mesa es que el origen esté relacionado con restos contaminados transportados por la autopista AP-7, ya sea a través de residuos alimentarios arrojados en áreas de servicio o de material adherido a vehículos que hayan atravesado zonas afectadas en otros países europeos.

Según los técnicos, es “plausible” que un residuo de carne o un producto porcino infectado haya sido manipulado o ingerido por los jabalíes de Collserola, actuando como puerta de entrada de la PPA en la zona. Se trata, en cualquier caso, de una hipótesis en investigación, por lo que las autoridades piden cautela hasta disponer de los resultados completos de la secuenciación y el análisis epidemiológico.

Una enfermedad animal grave, pero que no se transmite a las personas

Aunque el nombre pueda impresionar, la PPA es una enfermedad exclusivamente animal. Afecta a cerdos domésticos, jabalíes europeos y facoqueros africanos, pero no es una zoonosis: las personas no pueden contagiarse, ni por tocar a los animales ni por consumir productos derivados de ellos.

La Unión Europea clasifica la PPA como enfermedad de categoría A, lo que implica que los Estados miembros están obligados a aplicar medidas muy estrictas de control y erradicación desde el momento en que se detecta un foco. No existe una vacuna comercial disponible que permita prevenirla de forma masiva, y las cepas más virulentas generan tasas de mortalidad y morbilidad que pueden rozar el 100 % en una explotación porcina.

Veterinarios especializados, como Christian de la Fe, catedrático de la Universidad de Murcia, recuerdan que el impacto depende de la variante del virus y de las condiciones de los animales, pero subrayan que el potencial devastador del patógeno para el ganado porcino es muy alto. El contagio se produce sobre todo por contacto directo entre animales infectados y sanos o por la exposición a material contaminado (restos biológicos, ropa, calzado, vehículos, piensos o subproductos no tratados).

Organizaciones del sector, como la interprofesional Interporc o la patronal Interporc de capa blanca, han querido remarcar un mensaje clave: no hay riesgo para la seguridad alimentaria ni para la salud humana. En su comunicación, insisten en que estamos ante un problema de sanidad animal y de comercio internacional, pero no ante una amenaza para los consumidores.

Europa y la PPA: un problema extendido desde 2014

La PPA es originaria del África subsahariana, pero empezó a extenderse de forma preocupante fuera de ese continente a partir de 2007, cuando se detectaron brotes en Georgia y, posteriormente, en Rusia y China. En 2014 dio el salto al este de la Unión Europea a través de los países bálticos y Polonia, generando un importante temblor en los mercados internacionales de carne de cerdo.

Desde entonces, el virus se ha ido desplazando por el continente y en la actualidad afecta a poblaciones de jabalíes y, en algunos casos, a granjas de cerdos domésticos en al menos 13 Estados miembros: Italia, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Grecia, Rumanía, Bulgaria y Croacia. A la vez, Bélgica, Suecia y la propia República Checa han conseguido erradicar la enfermedad tras focos puntuales gracias a contundentes medidas de control en fauna silvestre.

El caso de Alemania fue especialmente significativo: el país, que era el mayor productor de carne de cerdo de Europa, registró en 2020 sus primeros positivos, también en jabalíes. Otros Estados, como Dinamarca y la propia Alemania, llegaron a levantar kilómetros y kilómetros de vallas en zonas fronterizas y forestales para tratar de impedir el movimiento de animales infectados.

Según datos recientes de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), desde enero de 2022 la PPA ha causado la muerte de unos 2,2 millones de cerdos en 69 países y territorios. Europa es uno de los continentes más golpeados: se han notificado más de 5.200 focos en cerdos domésticos (alrededor de 642.000 animales) y cerca de 25.000 focos en jabalíes, lo que ha supuesto la pérdida de alrededor de 1,5 millones de cerdos en menos de tres años.

En este contexto, España había logrado mantenerse al margen de la enfermedad desde 1994, situación que ahora se ve interrumpida por el foco detectado en Collserola. El episodio se considera una “incursión puntual por salto a larga distancia”, similar a la que ya se vivió en Bélgica o en zonas cercanas a Roma en 2022, lo que alimenta la esperanza de poder contener y erradicar el brote sin que alcance a las explotaciones porcinas.

Blindaje del territorio: doble perímetro de seguridad en Collserola

Una vez confirmados los primeros positivos, la Generalitat activó el plan de contingencia frente a la peste porcina africana, un protocolo que entra en marcha automáticamente en cuanto se confirma un caso en fauna silvestre o doméstica. La pieza central de este dispositivo es la creación de un doble perímetro de control alrededor del punto donde aparecieron los animales infectados.

Por un lado, se ha establecido una zona núcleo o de infección de 6 kilómetros de radio en torno al foco, que afecta a una docena de municipios del Vallès y del entorno metropolitano de Barcelona: Sabadell, Sant Quirze del Vallès, Polinyà, Santa Perpètua de Mogoda, Montcada i Reixac, Ripollet, Barberà del Vallès, Badia del Vallès, Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Terrassa y Rubí. En esta área se ha decretado el cierre total del acceso al medio natural.

En dicha zona núcleo, queda suspendida toda actividad de caza y los trabajos forestales, y se prohíbe cualquier actividad en suelo rústico que no sea estrictamente esencial. Se están instalando barreras físicas y químicas, trampas para el control del jabalí y puntos de desinfección, con el objetivo de minimizar los desplazamientos de animales y personas que puedan facilitar la expansión del virus.

El segundo cinturón es una zona de vigilancia de 20 kilómetros de radio, que abarca alrededor de 64 municipios y llega a sumar en total 76 localidades afectadas por alguna de las restricciones. Este perímetro incluye buena parte de la sierra de Collserola e incluso tramos de término municipal de Barcelona. Aquí se limitan las actividades de ocio al aire libre, así como aquellas ligadas a la biodiversidad o a la gestión del entorno que puedan interferir con las tareas de control y captura de fauna silvestre.

Durante los primeros días, Agentes Rurales, Mossos d’Esquadra, Seprona, policías locales y técnicos del Departament d’Agricultura han desplegado un amplio dispositivo para vigilar accesos, hacer búsqueda activa de cadáveres de jabalí y verificar que se cumplen las restricciones. En la práctica, buena parte del Parc Natural de Collserola ha quedado vetado a las actividades recreativas, incluidas rutas en bicicleta, excursiones organizadas y zonas de pícnic.

El manual práctico de operaciones frente a la PPA contempla también la prohibición de la caza en toda la zona infectada, precisamente para evitar que la presión cinegética provoque movimientos bruscos de jabalíes hacia áreas libres de la enfermedad. A ello se suma el refuerzo de la vigilancia pasiva (localización y análisis de animales muertos o con signos compatibles) y el endurecimiento de las medidas de bioseguridad en granjas porcinas cercanas.

Impacto sobre las explotaciones porcinas y la bioseguridad

Más allá de la fauna silvestre, una de las grandes preocupaciones es el riesgo de que el virus entre en las explotaciones de cerdos domésticos. Por ahora, las autoridades recalcan que no se ha detectado ningún positivo en granjas, pero se ha puesto en marcha un amplio dispositivo de control alrededor del foco.

El MAPA y la Generalitat han delimitado un radio de 20 kilómetros en el que se han inventariado todas las explotaciones porcinas. En esta zona se han identificado 39 granjas de producción y reproducción, de las cuales 5 se ubican en los primeros 10 kilómetros desde el centro del foco y otras 34 entre los 10 y los 20 kilómetros. En todas ellas se han restringido los movimientos de entrada y salida de animales y productos, y se han activado equipos para realizar inspecciones clínicas, toma de muestras y análisis epidemiológicos.

En la práctica, esto implica que el ganado porcino queda inmovilizado en la zona de protección durante, como mínimo, varios meses, y es previsible que el periodo de restricciones pueda prolongarse alrededor de un año, teniendo en cuenta que ese es el plazo mínimo exigido en la normativa internacional para recuperar el estatus de libre de PPA una vez controlado un foco.

La interprofesional Interporc ha reconocido que las explotaciones situadas dentro del radio de 20 km verán seriamente limitada su operativa diaria, tanto en movimientos de animales como en su actividad comercial. Aun así, destacan que la detección temprana del brote en jabalíes demuestra el alto nivel de vigilancia y control sanitario del sistema español y la coordinación entre administraciones para activar el plan de contingencia sin retrasos.

Organizaciones agrarias como la Unió de Pagesos (UP) reclaman, por su parte, que el Ministerio y la Generalitat actúen con rapidez pero también con proporcionalidad en las restricciones al comercio, para evitar daños económicos adicionales que no aporten beneficios sanitarios. Al mismo tiempo, subrayan que una contención rápida del foco es crucial para proteger al conjunto del sector porcino y prevenir sacrificios masivos de animales si el virus llegara a las granjas.

Golpe a las exportaciones: certificados bloqueados y regionalización

La aparición de un solo foco de PPA tiene consecuencias inmediatas en el comercio internacional de carne y productos derivados del cerdo. El propio ministro de Agricultura, Luis Planas, ha reconocido que al menos un tercio de las exportaciones españolas de porcino se han visto ya afectadas por bloqueos o revisiones de certificados sanitarios.

Según los datos facilitados por el MAPA, se han bloqueado de forma preventiva unos 120 certificados sanitarios de exportación relativos a distintos productos del cerdo, dirigidos a cerca de 40 países terceros. Entre los destinos que han suspendido o revisado sus importaciones figuran Rusia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Japón, México, Perú, Sudáfrica, Tailandia, Uruguay y Venezuela, entre otros.

El Gobierno admite que España ha perdido temporalmente su estatus de país libre de PPA ante la OMSA, lo que obliga a revisar todos los certificados que incluían expresamente ese requisito sanitario. Para los mercados que aceptan la regionalización (es decir, la posibilidad de limitar el veto solo a la zona o provincia afectada, y no al país entero), los operadores deberán aportar garantías adicionales de origen y trazabilidad mientras dure la situación.

El papel de China es especialmente sensible en este escenario. El país asiático es el principal comprador de productos porcinos españoles: en el último año importó alrededor de 545.000 toneladas de carne de cerdo desde España, por un valor aproximado de 1.100 millones de euros. Además, la particularidad de este mercado es que adquiere, en gran medida, cortes y subproductos de menor salida en otros destinos (huesos, vísceras, tráqueas, despojos…), lo que permite al sector español mejorar sus márgenes y aprovechar al máximo la canal.

El acuerdo sanitario con Pekín contempla también la regionalización, de manera que China solo vetaría la entrada de productos porcinos procedentes de la provincia de Barcelona, mientras que el resto de provincias catalanas y españolas podrían seguir exportando. Aun así, el país ha decidido ya suspender la compra de determinadas partidas, como tripas para calibración procedentes de toda España, a la espera de que se defina mejor el alcance del brote.

En términos globales, el comercio exterior del porcino español ronda los 8.800 millones de euros anuales, de los cuales aproximadamente 5.100 millones se exportan dentro de la UE (donde, por ahora, la detección del foco en Barcelona no ha supuesto un cierre generalizado) y otros 3.700 millones se dirigen a países terceros. Es en este último bloque donde existe una mayor incertidumbre a corto plazo.

Reacción política y preocupación en el sector porcino

Tras conocerse el foco, el ministro Luís Planas compareció en rueda de prensa para pedir «tranquilidad, prudencia y responsabilidad» y asegurar que el Gobierno trabajará para limitar al máximo el impacto económico. También recordó que, siguiendo la normativa internacional, debe pasar al menos un año desde el último caso para que un país pueda volver a declararse libre de PPA, como ocurrió en episodios anteriores en Bélgica o en zonas de Italia.

Desde la Generalitat, el conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, Òscar Ordeig, ha admitido que el impacto potencial sobre el sector porcino catalán es grande, sobre todo si se prolonga el cierre de exportaciones extracomunitarias. No obstante, ha querido destacar que las granjas catalanas figuran entre las más modernas y seguras de Europa, con elevados estándares de bioseguridad que deberían ayudar a que el brote quede circunscrito a la fauna silvestre.

La Generalitat calcula que unas 14 industrias cárnicas de la provincia de Barcelona podrían verse afectadas por las restricciones impuestas por mercados como el chino, y recuerda que la carne de porcino supone cerca del 19,3 % de todas las exportaciones de alimentos y bebidas de Cataluña. En este sentido, las próximas semanas serán clave tanto para contener el foco como para renegociar condiciones con los socios comerciales que han optado por bloquear temporalmente sus importaciones.

Por parte del sector, se multiplican las llamadas a la colaboración. Interporc subraya que las explotaciones españolas ya operan con rigurosos planes de bioseguridad, mientras que otras organizaciones, como la Federación Española de Caza (RFEC), recuerdan a los cazadores la importancia de aplicar normas estrictas de higiene: manipulación adecuada de las piezas, gestión correcta de subproductos, desinfección de vehículos y equipos y eliminación controlada de restos biológicos.

También la organización agraria Unión de Uniones insiste en que es el momento de la máxima colaboración entre administraciones, sector y ciudadanía para lograr una erradicación rápida. Llevan tiempo reclamando un mayor control de la fauna silvestre, ya que muchas enfermedades, incluida la PPA, encuentran en el jabalí un reservorio que complica su eliminación.

Recomendaciones a la ciudadanía y papel de la fauna silvestre

Ante el cierre de caminos y espacios naturales en Collserola y el Vallès, la Generalitat ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de la población. La consigna es clara: evitar entrar en las zonas restringidas y respetar todas las indicaciones de los equipos de control para no favorecer la dispersión del virus.

Entre las recomendaciones trasladadas a los ayuntamientos afectados figuran medidas aparentemente sencillas pero importantes, como reforzar la limpieza de papeleras y contenedores, reubicar comederos de gatos en puntos elevados y advertir a la población de que está terminantemente prohibido alimentar a los jabalíes. El mensaje es claro: cuantos menos incentivos tengan estos animales para acercarse a entornos urbanos, menor será el riesgo de contacto con personas, residuos o material potencialmente contaminado.

Las autoridades insisten también en que, si alguien encuentra un jabalí muerto o aparentemente enfermo en la zona de vigilancia o en cualquier otra parte del territorio, no debe tocarlo bajo ningún concepto. La instrucción es llamar al teléfono 112 para que los servicios competentes se hagan cargo del animal y, si procede, lo trasladen a los laboratorios de diagnóstico.

Expertas en gestión de fauna, como la bióloga Carme Rosell, remarcan que la experiencia de otros países muestra que es posible controlar un brote en jabalíes sin que llegue a la cabaña porcina, siempre que se actúe con rapidez y se restringa al máximo el movimiento de animales y personas en el área afectada. Recuerdan, además, que el virus puede viajar en la suela de un zapato, una rueda de bicicleta o el chasis de un vehículo si han estado en contacto con restos biológicos contaminados.

Por eso, las medidas en Collserola incluyen búsqueda intensiva de cadáveres en las zonas núcleo, instalación de trampas selectivas, y el blindaje del perímetro con puntos de desinfección y barreras físicas. El objetivo final es que la PPA no encuentre vías sencillas para saltar de los jabalíes del parque a otras poblaciones de fauna silvestre o a las explotaciones de cerdos domésticos.

Mientras se mantiene este dispositivo, la Generalitat ha convocado reuniones de urgencia con alcaldes, Diputación de Barcelona, consejos comarcales y la dirección del Parc de Collserola, con el fin de coordinar las actuaciones y garantizar que la información llegue de forma clara a la ciudadanía. Las autoridades insisten también en la necesidad de acudir solo a fuentes oficiales para informarse sobre la evolución del brote y evitar la difusión de bulos en redes sociales.

La reaparición de la peste porcina africana en Cataluña, tras casi treinta años ausente de España, supone un serio aviso para el conjunto del sector porcino y para la gestión de la fauna silvestre en Europa. Aunque la enfermedad no tiene impacto directo en la salud humana, sí condiciona el futuro de miles de explotaciones, pone a prueba los sistemas de bioseguridad y obliga a una vigilancia constante de los movimientos de animales y productos. Las próximas semanas serán decisivas para comprobar si el foco de Collserola queda contenido en los jabalíes del parque o si obliga a redoblar aún más los esfuerzos para proteger uno de los pilares de la producción agroalimentaria española.