La peste porcina africana (PPA) mantiene en alerta a las autoridades en Cataluña tras la confirmación de nuevos casos en jabalíes silvestres en la provincia de Barcelona. La enfermedad, que afecta exclusivamente a suidos, ha seguido extendiéndose dentro del macizo de Collserola y su entorno, obligando a reforzar controles, ampliar zonas de restricción y ajustar las medidas de vigilancia sobre la fauna salvaje y las explotaciones porcinas.
Desde la detección del primer foco a finales de noviembre, el balance actualizado habla ya de 216 jabalíes infectados y 37 focos confirmados, todos ellos en animales salvajes. Aunque los datos son preocupantes por su impacto sanitario y económico potencial, las autoridades insisten en que no se ha detectado la enfermedad en cerdos domésticos y que la PPA no supone un riesgo para las personas.
Situación actual del brote en Cataluña
Según los últimos informes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y de la Generalitat de Catalunya, se han identificado 21 nuevos positivos en jabalíes durante las últimas actualizaciones oficiales. Estos nuevos casos se han registrado en la zona restringida II, integrada por áreas del entorno de Collserola y varios municipios del área metropolitana de Barcelona.
Con estas detecciones recientes, el total acumulado asciende a 37 focos notificados, de los cuales tres se consideran primarios y 34 son secundarios, lo que refleja una propagación ligada principalmente a los movimientos de jabalíes dentro de una misma área geográfica. La cifra global de 216 jabalíes positivos se ha convertido en el principal indicador del alcance del brote en fauna salvaje.
Los focos se encuentran repartidos en ocho municipios de la provincia de Barcelona: Cerdanyola del Vallès, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Terrassa, Rubí, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat y Sant Just Desvern. En este último se ha confirmado un caso por primera vez, lo que ha obligado a revisar y ampliar el perímetro de vigilancia.
La confirmación de positivos en zonas limítrofes a la llamada «zona cero» de Cerdanyola del Vallès ha supuesto varios ajustes sucesivos en las medidas de control, ya que la enfermedad ha salido en varias ocasiones del perímetro inicial de seis kilómetros que se fijó en torno a los primeros casos.
Expansión fuera del perímetro inicial y ampliación de la zona de alto riesgo
Uno de los datos que más preocupan a las autoridades sanitarias es que la PPA se ha detectado en municipios fuera del primer anillo de alto riesgo. Inicialmente, la vigilancia se centraba en un radio de seis kilómetros alrededor de Cerdanyola del Vallès, pero la aparición progresiva de nuevos positivos ha obligado a ir extendiendo ese límite.
En una primera fase, Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat se incorporaron a la zona de alto riesgo tras localizarse jabalíes infectados fuera del perímetro de control. Más adelante, un nuevo positivo detectado por primera vez en Sant Just Desvern ha forzado un nuevo ajuste del mapa de riesgo y la inclusión de Esplugues de Llobregat dentro del área sometida a las restricciones más estrictas.
La última actualización de la Generalitat señala que ya son 18 los municipios afectados total o parcialmente por la catalogación de zona de alto riesgo. Entre ellos se encuentran Badia del Vallès, Barberà del Vallès, Cerdanyola del Vallès, Montcada i Reixac, Polinyà, Ripollet, Rubí, Sabadell, Sant Cugat del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Santa Perpètua de Mogoda, Terrassa, Molins de Rei, El Papiol, Sant Feliu de Llobregat, Esplugues de Llobregat, Sant Just Desvern y una pequeña parte de la ciudad de Barcelona.
En este anillo de alto riesgo se han impuesto restricciones temporales al acceso al medio natural. Quedan limitadas actividades de ocio, deporte y uso recreativo del bosque, tanto de forma individual como en grupo, con el objetivo de no facilitar el movimiento de jabalíes ni la posible diseminación del virus a través de restos biológicos, ropa, vehículos o materiales contaminados.
Más de 1.700 jabalíes analizados con resultado negativo
Junto a los casos confirmados, la estrategia de control se apoya en una intensa labor de vigilancia epidemiológica sobre la fauna salvaje. Hasta la fecha, se han analizado 1.708 jabalíes adicionales que han dado resultado negativo a la peste porcina africana.
De ese total, 1.176 animales proceden de capturas o abatimientos en los que no se apreciaba sintomatología clínica compatible con la enfermedad. La finalidad de estos muestreos es disponer de una fotografía lo más precisa posible de la situación real en el territorio y de la circulación del virus en la población de jabalíes.
Los otros 532 ejemplares analizados se corresponden con casos incluidos en la denominada vigilancia pasiva: animales encontrados muertos en el medio natural, restos de jabalíes hallados en el campo o individuos abatidos que presentaban signos sospechosos durante las actuaciones de control.
Este esfuerzo de muestreo se concentra en la zona infectada y sus alrededores, lo que permite a los servicios veterinarios adaptar con rapidez las medidas a la evolución de la enfermedad, identificar nuevos corredores de paso de jabalíes y detectar variaciones en la distribución espacial de los focos.
Medidas de control sobre la población de jabalíes
Para frenar la propagación de la peste porcina africana, las autoridades han reforzado las actuaciones dirigidas a reducir la densidad de jabalíes en las zonas afectadas. Estas medidas combinan la búsqueda activa de cadáveres con el control poblacional mediante diferentes herramientas.
Entre las acciones más destacadas figura la captura mediante trampas específicas y los abatimientos controlados llevados a cabo por agentes rurales y cazadores formados bajo la supervisión de la autoridad competente. Según los datos facilitados, en las tres primeras semanas desde el refuerzo del dispositivo de control poblacional en la zona I se han abatido 217 jabalíes, todos con resultado negativo en las pruebas PCR realizadas.
Paralelamente, el Govern ha organizado un dispositivo intensivo de caza en la zona de alto riesgo. En los últimos cuatro fines de semana se han desarrollado 85 batidas con la participación de alrededor de 606 cazadores cada fin de semana, lo que ha permitido la captura de cerca de 400 jabalíes adicionales en las áreas más sensibles.
La combinación de batidas, uso de trampas y rastreo de cadáveres tiene un doble objetivo: por un lado, disminuir el número de animales susceptibles de contraer y diseminar el virus, y por otro, localizar rápidamente posibles nuevos casos para ajustar el perímetro de control y las medidas de bioseguridad.
Vallados, puntos de control y contención física
Además del control directo sobre la población de jabalíes, las administraciones han apostado por medidas de tipo físico para contener la expansión de la peste porcina africana. En los puntos considerados más sensibles se han instalado vallados y barreras, aprovechando cuando es posible infraestructuras ya existentes como carreteras o vías férreas.
En total, los dispositivos implantados suman 222 puntos de control con sistemas de cierre específicos (como pasos trámex y otras barreras) diseñados para impedir la entrada o salida de jabalíes de la zona afectada, pero sin bloquear el paso de vehículos ni de personas autorizadas.
Estos vallados se han colocado de manera prioritaria en los corredores habituales de paso de jabalíes y en áreas que, según la evolución de los casos, presentan un mayor riesgo de dispersión del virus. El seguimiento constante de la situación epidemiológica permite ir adaptando la localización de las barreras y reforzar los puntos que se consideran más críticos.
La estrategia combina así el análisis técnico de la distribución de casos (a través de mapas y datos de campo) con la experiencia de los equipos de agentes rurales y veterinarios, que conocen a fondo la orografía y las rutas que suelen utilizar los animales salvajes.
Vigilancia reforzada en granjas y establecimientos de porcino
Mientras se actúa sobre la fauna salvaje, la otra gran línea de trabajo se centra en evitar que el virus llegue a las explotaciones de porcino doméstico. La entrada de la PPA en granjas podría tener consecuencias muy graves para el sector, tanto a nivel productivo como en términos de comercio interior y exportaciones.
Los Servicios Veterinarios Oficiales (SVO) mantienen una vigilancia especialmente intensa en las zonas catalogadas como I y II. En ellas se están inspeccionando de forma sistemática las medidas de bioseguridad en 45 explotaciones porcinas comerciales y en 15 establecimientos no comerciales, que incluyen granjas escuela, centros de experimentación y explotaciones de autoconsumo.
Hasta ahora, los controles realizados no han detectado ni sintomatología ni lesiones compatibles con la peste porcina africana en ningún cerdo doméstico. Este dato es clave para sostener que, de momento, el brote se mantiene limitado a la población de jabalíes y no ha dado el salto a las cabañas porcinas.
Además de las inspecciones presenciales, se ha reforzado la vigilancia pasiva en granjas, recordando a ganaderos y profesionales la obligación de comunicar de inmediato cualquier sospecha, ya sea por la aparición de animales muertos de forma repentina o por la observación de signos clínicos compatibles con la enfermedad.
Alerta sanitaria en España y mensaje de tranquilidad a la población
El MAPA ha recalcado que en Cataluña y en el resto del país se mantiene un alto nivel de alerta frente a la peste porcina africana. Esto implica un refuerzo de la vigilancia tanto en explotaciones porcinas como en poblaciones de jabalíes silvestres, así como una supervisión continua de los movimientos de animales y del transporte de productos de origen porcino.
Al mismo tiempo, el Ministerio y la Generalitat subrayan un aspecto importante: la PPA es una enfermedad no zoonósica. Es decir, no se transmite a las personas, ni por contacto directo con animales enfermos ni por el consumo de carne de cerdo o productos derivados del cerdo. Desde el punto de vista de la salud pública, por tanto, no se considera un riesgo para consumidores ni para personas que viven o trabajan en las zonas afectadas.
Donde sí se centra la preocupación es en el impacto económico y sanitario sobre el sector porcino, especialmente relevante en España y en otros países europeos. Una eventual expansión del virus a granjas podría conllevar sacrificios masivos de animales, restricciones al movimiento de ganado y limitaciones comerciales tanto a nivel nacional como de exportación, con el consiguiente perjuicio para ganaderos, industria cárnica y territorios dependientes de esta actividad.
Por este motivo, las autoridades insisten en la necesidad de extremar las medidas de bioseguridad en explotaciones y en el transporte de animales, además de respetar las restricciones de acceso al medio natural en los municipios incluidos en la zona de alto riesgo. Del mismo modo, se pide la colaboración de la ciudadanía para no manipular restos de animales ni abandonar desperdicios de comida en el campo, ya que podrían favorecer la persistencia del virus en el entorno.
Con el brote de peste porcina africana aún activo en los jabalíes de Collserola y su entorno, el escenario combina un alto grado de alerta veterinaria con un mensaje de relativa calma para la población: la enfermedad continúa circunscrita a la fauna salvaje, no afecta a las personas y las granjas de porcino se mantienen, por ahora, libres de casos, mientras se refuerzan día a día los controles, los vallados y la vigilancia para evitar que la situación vaya a más.