La nueva alerta de la OCU sobre las bebidas energéticas y los menores

  • La OCU detecta 60 bebidas energéticas en latas de 500 ml con más de 150 mg de cafeína, el tope seguro para un menor de 50 kg según la EFSA.
  • La organización respalda la futura prohibición de venta a menores, pero reclama además limitar el tamaño de las latas a 250 ml.
  • Propone un etiquetado de alto impacto, con advertencias sanitarias visibles en el 65% del envase, similares a las del tabaco.
  • Preocupan el consumo normalizado entre adolescentes y la mezcla con alcohol, por su relación con trastornos del sueño, ansiedad y mayor riesgo de conductas peligrosas.

bebidas energeticas y alerta de la OCU

Las bebidas energéticas vuelven a estar bajo el foco de las autoridades de consumo y sanitarias. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha lanzado una advertencia contundente, parte de la alerta de la OCU sobre las bebidas energéticas, tras analizar el mercado y constatar que buena parte de estos productos contiene niveles de cafeína muy cercanos o directamente superiores a lo que se considera seguro para un menor.

El aviso llega en un momento en el que el Gobierno trabaja en una regulación específica para limitar el acceso de los jóvenes a estas bebidas; de hecho, el Ejecutivo prepara una norma para vetar las bebidas energéticas a menores de 16 años, mientras en comunidades autónomas y otros países europeos ya se han empezado a aplicar restricciones. La OCU respalda esos planes, pero insiste en que las medidas deben ser más ambiciosas para frenar un consumo que se ha normalizado entre adolescentes.

Qué ha detectado la OCU en las bebidas energéticas

Según los datos recopilados por la organización, tras revisar el etiquetado de decenas de productos a la venta en supermercados, la OCU ha identificado 60 latas de bebidas energéticas de 500 ml con un contenido de cafeína igual o superior a los 150 mg, según análisis sobre la cafeína en bebidas energéticas. Esa cifra no es casual: coincide con el límite que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera seguro en una sola dosis para una persona de unos 50 kilos de peso.

Este peso de referencia, en torno a los 50 kg, es muy habitual en adolescentes, especialmente en el tramo de edad de 14 a 18 años. Eso significa que una sola lata de medio litro ya puede colocar a un menor en el máximo de cafeína aconsejado para todo el día, sin tener en cuenta otras fuentes como el café, los refrescos de cola o incluso otras bebidas estimulantes que pueda tomar; por eso algunas guías alertan de que estas bebidas no son recomendables en niños.

La OCU subraya que el problema no es únicamente la presencia de cafeína, sino la cantidad ingerida de una sola vez debido al formato. Una bebida que aparentemente no parece tan cargada cuando se mira la cifra por 100 ml puede disparar la dosis real si se consume la lata entera, algo muy habitual entre los jóvenes.

En su análisis, la organización ha examinado 71 bebidas estimulantes vendidas en supermercados y ha comprobado que la gran mayoría supera la barrera de los 150 mg por envase cuando el formato es de 500 ml, lo que confirma el auge de las bebidas energéticas entre menores. Habla de un problema extendido en lineales de grandes cadenas, gasolineras, máquinas expendedoras y pequeños comercios.

Entre las marcas más conocidas, la OCU cita ejemplos de bebidas muy presentes en el día a día: productos de grandes multinacionales, marcas blancas de supermercados y referencias habituales en el ocio nocturno o ligadas al deporte, que alcanzan entre 150 y 160 mg de cafeína por lata de medio litro. Entre las referencias citadas figura Burn Original, las energéticas de Hacendado (Mercadona), Golden Power (Aldi) o Kong Strong (Lidl), hasta productos como Monster en sus versiones Zero o Ultra, Red Bull en formatos grandes, Rockstar, Powerking, Blue Chameleon o Titanium, entre otras.

Por qué una lata de 500 ml dispara el riesgo

La clave está en que el formato condiciona la dosis. Una bebida que indica unos 300 o 320 mg de cafeína por litro puede parecer, sobre el papel, comparable a un par de cafés. Sin embargo, cuando se presenta en una lata de 500 ml, esa concentración se traduce en 150 o 160 mg por envase, justo en el límite o por encima de lo que la EFSA marca como seguro para un menor de 50 kg en una sola toma.

La OCU recuerda que el consumo no se hace en pequeñas raciones medidas en taza, sino que la mayoría de jóvenes bebe directamente de la lata y suele terminarla entera en poco tiempo. Por eso, el cálculo por 100 ml puede resultar engañoso y dar una falsa sensación de seguridad tanto a familias como a los propios consumidores.

OCU ilustra esta situación con una lista de bebidas energéticas muy presentes en el mercado español que igualan o rebasan el límite de 150 mg por envase: desde referencias como Burn Original, las energéticas de Hacendado (Mercadona), Golden Power (Aldi) o Kong Strong (Lidl), hasta productos como Monster en sus versiones Zero o Ultra, Red Bull en formatos grandes, Rockstar, Powerking, Blue Chameleon o Titanium, entre otras.

En muchos casos, estas latas de 500 ml alcanzan alrededor del 100% del máximo diario recomendado para adolescentes solo con una unidad, y entre un 37% y un 40% del máximo diario para adultos. Si se consumen varias latas en un mismo día, se combinan con otras fuentes de cafeína o se toman en condiciones de cansancio extremo, deporte intenso o fiesta, el riesgo se acumula.

Para la organización, estos datos son una señal de alarma clara: no se puede tratar estas bebidas como un refresco más. Recuerdan que su función real es estimulante y que la dosis de cafeína añadida en algunos productos supera de largo lo que se considera razonable para población joven.

No solo cafeína: otros estimulantes y azúcares

Las bebidas conocidas popularmente como “energéticas” podrían definirse mejor, según la OCU, como bebidas estimulantes. Su composición parte de una base sencilla de agua carbonatada, azúcar o edulcorantes, aromas, aditivos y una dosis importante de cafeína.

A esa base se añaden con frecuencia otros ingredientes a los que se atribuyen efectos revitalizantes, como la taurina, el guaraná, el ginseng o determinadas vitaminas del grupo B. La EFSA, sin embargo, no ha aprobado alegaciones de salud específicas para varias de estas sustancias, por lo que su imagen “funcional” va por delante de la evidencia científica disponible.

En términos nutricionales, el aporte de estas bebidas es limitado. Las versiones clásicas suelen contener altas cantidades de azúcar, mientras que las versiones light o zero sustituyen ese azúcar por edulcorantes. Pero, en cualquier caso, el elemento que más preocupa a la OCU sigue siendo la cafeína añadida, sobre todo cuando su consumo se normaliza entre menores.

La cafeína puede aumentar el estado de alerta y reducir la sensación de sueño cuando se toma en dosis moderadas. El problema aparece cuando se exceden los límites recomendados o se combina con otras bebidas con cafeína, como el café o los refrescos de cola. A corto plazo, los efectos pueden ir desde la dificultad para conciliar el sueño hasta la ansiedad o alteraciones del comportamiento.

A más largo plazo, la organización recuerda que un consumo elevado de cafeína se ha relacionado con problemas cardiovasculares y, en el caso de embarazadas, con alteraciones en el crecimiento del feto; incluso se han señalado riesgos cardiovasculares y de ictus en consumidores habituales. En el caso concreto de estimulantes como la taurina, menciona trabajos que asocian su ingesta excesiva con temblores o dolor en el pecho entre adolescentes.

Qué dice la ciencia sobre los efectos en adolescentes

Los datos de consumo preocupan especialmente cuando se analizan en población joven. Según la última Encuesta Estudes 2025 del Ministerio de Sanidad, un 38,4% de los estudiantes de entre 14 y 18 años asegura haber tomado bebidas energéticas en el último mes, lo que confirma que su presencia se ha normalizado en esta franja de edad.

Entre los usos más habituales, la OCU identifica varios patrones: adolescentes que recurren a estas bebidas para estudiar hasta tarde en época de exámenes, para entrenar en el gimnasio, para aguantar largas jornadas de ocio o para mezclarlas con alcohol durante fines de semana y fiestas.

Estudios citados por la organización apuntan a que el consumo de bebidas con taurina y altos niveles de cafeína se asocia en adolescentes de 16 y 17 años con síntomas físicos como temblores y dolor en el pecho. También aparecen otros efectos, como fatiga paradójica, micción excesiva, insomnio o sensación de no descansar bien pese a dormir.

OCU recalca que, mientras los riesgos del alcohol o el tabaco están ya muy interiorizados socialmente, los peligros de las bebidas energéticas no se perciben igual. En muchos casos, los jóvenes las asocian simplemente con deporte, rendimiento o diversión, sin ser plenamente conscientes de la carga de cafeína y otros estimulantes que están ingiriendo.

En lugares como Mallorca y otras zonas turísticas, la organización advierte de que estas bebidas forman parte del paisaje habitual en supermercados, tiendas cercanas a institutos, máquinas de vending y bares, lo que facilita su acceso a menores y favorece que pasen desapercibidas como un refresco más.

La mezcla con alcohol: una combinación especialmente delicada

Uno de los puntos que más inquieta a las autoridades sanitarias y a la OCU es la mezcla de bebidas energéticas con alcohol. Según los datos manejados por la organización, alrededor del 15% de los adolescentes reconoce combinar ambos productos, una práctica que se ha asentado en ocio nocturno, botellones y celebraciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que esta combinación puede reducir la sensación de sueño y cansancio sin disminuir los efectos del alcohol en el organismo. El resultado es una especie de “borrachera completamente despierta”: la persona se siente más activa y con energía, lo que puede llevarla a beber durante más tiempo y en mayor cantidad.

Este efecto enmascarador incrementa el riesgo de daños físicos y conductas peligrosas, desde accidentes hasta episodios de violencia o decisiones de riesgo que, en condiciones normales de fatiga, quizá no se producirían. Para la OCU, se trata de un escenario muy preocupante cuando se junta con adolescentes, falta de experiencia y ausencia de supervisión adulta.

Por este motivo, la organización insiste en que las latas de bebidas energéticas deberían incorporar advertencias muy visibles sobre la mezcla con alcohol. Mensajes directos del tipo “No consumir combinado con alcohol” pueden ayudar a que el consumidor perciba que no se trata de una simple combinación inocua.

Además, OCU subraya que la frecuencia de consumo también cuenta: hay jóvenes que toman al menos una bebida energética al día, lo que aumenta las probabilidades de que, en alguna ocasión, se combine con alcohol o con otros estimulantes, superando con creces los márgenes considerados seguros.

La respuesta del Ministerio de Consumo y el marco europeo

En paralelo a la alerta de la OCU, el Ministerio de Consumo ha anunciado su intención de aprobar una regulación específica sobre las bebidas energéticas. El plan pasa por prohibir su venta a menores de 16 años y extender la restricción hasta los 18 años en el caso de aquellas bebidas que superen los 32 mg de cafeína por cada 100 ml.

La organización de consumidores respalda esta iniciativa, al considerarla un paso importante para proteger a los menores, pero sostiene que no es suficiente por sí sola. El foco, insisten, no debe estar solo en la edad de compra, sino también en el formato, la información y la percepción social del producto.

En España, algunas comunidades autónomas, como Galicia y Asturias, ya han empezado a aplicar restricciones en el acceso de los menores a estas bebidas, y en otros países europeos se debaten o se han aprobado medidas similares. La futura normativa estatal se integrará, por tanto, en un contexto en el que Europa mira cada vez más de cerca este tipo de productos.

Los datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) apuntan a que las limitaciones al acceso cuentan con un amplio respaldo social: nueve de cada diez personas consultadas estaría a favor de restringir la venta de bebidas energéticas a menores de edad.

OCU ha reiterado su disposición a colaborar con el Ministerio de Consumo y las autoridades sanitarias para perfilar una normativa sólida que no solo marque límites, sino que garantice su cumplimiento efectivo en supermercados, tiendas de barrio, establecimientos de ocio y máquinas expendedoras.

Qué medidas pide la OCU: latas más pequeñas y advertencias claras

Más allá de apoyar la restricción por edades, la OCU ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas adicionales. La primera de ellas es limitar el tamaño máximo de los envases de bebidas energéticas a 250 ml, es decir, la mitad del volumen que hoy tienen muchas de las latas de referencia en el mercado.

Para la organización, reducir la capacidad es una forma directa de recortar la cantidad de cafeína que puede ingerirse de una sola vez. Si el problema principal está en que una lata de 500 ml concentra en un único consumo el máximo diario seguro para muchos adolescentes, acotar el volumen ayudaría a rebajar de golpe la dosis por toma.

La segunda gran propuesta es implantar un etiquetado de advertencias sanitarias muy visible, siguiendo el modelo de las cajetillas de tabaco. La OCU plantea que, al menos, el 65% de la superficie del envase se reserve para mensajes claros sobre los riesgos asociados al producto, relegando la parte más publicitaria a un espacio mucho menor.

Entre los avisos que propone la organización se incluyen frases como “No consumir combinado con alcohol” o “Puede interrumpir el sueño, causar ansiedad y alteraciones en el comportamiento”. El objetivo es que el consumidor reciba el mensaje de riesgo de forma inmediata, desde el primer vistazo a la lata.

La OCU insiste en que estas medidas no buscan demonizar el producto, sino ponerlo en su sitio: no verlo como un refresco inofensivo que cualquiera puede tomar sin límites, sino como una bebida estimulante con efectos sobre el sistema nervioso, especialmente relevantes en menores, embarazadas y personas con problemas cardiovasculares.

Normalización del consumo y papel de las familias

Otro de los grandes mensajes de la OCU se dirige directamente a familias y responsables de menores. La organización constata que el consumo de bebidas energéticas se ha normalizado entre adolescentes y jóvenes, que las ven como algo cotidiano ligado al ocio, al deporte o al rendimiento académico.

En muchos hogares, estas bebidas entran en la cesta de la compra prácticamente al mismo nivel que otros refrescos, sin que se analice en detalle su contenido en cafeína o su efecto combinado con otros hábitos. La presencia de ediciones limitadas, sabores llamativos y campañas de marketing orientadas al público joven contribuye a esa percepción de producto “de moda”.

La OCU anima a que padres, madres y tutores se informen sobre la cantidad real de cafeína que contienen las latas de 500 ml y hablen con los menores sobre los riesgos de consumirlas con frecuencia, especialmente en época de exámenes, antes de hacer deporte intenso o en situaciones de falta de sueño acumulado.

También pide a las administraciones que refuercen la educación sanitaria en colegios e institutos, con campañas específicas sobre el impacto de la cafeína y otros estimulantes en el desarrollo físico y cognitvo. La idea es equiparar el nivel de conciencia que ya existe frente al tabaco o el alcohol con el que se tiene respecto a estas bebidas.

Mientras llegan cambios regulatorios más estrictos, la organización recomienda un enfoque de prudencia: evitar su consumo en menores, no combinar nunca con alcohol, no utilizar estas bebidas como sustituto del descanso y leer siempre el etiquetado completo, prestando atención tanto a la cafeína como al resto de ingredientes estimulantes.

En un contexto en el que las bebidas energéticas han pasado de ser un producto puntual a convertirse en algo casi rutinario entre muchos adolescentes, la advertencia de la OCU actúa como recordatorio de que una lata de medio litro no es un refresco cualquiera: puede concentrar en un solo trago toda la cafeína que un menor debería tomar en un día, multiplicar sus efectos al mezclarse con alcohol y convertirse, si no se regula y se informa correctamente, en un riesgo evitable para la salud de los jóvenes.

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