La lucha contra el desperdicio alimentario gana fuerza en España

  • Castilla-La Mancha impulsa la estrategia autonómica "Sin Desperdicio 2030" para prevenir el desperdicio alimentario y fomentar la redistribución de comida.
  • La Unión Europea estudia nuevos marcos de responsabilidad ampliada del productor para cumplir los objetivos de reducción de residuos y emisiones.
  • Proyectos de espigueo como La Rebusca y la Fundación Espigoladors recuperan excedentes agrícolas para entidades sociales en varias regiones españolas.
  • Iniciativas tecnológicas y sociales como "Sabor Social" y Donations+ canalizan excedentes de comedores y supermercados hacia personas vulnerables.

Desperdicio alimentario en España y Europa

El desperdicio alimentario se ha convertido en uno de los grandes retos sociales y ambientales en España y en el conjunto de Europa, especialmente cuando aumenta el desperdicio de comida en verano. Millones de kilos de comida en perfecto estado se pierden cada año en hogares, comercios, industrias y en el propio campo, mientras muchas personas siguen teniendo dificultades para acceder a una alimentación adecuada.

Frente a este escenario, administraciones públicas, entidades sociales y empresas están poniendo en marcha nuevas estrategias, marcos normativos, proyectos de campo e innovaciones tecnológicas para reducir estas pérdidas, aprovechar mejor los recursos y reforzar la justicia social dentro del sistema alimentario.

Estrategias públicas: Castilla-La Mancha y el impulso de «Sin Desperdicio 2030»

En el ámbito autonómico, Castilla-La Mancha ha dado un paso relevante con la aprobación del Decreto 19/2019, de 26 de marzo, que impulsa medidas específicas para evitar el desperdicio alimentario y facilitar la redistribución de alimentos en la región. Esta norma pone el acento en crear y reforzar canales estables de donación y reaprovechamiento, tanto para reducir la cantidad de comida que se tira como para mejorar la equidad social y económica.

A partir de este marco normativo ha nacido la Estrategia «Sin Desperdicio 2030», concebida como una hoja de ruta a largo plazo alineada con la Agenda 2030. Su objetivo es articular políticas públicas que consideren el desperdicio alimentario no solo como un problema de residuos, sino como un punto de encuentro entre medio ambiente, alimentación saludable, consumo responsable, solidaridad y justicia social.

La iniciativa autonómica pone especial atención en formar, informar y sensibilizar a todos los eslabones de la cadena agroalimentaria de Castilla-La Mancha. Esto incluye desde productores y transformadores hasta la distribución, la restauración y el comercio minorista, con la idea de que cada agente revise sus procesos y reduzca al mínimo las pérdidas evitables.

La Estrategia «Sin Desperdicio 2030» se plantea, además, como una política ambiental prioritaria para la región, sin perder de vista otros objetivos sociales, educativos y sanitarios. Se persigue así que la prevención del desperdicio de alimentos esté integrada de forma transversal en las políticas agrarias, de salud pública, de bienestar social y de educación.

El enfoque europeo: responsabilidad ampliada y objetivos climáticos

En el plano comunitario, un informe elaborado por el Consorcio de Industrias de Base Biológica (BIC) y Zero Waste Europe (ZWE) advierte de que la Unión Europea corre el riesgo de no cumplir sus metas de reducción de desperdicio de alimentos, clima y economía circular si no refuerza el marco de responsabilidades en la cadena de valor alimentaria.

Según este análisis, el desperdicio de alimentos es responsable de entre el 8 % y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En la UE, se calcula que cada persona llega a generar alrededor de 130 kilos de comida desperdiciada al año. Aunque la legislación europea obliga a los Estados miembros a recoger de forma separada los biorresiduos a partir de 2024, en la práctica solo se recoge selectivamente en torno al 26 % de los residuos de cocina, mientras que el resto termina en vertederos o incineradoras.

Este escenario complica el cumplimiento de los objetivos marcados por la Directiva Marco sobre Residuos, que fija para 2030 una reducción del 30 % per cápita del desperdicio alimentario en hogares, comercio minorista y restauración, y del 10 % en la fase de fabricación. Sin cambios profundos en la forma de producir, distribuir y consumir alimentos, llegar a esas metas se antoja difícil.

Ante esta situación, el informe propone introducir un sistema específico de Responsabilidad Extendida del Productor de Productos Alimenticios (EPRFP). Esta herramienta trasladaría parte de la carga financiera y operativa que ahora soportan principalmente los municipios y contribuyentes hacia las empresas que ponen los alimentos en el mercado europeo: fabricantes, mayoristas, importadores y, en ciertos casos, minoristas.

El enfoque se centra en quienes diseñan, envasan, etiquetan y comercializan los productos, ya que es en las etapas iniciales de la cadena donde se toman decisiones clave que condicionan la generación de desperdicio: tamaños de envase, porciones, fechas de caducidad y consumo preferente, estrategias de oferta y promoción, o sistemas de distribución.

Bioeconomía y valorización de los residuos alimentarios

Además de la dimensión climática y social, el planteamiento de BIC y Zero Waste Europe destaca el potencial del desperdicio de alimentos como recurso para la bioeconomía. A través de un sistema de responsabilidad ampliada, se podría consolidar una corriente estable de biorresiduos de calidad que alimentase a las industrias de base biológica, impulsando soluciones de valorización como el compostaje y la digestión anaerobia.

La producción de compost y digestato a partir de restos orgánicos bien separados permite regenerar suelos degradados y cerrar ciclos de nutrientes, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos. Este enfoque encaja con la transición hacia una economía circular, en la que los residuos se convierten en materias primas y se minimiza el vertido y la incineración.

Desde Zero Waste Europe, su fundador Joan Marc Simon insiste en que, una vez fijados objetivos de reducción y la obligación de recogida separada de biorresiduos, es imprescindible contar con instrumentos económicos eficaces que hagan viables estos cambios. Sin financiación y sin responsabilidades claras, los compromisos pueden quedarse en papel mojado.

En la misma línea, el director ejecutivo del consorcio BIC, Dirk Carrez, subraya la necesidad de aprovechar el potencial aún infrautilizado de los residuos alimentarios como materia prima para las bioindustrias europeas. No se trata solo de evitar que la comida acabe en la basura, sino de integrarla en nuevos modelos de producción más sostenibles.

Este debate europeo refuerza la idea de que la prevención del desperdicio alimentario es una pieza clave para alinear las políticas de residuos, clima y bioeconomía. Las decisiones que se tomen en los próximos años marcarán el ritmo al que Europa avanza hacia un sistema alimentario más circular y con menor huella de carbono.

Espigueo y rebusca: recuperar alimentos en el campo

Más allá de las normas y los informes, en distintos territorios españoles están cobrando fuerza iniciativas que actúan directamente sobre las pérdidas en el campo. Una de las prácticas que está resurgiendo es el espigueo, conocido tradicionalmente en Canarias como «rebusca», que consiste en recoger, con permiso de los agricultores, los productos que han quedado fuera del circuito comercial pero siguen en perfecto estado para el consumo.

En la isla de Tenerife, el colectivo La Rebusca ha puesto en marcha una experiencia piloto que replica el trabajo que la Fundación Espigoladors lleva desarrollando en Cataluña desde hace más de una década. En una primera jornada en Güímar, gracias a un convenio con el grupo agrícola SAT Izaña, se recogieron coles y pimientos que iban a ser eliminados de las fincas pese a encontrarse en buen estado alimentario y sanitario.

Estos productos, que no se iban a comercializar por cuestiones de mercado, se destinaron a comedores sociales y entidades que trabajan con personas vulnerables. De este modo, la rebusca permitió evitar que una cosecha completa se perdiera, al tiempo que se reforzaban redes de apoyo social en el territorio.

La iniciativa ha contado con la participación de una veintena de personas voluntarias y ha despertado un gran interés por seguir organizando nuevas jornadas. Para quienes participan, se trata de una actividad que combina compromiso social y ambiental con una forma de ocio activo al aire libre, abierta a personas de cualquier edad y condición.

Testimonios como el de Mercedes González Carlos, una de las voluntarias, reflejan el impacto de estas acciones: se mostró sorprendida por la enorme cantidad de alimentos en perfecto estado que se habrían desperdiciado en apenas unas horas de trabajo, y valoró especialmente el ambiente de colaboración generado durante la recogida, sabiendo que los productos se destinan a colectivos con menos acceso a alimentos frescos.

El proyecto Cultivate y la red estatal de espigueo

La experiencia de Tenerife no es un caso aislado. Desde la Fundación Espigoladors, con sede en Cataluña, se está impulsando un proyecto de alcance estatal para extender el espigueo a diferentes regiones españolas y consolidar una comunidad sólida en torno a esta práctica. La entidad trabaja en coordinación con organizaciones como el Ayuntamiento del Valle de Yerri y Buruxka (Navarra), CERAI Valencia y Aragón, la Fundación Intras (Valladolid), Heliconia (Madrid) y el propio colectivo La Rebusca en Canarias.

El objetivo es reducir las pérdidas alimentarias en el campo, reforzar la seguridad alimentaria de colectivos vulnerables y fomentar prácticas agrícolas más sostenibles. A través de convenios con productores locales y la participación de voluntariado, se recuperan frutas y verduras que quedan fuera del mercado por excedentes de producción, bajadas de demanda o cuestiones puramente estéticas.

Todos los alimentos recogidos se distribuyen a entidades sociales y puntos de reparto gratuito que trabajan para garantizar el derecho a una alimentación saludable y digna. De esta forma, se aprovechan los recursos invertidos en la producción y se evita que toneladas de comida terminen desechadas sin haber sido consumidas.

El impulso a esta red estatal cuenta con el apoyo del proyecto Cultivate, financiado por la Unión Europea. Dentro de este marco, Espigoladors acompaña a las distintas entidades para poner en marcha acciones piloto de espigueo en varias comunidades entre noviembre de 2025 y febrero de 2026, como un primer paso hacia la réplica estable de su modelo.

El enfoque del proyecto se basa en tres grandes metas: aumentar el conocimiento y la sensibilización sobre el espigueo en los territorios, transferir capacidades y acompañar a nuevas organizaciones en la adaptación de la metodología a cada realidad local, y construir una red estructurada de actores que defienda el reconocimiento legal de esta práctica y facilite su expansión.

Espigoladors y La Rebusca: del campo al cambio social

La Fundación Espigoladors se define como una entidad social que trabaja por el aprovechamiento alimentario desde una perspectiva transformadora e inclusiva. El espigueo es la actividad que da sentido a su nombre y que actúa como punto de partida de todo su proyecto: a través de alianzas con productores y productoras y del compromiso de personas voluntarias, se recogen frutas y hortalizas descartadas del circuito comercial.

Estos alimentos se entregan a organizaciones sociales y dispositivos de distribución gratuita que atienden a personas en situación de vulnerabilidad. La iniciativa no solo reduce el desperdicio, sino que además conecta mundo rural, ciudadanía y entidades, fomentando una mirada más amplia sobre el valor de los alimentos y el trabajo en el campo.

Otro pilar fundamental de la fundación es la producción de conocimiento y la sensibilización. Espigoladors desarrolla estudios sobre pérdidas y desperdicio alimentario, participa en redes institucionales y de actores para influir en las políticas públicas, y organiza talleres educativos y actividades de responsabilidad social corporativa dirigidas tanto a la ciudadanía como al sector privado.

En paralelo, el colectivo La Rebusca, formado por personas de Tenerife inspiradas por la experiencia catalana, se ha organizado desde 2025 para intervenir sobre los excedentes que quedan en los campos canarios. En colaboración con la Cátedra Cultural Pedro Molina Ramos de Estudios Campesinos de la Universidad de La Laguna, han celebrado jornadas sobre despilfarro alimentario y continúan planificando nuevas acciones de rebusca en fincas como las de la empresa SAT Izaña.

«Sabor Social»: excedentes de comedores convertidos en platos diarios

El desperdicio alimentario no solo se produce en origen. Una parte importante de las pérdidas procede de comedores escolares, empresariales y hospitalarios, donde se preparan grandes volúmenes de comida que no siempre se consumen. Para hacer frente a este problema, la Fundación Banco de Alimentos de Navarra (BAN) ha puesto en marcha en Pamplona el proyecto «Sabor Social – El plato compartido».

Esta iniciativa convierte excedentes preparados en comidas diarias completas y seguras para personas en situación de vulnerabilidad de la ciudad. Con el apoyo de la Fundación «la Caixa», el programa responde a un doble reto: por un lado, la persistencia de la inseguridad alimentaria en determinados colectivos, y por otro, la existencia de platos ya elaborados que, de no mediar una red de aprovechamiento, acabarían desechados.

«Sabor Social» llega en un momento en el que entra en vigor un nuevo marco normativo que refuerza la prevención del desperdicio y la valorización de excedentes. En este contexto, el proyecto se alinea con las políticas públicas de inclusión social, sostenibilidad y economía circular, y consolida el papel del Banco de Alimentos de Navarra como agente clave en el territorio.

El modelo no sustituye, sino que complementa, al sistema tradicional de distribución de alimentos en crudo. A través de protocolos específicos de seguridad alimentaria, logística y trazabilidad, se canalizan los excedentes de comedores colectivos hacia recursos y comedores sociales, garantizando que las raciones mantengan la calidad higiénico-sanitaria necesaria para su consumo.

El proyecto tiene una vocación clara de trabajo en red. Participan el Gobierno de Navarra, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, la Universidad Pública de Navarra, la Universidad de Navarra, diferentes empresas de restauración colectiva, entidades sociales y organizaciones como Ausolan, Elkarkide, Paris 365 y Alimenta Valores, responsable de la coordinación general.

Impacto social, ambiental y educativo del modelo navarro

En términos de resultados, «Sabor Social» prevé llegar a ofrecer hasta 250 raciones diarias a personas en situación de vulnerabilidad a partir de la recuperación de excedentes. Cada plato servido evita que alimentos ya cocinados acaben en la basura, con el consiguiente ahorro de recursos y emisiones asociadas.

Desde el punto de vista ambiental, el proyecto contribuye a disminuir la huella de carbono vinculada al desperdicio alimentario, evitando tanto la emisión de gases de efecto invernadero derivados de la descomposición de los residuos como el malgasto de agua, energía y materias primas utilizadas en su producción.

La iniciativa incorpora también un componente formativo y de sensibilización dirigido a personas beneficiarias, voluntariado y entidades participantes. A través de talleres y acciones divulgativas, se busca generar una cultura del aprovechamiento que trascienda el propio proyecto y se extienda a hogares, centros educativos y empresas.

«Sabor Social» nace con vocación de continuidad y de posible réplica en otros territorios. La vicepresidenta del Banco de Alimentos de Navarra, Nati Vitórica, ha señalado el propósito de consolidar el modelo como referencia en la comunidad foral, mientras que la presidenta, Marisol Villar, subraya que la iniciativa demuestra cómo la colaboración entre entidades puede convertir un reto complejo en una oportunidad real para el territorio.

Este tipo de proyectos muestran que el aprovechamiento de excedentes preparados no es solo una cuestión de solidaridad puntual, sino una pieza estructural dentro de las políticas de prevención del desperdicio, capaz de mejorar la calidad de la ayuda alimentaria y al mismo tiempo reducir la presión sobre el medio ambiente.

Tecnología al servicio de la donación: el caso de Donations+

En el ámbito empresarial, la creciente atención al desperdicio alimentario se ve acompañada por la aparición de soluciones tecnológicas específicas. Una de las últimas en llegar al mercado español es Donations+, una herramienta lanzada por la plataforma especializada en la gestión de excedentes Too Good To Go para facilitar la donación de alimentos desde negocios de alimentación a entidades benéficas.

Esta solución nace en un contexto marcado por nuevas obligaciones legales, como las recogidas en la Ley 1/2025 de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario, que exigirá a las empresas disponer de planes de prevención, priorizar el consumo humano de los excedentes a través de la donación y formalizar acuerdos con organizaciones sociales, entre otras medidas.

El objetivo de Donations+ es profesionalizar y digitalizar un proceso que en muchos casos sigue siendo manual y poco homogéneo. En la práctica, numerosos negocios afrontan papeleo complejo, dificultades para coordinarse con entidades receptoras y falta de herramientas para documentar adecuadamente las donaciones y acceder a incentivos fiscales.

La propia Too Good To Go identifica también que las entidades sociales a menudo desconocen cuándo y dónde hay alimentos disponibles o qué contiene exactamente cada donación, lo que complica la planificación y puede provocar que parte de los excedentes no se redistribuyan a tiempo, pese a la voluntad de todas las partes.

Donations+ se presenta como una expansión de la plataforma tecnológica de la compañía, pensada para el sector del retail y la hostelería, y busca cerrar esta brecha entre negocios y organizaciones benéficas mediante un sistema de gestión centralizado y trazable.

Cómo funciona Donations+ y qué aporta a empresas y entidades

El funcionamiento de Donations+ se basa en la digitalización integral del circuito de donación. A través de una PDA, un dispositivo móvil o un ordenador, los establecimientos escanean los productos que van a donar y generan automáticamente un registro en el que se detallan los alimentos incluidos en cada envío.

Una vez creada, la donación se publica en la plataforma y se envía una notificación en tiempo real a las entidades benéficas que cumplen con las condiciones de compatibilidad de horarios, capacidad y tipo de productos. Estas organizaciones pueden reservar la donación de forma inmediata, lo que mejora notablemente la coordinación respecto a los sistemas tradicionales basados en llamadas o correos.

Para las empresas, la herramienta permite reducir el trabajo administrativo asociado a las donaciones, mejorar las tasas de recogida y disponer de una trazabilidad completa con acceso a albaranes, firmas digitales y certificados de donación listos para auditorías. Todo ello facilita también el acceso a incentivos fiscales, como la posibilidad de deducirse entre el 40 % y el 50 % del valor de los alimentos donados en el Impuesto sobre Sociedades, siempre que se cumplan los requisitos legales.

Para las organizaciones sociales, el sistema ofrece información actualizada sobre qué productos hay disponibles, en qué cantidad y en qué momento, lo que les ayuda a planificar mejor la logística y asegurarse de que las donaciones encajan con las necesidades de las personas a las que atienden.

Con este lanzamiento, Too Good To Go refuerza su compromiso de trabajar de forma integral con el ecosistema alimentario, complementando su conocida app de «packs sorpresa» de excedentes con nuevas soluciones que abordan fases distintas de la cadena y distintos tipos de producto, incluidos alimentos para mascotas o cajas de despensa orientadas a marcas de gran consumo.

La compañía, presente en más de 20 países, sostiene que reducir el desperdicio alimentario requiere un conjunto de soluciones complementarias y una colaboración estrecha entre empresas, entidades sociales y administraciones. Donations+ se suma a esta estrategia como una pieza más para facilitar que la comida que sobra llegue a quienes la necesitan, en vez de acabar, una vez más, en la basura.

El panorama actual muestra un cambio de enfoque profundo en la forma de abordar el desperdicio alimentario: desde estrategias autonómicas como «Sin Desperdicio 2030» hasta marcos europeos de responsabilidad ampliada, pasando por redes de espigueo en los campos, proyectos sociales como «Sabor Social» y herramientas tecnológicas como Donations+, se está configurando un entramado de iniciativas que, aunque diverso, apunta en la misma dirección: que la comida se produzca, distribuya y consuma con mayor respeto por el medio ambiente, más justicia social y un aprovechamiento mucho más responsable de cada alimento.

Día Mundial de la Alimentación
Artículo relacionado:
Día Mundial de la Alimentación: retos, iniciativas y alianzas