La experiencia en el comedor escolar no termina de convencer al alumnado: según la ONG Educo, tras encuestar a más de 1.600 adolescentes de 12 a 18 años en toda España, la nota media del espacio se queda alrededor de un 3 sobre 5.
Aunque el comedor se valora por lo que aporta a la conciliación familiar y al encuentro con amistades, la percepción global es tibia. La mayoría reconoce beneficios, pero pide mejoras claras en la calidad del servicio, la organización del tiempo y la escucha de sus opiniones.
Valoración general y beneficios

En términos globales, el comedor se percibe como un pilar para la vida del centro: más del 94% del alumnado identifica ventajas, entre ellas facilitar el día a día de las familias y promover la socialización. Aun así, la calificación media se queda en un nivel medio que evidencia que hay margen de mejora.
Por territorios, en Catalunya la valoración desciende ligeramente hasta 2,9/5, un dato que refuerza la idea, señalada por Educo, de que conviene integrar el comedor dentro del proyecto educativo del colegio y dejar de tratarlo como un servicio periférico.
Desde la organización se subraya que este espacio también educa y protege, por lo que su calidad debería estar a la altura de su función. Esa mirada educativa implica revisar menús, tiempos, normas y el acompañamiento adulto durante todo el proceso.
Calidad del menú: sabor, cantidad y temperatura

La mayoría del alumnado considera que la comida es saludable (83,6%) y variada (83,5%), pero la satisfacción con el resultado final se divide: un 34% la ve buena o muy buena, el 39% la tilda de aceptable y el 27% la califica de mala o muy mala.
Entre los aspectos más criticados destacan el sabor (35,7%) y la temperatura inadecuada (32,2%). También preocupa que las raciones se queden cortas para una parte importante del alumnado: el 26,6% afirma salir del comedor con hambre.
Se apunta además a la presentación: solo el 59,6% percibe buen aspecto en los platos. Y, en cuanto al modelo de servicio, muchos estudiantes declaran preferencia por la elaboración en el propio centro frente a los menús que llegan mediante catering. Para orientar esa elaboración, servicios y centros consultan referencias como el recetario saludable de referencia.
La lectura de estos datos no pone en cuestión la salud nutricional de los menús —que obtiene un aprobado amplio—, sino la experiencia de consumo: textura, sabor, temperatura y cantidad aparecen como los puntos de mejora más repetidos.
Normas, convivencia y papel del personal

El tiempo de comedor también es ocio y relación: para el 90,5%, lo mejor es jugar y estar con los amigos. Sin embargo, buena parte del alumnado percibe un exceso de normas y castigos: un 56% dice quedarse sin patio si no come lo que se le exige y un 27% afirma tener que comer con prisas; solo un 4% asegura que no hay castigos.
El personal de comedor desempeña un papel clave y, en general, es valorado. Entre las cualidades más apreciadas figuran la paciencia (51%), hablar en calma y sin gritos (43%), la simpatía (33%) y el respeto (32%). También se agradece que animen a comer (32%) y que ayuden a resolver conflictos (29%).
El alumnado reclama mayor autonomía y participación: un 64,8% pide más tiempo no estructurado, un 53,8% quiere elegir con quién jugar y la mayoría (94,7%) considera que su opinión debería escucharse más en la organización del comedor. Aun así, preocupa que aproximadamente 1 de cada 6 estudiantes se sienta solo o excluido en este espacio.
La encuesta también pone el foco en la brecha económica: hay estudiantes que señalan que las becas no siempre llegan a quienes más las necesitan, lo que limita el acceso regular al servicio. Como respuesta, Educo plantea avanzar hacia un «Espacio Comedor 5 Estrellas»: universal y gratuito, integrado en el proyecto educativo, con menús saludables y alternativas sin alérgenos, infraestructuras adecuadas, personal formado en buen trato y condiciones laborales dignas, y con la voz de la infancia en el centro.
Con todos estos datos sobre la mesa —beneficios claros pero nota discreta, menús saludables con aspectos mejorables, normas percibidas como rígidas y deseo de más participación—, el comedor escolar aparece como un espacio clave que necesita ajustes concretos: mejorar la experiencia del plato, revisar ritmos y reglas, reforzar el acompañamiento educativo y garantizar el acceso con ayudas suficientes.