Unas sencillas gomitas con base de pescado se han convertido en uno de los proyectos más llamativos en la lucha contra la desnutrición infantil en América Latina. Aunque la iniciativa nace en Ecuador, su enfoque de aprovechar especies marinas poco valoradas, mejorar la dieta de la infancia y cuidar el océano empieza a mirarse con interés desde otros países, también en Europa, como posible modelo a seguir.
La propuesta parte de una idea muy directa: si muchos niños rechazan el pescado en el plato, ¿por qué no ofrecerlo en formato de golosina masticable? A partir de esa premisa, un equipo multidisciplinar ha desarrollado las primeras gomitas de pescado para combatir la desnutrición infantil, un prototipo de alimento azul (Blue Food) que busca combinar nutrición, sostenibilidad y apoyo a las comunidades pesqueras.
Un proyecto pionero de alimento azul para la infancia
La iniciativa de las gomitas de pescado está impulsada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el Gobierno ecuatoriano —a través del Viceministerio de Acuacultura y Pesca— y la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM). El objetivo común es desarrollar un producto atractivo para niñas y niños, fácil de conservar y con un valor nutricional muy elevado, partiendo de recursos marinos que suelen desaprovecharse.
Este desarrollo se enmarca en el concepto de Blue Food o alimentos azules, una estrategia global que busca aliviar la presión sobre determinadas especies sobreexplotadas, diversificar la dieta con productos del mar y reforzar la seguridad alimentaria en países vulnerables al cambio climático y a la sobrepesca. Las gomitas de pescado se han presentado como el primer prototipo de alimento azul del país.
Para WWF y las instituciones asociadas, el proyecto no solo tiene una dimensión nutricional, sino también social y ambiental: se trata de dar salida a especies que hoy se destinan a harina de pescado o se infrautilizan, al tiempo que se genera valor añadido en las zonas costeras y se refuerza la pesca artesanal de pequeña escala.
Desde Europa, donde la desnutrición infantil severa es menos frecuente pero existen importantes desigualdades alimentarias, este tipo de proyectos se observa como un ejemplo de cómo vincular políticas de salud pública, innovación alimentaria y uso responsable de recursos marinos, algo muy alineado con las estrategias de la UE en materia de economía azul y muestra cómo los alimentos impactan cuerpo, mente y bienestar integral, algo muy alineado con las estrategias de la UE en materia de economía azul.

Quién está detrás de las gomitas de pescado
El desarrollo de estas gomitas de pescado para combatir la desnutrición infantil ha reunido a un equipo amplio y diverso. Por un lado, WWF-Ecuador, a través de su área de Conservación Marina, ha liderado la visión de sostenibilidad y el enfoque de Blue Food. Por otro, el Gobierno ecuatoriano ha aportado el soporte institucional y técnico mediante el Viceministerio de Acuacultura y Pesca.
La Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM) ha tenido un papel clave desde la academia. Profesorado, estudiantes de la carrera de Gastronomía y especialistas en control de calidad se han encargado de la investigación aplicada, las pruebas sensoriales y la verificación del aporte nutricional. El proyecto cuenta además con el respaldo del Centro de Servicios para el Control de Calidad de la propia universidad, encargado de garantizar la inocuidad y la composición nutricional del producto.
Uno de los nombres más visibles es el del chef Rodrigo Pacheco, embajador de buena voluntad de WWF. Su experiencia culinaria se ha orientado a resolver un reto muy concreto: conseguir una golosina que conserve el valor nutricional del pescado pero que no sepa a pescado, de forma que resulte agradable para los más pequeños. Pacheco ha trabajado codo con codo con técnicos de la planta procesadora del Viceministerio, docentes y alumnado de ULEAM.
En el plano institucional, figuras como Fernando Rey, oficial senior de Conservación Marina de WWF-Ecuador, y Sergio Palomeque, subsecretario de Recursos Pesqueros, han subrayado que el proyecto encaja con las estrategias nacionales para combatir la desnutrición crónica infantil y, a la vez, impulsar la economía local a través de un mejor aprovechamiento de las pesquerías artesanales.
Cocinar gomitas que no sepan a pescado: 12 fórmulas a prueba
El proceso de formulación no ha sido sencillo. El equipo culinario y científico desarrolló al menos 12 recetas diferentes para encontrar una textura y un perfil de sabor aceptables para las niñas y los niños. El objetivo central era ocultar el gusto intenso a pescado sin perder su densidad proteica y mineral.
Según explica el equipo de Gastronomía de la ULEAM, el trabajo incluyó pruebas de evaluación sensorial con potenciales consumidores infantiles, así como ajustes en color, aroma y consistencia. Se trata de que la gomita se perciba como una golosina habitual, pero con una formulación muy distinta a las chucherías azucaradas que se encuentran en el mercado.
Además del sabor, otro punto clave ha sido asegurar que el producto sea fácil de almacenar y transportar, algo fundamental para llegar a zonas rurales y comunidades con infraestructuras limitadas. Por ello se ha prestado especial atención a la estabilidad del producto, su vida útil y la seguridad microbiológica.
El equipo técnico también ha realizado un análisis detallado del aporte proteico y de micronutrientes de cada fórmula, con el fin de garantizar que cada ración de gomitas suponga un refuerzo real en la dieta infantil y no solo un complemento simbólico.
Seis especies marinas resilientes y muy nutritivas
Para elaborar las gomitas, el proyecto prioriza seis especies marinas de bajo valor comercial, pero con un perfil nutricional muy interesante: barrilete, lisa, calamar gigante, macarela, pinchagua y hojita. La selección se hizo a partir de criterios de disponibilidad, biología, vulnerabilidad y calidad nutricional.
Estas especies se caracterizan por su alta capacidad de reproducción y su resiliencia frente a la presión pesquera, lo que las convierte en una alternativa más sostenible que otros recursos más demandados. Muchas de ellas se destinaban principalmente a harina de pescado o se subutilizaban, pese a su elevado contenido en proteínas, hierro, zinc y otros micronutrientes esenciales.
Los análisis del proyecto indican que, por ración, algunas de estas especies pueden aportar hasta tres veces la cantidad diaria recomendada de hierro y cinco veces la de zinc para la población infantil. Estos minerales son determinantes para el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la prevención de la anemia y otras carencias nutricionales.
Al utilizar especies con este perfil, las gomitas de pescado se conciben como un alimento concentrado en nutrientes, pensado para complementar dietas en las que el acceso a proteínas de calidad y minerales de origen animal es limitado o irregular.
Desnutrición infantil en un país pesquero
Uno de los datos que más llama la atención en el contexto de este proyecto es el contraste entre la riqueza marina del país y la situación nutricional de parte de su población infantil. Ecuador es actualmente el segundo procesador de atún del mundo y cuenta con una de las flotas de pesca artesanal más grandes de la región, además de un océano especialmente diverso.
Pese a ello, las cifras de desnutrición crónica infantil siguen siendo preocupantes, con más de 165.000 niños afectados, según datos oficiales citados por las instituciones del proyecto. En varias zonas costeras y rurales, el acceso a alimentos ricos en proteínas y micronutrientes es irregular, y buena parte de la pesca de bajo valor termina convertida en harina o subproductos poco aprovechados a nivel local.
Para WWF y los organismos públicos implicados, este desajuste evidencia la necesidad de repensar la seguridad alimentaria: aprovechar mejor las especies subutilizadas, reforzar el suministro de alimentos nutritivos en territorios vulnerables y vincular la conservación de los ecosistemas marinos con la salud de la población infantil.
El concepto de alimento azul que encarnan estas gomitas propone precisamente eso: conectar la protección del océano, el fortalecimiento de las comunidades pesqueras y la mejora directa de la nutrición de la infancia, en lugar de tratarlos como ámbitos separados.
Pesca artesanal, economía local y posible inspiración para Europa
El proyecto de gomitas de pescado también se plantea como una oportunidad de bioemprendimiento para las comunidades costeras. Al transformar recursos que antes tenían escaso valor comercial en un producto con alto valor añadido, se abre la puerta a nuevas cadenas de producción local, con impacto directo en empleo y renta en zonas pesqueras.
Las pesquerías artesanales de pequeña escala pueden jugar un papel central en esta estrategia, abasteciendo la materia prima necesaria a partir de capturas responsables y diversificadas. La idea es que la escala productiva de las gomitas se articule en alianza con estas comunidades, de manera que los beneficios económicos también queden en el territorio.
Aunque el proyecto está focalizado en Ecuador, el enfoque resulta relevante para otras regiones, incluido el ámbito europeo. En la Unión Europea se trabaja desde hace años en políticas de economía azul, fomento de la pesca sostenible y reducción del desperdicio de recursos marinos. Iniciativas como estas gomitas de pescado encajan con la tendencia a desarrollar productos innovadores que aprovechen especies poco demandadas y mejoren el perfil nutricional de la dieta.
En países europeos con litoral y flota artesana, la experiencia ecuatoriana puede servir como referencia metodológica: colaboración entre ONG, administración, universidades y sector pesquero; identificación de especies resilientes; desarrollo de alimentos atractivos para la infancia y evaluación rigurosa de su impacto nutricional.
De prototipo a producción: próximos pasos
En la actualidad, las gomitas de pescado para combatir la desnutrición infantil se encuentran todavía en fase de prototipo. El equipo está afinando aspectos como la textura, el color, el sabor y, sobre todo, el perfil nutricional definitivo. La previsión es que, una vez completada esta etapa, se pueda pasar a una producción piloto de la mano de una comunidad pesquera.
El proyecto cuenta con el seguimiento del Centro de Servicios para el Control de Calidad de la ULEAM, que se encarga de verificar parámetros de seguridad alimentaria, niveles de proteína, hierro, zinc y otros micronutrientes. Este control es clave para que el producto pueda formar parte, en un futuro, de programas oficiales de alimentación infantil o iniciativas de salud pública.
Entre las posibilidades que se barajan está la integración de las gomitas en políticas de merienda escolar, campañas de suplementación en zonas con carencias nutricionales o proyectos específicos con niñas y niños de comunidades pesqueras. Todo ello, siempre que se confirme su viabilidad técnica, económica y su buena aceptación por parte de las familias.
A más largo plazo, el modelo de estas gomitas podría inspirar el desarrollo de otros alimentos azules para la infancia en distintas regiones del mundo, utilizando especies marinas locales con características similares. La clave estaría en adaptar las recetas y formatos a las preferencias culturales de cada país, manteniendo el enfoque en la nutrición infantil y la sostenibilidad marina.
Este primer prototipo de gomitas de pescado sitúa en el centro una idea que cada vez resuena más en la agenda internacional: los recursos marinos bien gestionados pueden ser aliados decisivos para mejorar la alimentación de la infancia, apoyar la pesca artesanal y construir sistemas alimentarios más resilientes, un enfoque que podría tener recorrido tanto en América Latina como en España y el resto de Europa.
