El queso, en el centro de la actualidad: robos, crisis sanitarias, ferias, exportaciones y cultura quesera

  • Robo de 3.600 kilos de queso en una quesería artesanal de Cáceres mediante butrón, con un botín valorado en 60.000 euros.
  • Grecia afronta una grave crisis de viruela ovina y caprina que pone en jaque la producción y exportación de queso feta.
  • España multiplica su presencia internacional con campañas y exportaciones de queso, especialmente a Estados Unidos.
  • El auge de la cultura del queso se refleja en campeonatos, promociones en supermercados y nuevas queserías especializadas.

queso en primer plano

El queso se ha convertido en protagonista absoluto de la actualidad en España y en Europa, no solo por su presencia cotidiana en la mesa, sino también por una serie de sucesos económicos, gastronómicos y hasta policiales que lo han colocado en el centro del debate. Desde robos millonarios en queserías artesanales hasta crisis sanitarias que amenazan la producción de fetas griegas, pasando por campeonatos de tartas de queso, como el World Cheese Awards, promociones en supermercados y el auge de pequeñas tiendas especializadas, el mundo quesero vive un momento tan intenso como complejo.

Mientras los consumidores siguen disfrutando de quesos artesanos, industriales, frescos y curados en recetas tradicionales o de vanguardia, el sector afronta retos de seguridad, sanidad animal, competencia internacional y cambios en los hábitos de consumo, como la alerta por listeria y E. coli. Todo ello dibuja un panorama en el que la cultura del queso crece y se diversifica, pero a la vez debe lidiar con problemas que van desde los butrones nocturnos hasta el impacto de enfermedades en los rebaños.

Golpe a una quesería artesanal: robo masivo en Cáceres

Uno de los episodios que más han llamado la atención en los últimos días es el robo de alrededor de 3.600 kilos de queso en la quesería artesanal Los Casareños, situada en el polígono industrial de Casar de Cáceres. Los ladrones emplearon la técnica del butrón, perforando paredes o techos para acceder al interior sin generar sospechas inmediatas. El valor estimado del botín ronda los 60.000 euros, una cifra muy significativa para una empresa de tamaño medio centrada en la producción artesanal.

Este tipo de asalto no es improvisado: todo apunta a que los autores conocían bien las instalaciones y el producto almacenado, lo que refuerza la hipótesis de una operación planificada y profesional. La quesería, con fuerte arraigo en la zona, se dedica especialmente a la elaboración de Torta del Casar con Denominación de Origen Protegida, un queso de pasta blanda muy valorado tanto dentro como fuera de Extremadura.

El impacto del robo va más allá del golpe económico inmediato. La sustracción de miles de kilos de queso supone la pérdida de meses de trabajo en la maduración y el cuidado del producto, algo difícil de reponer de la noche a la mañana. Desde el Ayuntamiento de Casar de Cáceres se ha subrayado el daño que esto representa para el tejido productivo local, al afectar de lleno a una quesería que contribuye a la identidad gastronómica de la comarca.

La Policía Judicial se desplazó a las instalaciones tras el suceso, precintó la zona y comenzó a recopilar pruebas y grabaciones de seguridad, entre ellas las de una gasolinera cercana, para tratar de identificar movimientos sospechosos de vehículos o personas durante la noche del robo. Por ahora no se han producido detenciones, pero las fuerzas de seguridad manejan la posibilidad de que se trate de una banda organizada que estaría actuando en varios polígonos de la provincia de Cáceres con un mismo modus operandi.

La crisis de la viruela ovina y el futuro del queso feta griego

En el ámbito europeo, el queso también está en el centro de una situación delicada. Grecia afronta una grave epidemia de viruela ovina y caprina que ha obligado al sacrificio de cerca de medio millón de animales entre ovejas y cabras. El brote, detectado inicialmente en el norte del país a finales de 2024, se ha extendido con fuerza, sin que las medidas aplicadas hasta ahora hayan logrado frenarlo de manera efectiva.

El Gobierno griego se encuentra ante un dilema sanitario y económico de enorme calado. La Organización Mundial de Sanidad Animal y la Comisión Europea recomiendan la vacunación para contener la enfermedad, pero el Ejecutivo heleno se resiste a dar ese paso por las consecuencias que tendría sobre el comercio exterior. Vacunar significaría asumir oficialmente que el virus está ampliamente extendido y perder el estatus de país libre de la enfermedad, lo que implicaría restricciones muy severas a la exportación de productos de origen ovino y caprino.

El epicentro de la preocupación está en el queso feta, elaborado exclusivamente en Grecia a partir de leche de oveja y cabra y protegido con una Denominación de Origen que impide producirlo con ese nombre en otros países. Aproximadamente el 80% de la leche ovina y caprina griega se destina a la elaboración de feta y, de ese volumen, alrededor del 65% se exporta. Estamos hablando de unas 140.000 toneladas anuales de feta dentro de una producción total de unos 200.000 toneladas de quesos blandos, con exportaciones que superan los 700 millones de euros en un solo año.

La viruela ovina y caprina, causada por virus del grupo de los capripoxvirus, no se transmite a los humanos, pero presenta una elevada mortalidad en rumiantes y una gran resistencia en el entorno. El patógeno puede permanecer meses en corrales contaminados o en la lana y las costras de los animales, lo que complica su eliminación si no se aplican medidas muy estrictas de bioseguridad y desinfección. La transmisión se produce tanto por contacto directo entre animales como por el polvo contaminado e, incluso, a través de insectos que actúan como portadores mecánicos.

Mientras Bruselas insiste en que la vacunación debe complementarse con el sacrificio sanitario tradicional para reducir los contagios, el Ejecutivo griego ha apostado por el llamado “vaciado sanitario”: cada vez que se detecta un foco, se sacrifica la totalidad de la explotación y se procede a la eliminación controlada de los cadáveres mediante quema y enterramiento. Paralelamente, han surgido informaciones sobre ganaderos que recurren a vacunas no autorizadas importadas de terceros países, lo que añade un problema extra, ya que dificulta distinguir si los anticuerpos provienen de la infección o de la vacunación ilegal.

El impacto socioeconómico en el medio rural griego es enorme. Las indemnizaciones oficiales, cifradas en torno a 200 o 250 euros por animal sacrificado, se consideran insuficientes por muchos productores, que ven cómo pierden rebaños de cientos de cabezas construidos durante años. Reconstruir una explotación lechera ovina o caprina puede llevar dos o tres años, y varios ganaderos se plantean abandonar la actividad. Al mismo tiempo, los expertos advierten de que, si la situación se prolonga, el queso feta podría disparar su precio y convertirse en un producto casi de lujo a corto plazo por la reducción drástica de leche disponible.

Lecciones desde España: brotes controlados y miedo por quesos emblemáticos

La crisis en Grecia resuena especialmente en países como España, donde el sector ovino y caprino también sustenta quesos con gran peso económico y cultural, como el manchego. Hace apenas unos años, los ganaderos españoles vivieron una situación de alerta cuando se detectó viruela ovina y caprina en la provincia de Granada, con focos que se extendieron por la comarca de Baza y alcanzaron zonas de Cuenca.

En el caso español, los brotes se limitaron a un número relativamente reducido de explotaciones y se optó por el sacrificio de los animales afectados y fuertes restricciones de movimiento. Según especialistas en sanidad animal, el episodio podría haberse atajado aún antes si todos los ganaderos hubieran respetado al máximo las limitaciones de traslado de ganado e implementado de forma estricta las medidas de bioseguridad.

Aun así, España llegó a perder temporalmente el estatus de país libre de viruela ovina y caprina, que posteriormente recuperó una vez controlada la enfermedad y transcurrido el periodo necesario sin nuevos focos. La experiencia española se ha convertido en un referente de que es posible reconducir un brote sin recurrir a la vacunación, siempre que el número de casos sea reducido y se actúe con rapidez y disciplina en el terreno.

El contraste con la situación helena es notable. En Grecia, el volumen de focos y explotaciones afectadas es mucho mayor, lo que hace más complejo confiar únicamente en el sacrificio como herramienta de control. Mientras en España el riesgo para quesos de renombre, como el manchego, se contuvo a tiempo, en Grecia el feta se encuentra en el centro de una tormenta que combina sanidad animal, comercio internacional y normativa europea sobre denominaciones de origen.

Exportaciones españolas al alza: el queso como embajador gastronómico

En paralelo a estos problemas sanitarios, la industria quesera española ha protagonizado un importante crecimiento en sus exportaciones, especialmente hacia mercados lejanos pero de alto poder adquisitivo, como Estados Unidos. Pese a un contexto de tensión comercial y subida de aranceles para productos europeos, las empresas queseras españolas han logrado incrementar sus ventas a ese país en torno a un 34%, superando holgadamente los 12 millones de euros.

Este avance resulta aún más llamativo si se compara con el comportamiento de otros grandes productores. Mientras Francia e Italia han registrado aumentos modestos de sus exportaciones de queso a Estados Unidos, del 6% y del 2% respectivamente, España ha conseguido posicionarse con un dinamismo mucho mayor. Entre los productos más apreciados figuran quesos con sello de calidad como el manchego, el murciano al vino o el Mahón, aunque los consumidores estadounidenses empiezan también a mostrar interés por variedades consideradas minoritarias o muy artesanales.

El mercado norteamericano es especialmente atractivo por el elevado consumo per cápita de queso, que ronda los 17 kilos por persona y año, más del doble del consumo doméstico en España, situado en torno a los 7,8 kilos anuales en el hogar. Esta diferencia explica que una parte significativa de la producción española se oriente ya a la exportación, hasta el punto de que el queso se ha consolidado como el principal producto lácteo que España vende al exterior, con un valor aproximado de 400 millones de euros.

Para reforzar esta presencia, el sector ha apostado por campañas de promoción específicas en mercados clave. Una de las más destacadas es “Cheestories”, una especie de viaje por carretera protagonizado por una familia de creadores de contenido estadounidenses que recorre diferentes regiones españolas descubriendo su diversidad quesera. La iniciativa, respaldada por la interprofesional láctea InLac y cofinanciada por la Comisión Europea, ha generado millones de visualizaciones y un notable impacto mediático, hasta el punto de ser considerada un ejemplo de buena práctica en promoción agroalimentaria europea.

Precio, competencia y el papel de la distribución en España

El buen rendimiento en el exterior contrasta, sin embargo, con algunas dificultades dentro del propio mercado español. Las queserías denuncian una pérdida de competitividad frente a quesos muy baratos procedentes del norte de Europa, de bajo valor añadido y precios difícilmente igualables por los productores nacionales. En un contexto de inflación y presión sobre el bolsillo de las familias, una parte de los consumidores termina decantándose por estas opciones más económicas, lo que resta cuota al queso de origen español; incluso han salido a la luz casos como la retirada de queso rallado por problemas de seguridad.

Las cadenas de supermercados juegan un papel clave para equilibrar calidad y precio. En este terreno, algunas enseñas han desarrollado líneas de quesos de marca propia con fuerte presencia de materia prima nacional y precios ajustados; por ejemplo, iniciativas que impulsan el queso fresco canario en su surtido. El objetivo es ofrecer desde quesos frescos tipo Burgos hasta variedades más intensas, así como productos para untar, cocinar o montar tablas, intentando que los consumidores no renuncien a quesos de origen local por motivos económicos.

Entre las referencias habituales en este tipo de campañas sobresalen quesos frescos de vaca y de cabra, rulos de cabra premiados, cremas para untar y cheddar en varias curaciones, además de algunas especialidades internacionales como la burrata o el queso cottage, pensadas tanto para el consumo diario como para platos más elaborados. La estrategia pasa por asociar marca propia con buena relación calidad-precio, manteniendo una fuerte presencia de leche de origen nacional en la elaboración y complementando la oferta con quesos de países de larga tradición quesera como Italia, Francia, Holanda o Alemania.

Estas propuestas se alinean con la política de algunas cadenas de mantener precios de descuento sin renunciar a la variedad, reduciendo el coste de muchos productos y facilitando que el queso siga siendo un alimento presente en la cesta de la compra semanal. De este modo, la distribución se convierte en una pieza relevante para sostener el consumo interno y, al mismo tiempo, para dar salida a la producción de un sector que encuentra en la exportación su gran vía de crecimiento.

Ferias, campeonatos y experiencias: el boom de la cultura del queso

Más allá de la industria y los lineales del supermercado, la cultura del queso vive un auténtico auge en el terreno gastronómico y de ocio. Las tartas de queso, o cheesecakes, incluidas versiones como la tarta de queso vegana, se han convertido en uno de los postres de moda en España, con obradores especializados, locales centrados casi en exclusiva en este dulce y propuestas virales que llenan redes sociales. En ciudades como Madrid proliferan pastelerías y restaurantes que presumen de tener “la mejor tarta de queso de la ciudad”.

En este contexto ha surgido un campeonato nacional dedicado a encontrar la mejor tarta de queso del país, bajo el nombre de The Champions Cheesecake. Este evento reúne a una quincena de obradores procedentes de distintos puntos de la geografía española —desde Madrid y Barcelona hasta regiones como Castilla-La Mancha, Extremadura, Cantabria o Ibiza—, ofreciendo una panorámica muy variada de cómo se interpreta este postre según cada territorio.

Cada participante compite con dos recetas: una versión clásica y otra innovadora. La primera busca representar la tarta de queso de corte más tradicional, mientras que la segunda deja total libertad creativa para sorprender con sabores, texturas o combinaciones poco habituales, desde toques de frutos secos o especias hasta guiños a otros postres y golosinas. El público asistente puede degustar las distintas propuestas y participar en una votación para conceder dos reconocimientos: mejor tarta clásica y mejor tarta innovadora.

Este tipo de citas se suman a la presencia creciente del queso en programas de cocina, rutas gastronómicas y actividades de divulgación. En Andalucía, por ejemplo, espacios culinarios televisivos han dedicado programas monográficos a las comarcas queseras, mostrando elaboraciones artesanales de cabra y oveja y utilizando quesos locales como ingrediente principal en recetas saladas, desde solomillos rellenos hasta arroces melosos.

El resultado es una mayor visibilidad de queserías pequeñas y medianas que encuentran en estos formatos un escaparate para dar a conocer sus productos fuera del circuito habitual. El queso deja de ser solo un acompañamiento en la mesa para convertirse en eje de experiencias gastronómicas, festivales y ferias, con un público cada vez más interesado en conocer su origen, métodos de maduración y posibilidades en la cocina.

Nuevas queserías, historias personales y suscripciones mensuales

El auge del queso también se nota en la apertura de tiendas especializadas que combinan venta, asesoramiento y cultura quesera. En ciudades de tamaño medio, como Irun, han surgido comercios impulsados por jóvenes emprendedores que, tras viajar por medio mundo y trabajar en establecimientos de referencia internacional, han decidido apostar por el queso como forma de vida.

Algunas de estas tiendas nacen tras experiencias en lugares tan singulares como grandes queserías de Estados Unidos, con cientos de referencias de todo el mundo, donde se aprende tanto de logística y selección como de trato al cliente; incluso incorporan novedades como el queso vegano. De vuelta a casa, el objetivo es ofrecer una cuidada selección de quesos nacionales e internacionales, desde clásicos como el manchego o el Roncal hasta especialidades francesas, holandesas o italianas menos conocidas para el gran público.

En muchos casos, estos proyectos buscan trabajar lo más directamente posible con pequeños productores, incluyendo otros productos gourmet que acompañan al queso, como mermeladas artesanas, conservas o vinos elegidos al detalle. La idea es construir una relación estrecha entre quienes elaboran el producto y quienes lo consumen, con la tienda como punto de encuentro.

Una de las fórmulas que más crece es la del “club del queso” o suscripción mensual, por la que los clientes reciben cada mes una caja con varias cuñas seleccionadas, a menudo de quesos que no se encuentran habitualmente en la tienda. Este modelo permite descubrir nuevas elaboraciones y sirve como banco de pruebas: si ciertas referencias gustan mucho a los suscriptores, acaban incorporándose de forma estable al catálogo del establecimiento.

El elevado nivel de demanda en fechas señaladas, como la Navidad, demuestra que el queso se ha consolidado como un regalo gastronómico con mucha aceptación, en forma de cestas, tablas personalizadas o lotes temáticos. Para muchas de estas pequeñas queserías urbanas, la campaña navideña supone semanas de trabajo intenso hasta altas horas, pero también la confirmación de que existe un público dispuesto a valorar la diversidad y calidad del producto.

Queso, vino y refranes: de “que no te la den con queso” al maridaje consciente

La profunda implantación del queso en la cultura española se aprecia incluso en el refranero. Una expresión tan repetida como “que no te la den con queso” tiene su origen en la relación entre queso y vino, y alude a prácticas poco transparentes en algunas bodegas de antaño. La costumbre consistía en ofrecer queso muy curado y potente antes de dar a probar un vino de baja calidad, con defectos de acidez o taninos verdes.

La lógica detrás de esta triquiñuela era clara: la grasa y los aromas intensos de un queso muy curado saturan el paladar, de modo que resultaba más difícil percibir los fallos del vino. De ahí que algunos especialistas en enología sigan advirtiendo de que, si se quiere evaluar de verdad un vino, no conviene tomar queso justo antes de la cata, al menos si se trata de quesos fuertes.

Sin embargo, esto no significa que vino y queso sean enemigos irreconciliables, ni mucho menos. El maridaje entre ambos es una práctica muy extendida, tanto en bodegas como en casas particulares, con la idea de armonizar intensidades y complementar sabores. De forma general, se recomienda asociar quesos suaves con vinos ligeros y quesos potentes con caldos más estructurados o dulces, ajustando cada caso al perfil de producto.

Ejemplos habituales de maridaje incluyen quesos de pasta blanda tipo camembert o brie con blancos suaves o tintos jóvenes, quesos curados de vaca con tintos de gran cuerpo, quesos azules con vinos dulces de contraste y manchego con tintos de crianza. La clave está en evitar que uno de los dos elementos tape por completo al otro, algo que se logra probando distintas combinaciones y observando cómo reacciona el paladar.

En un momento en el que proliferan catas comentadas y talleres de introducción al queso y al vino, este antiguo refrán sirve como recordatorio de la importancia de degustar con criterio y no dejarse llevar solo por la primera impresión. Lejos de la picaresca de otros tiempos, hoy el objetivo de quienes organizan maridajes es que el público entienda por qué ciertos quesos encajan mejor con unos vinos que con otros, y aprenda a disfrutar de ambos con más consciencia.

Todo este conjunto de historias —desde el robo a una quesería extremeña y la crisis de la viruela que amenaza las fetas griegas, hasta el tirón exportador del queso español, las promociones en supermercados, los campeonatos de tartas y las nuevas tiendas de barrio— muestra cómo el queso se ha convertido en un auténtico termómetro de la realidad económica, cultural y gastronómica. Lo que ocurre en las ganaderías, en las fábricas, en los mercados internacionales y en las pequeñas queserías de ciudad acaba reflejándose en la tabla que se sirve en casa, donde conviven preocupaciones por el precio y la seguridad con el simple placer de cortar una cuña y compartirla en buena compañía.

queso feta en ensalada
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