El consumo de ultraprocesados se ha triplicado en España: datos, riesgos y respuesta

  • España ha pasado del 11% al 32% de calorías de ultraprocesados en tres décadas.
  • The Lancet reúne a 43 expertos y pide medidas regulatorias urgentes.
  • Asocian mayor consumo con obesidad, diabetes, riesgos cardiovasculares y más.
  • Propuestas: etiquetado claro, límites publicitarios, retirada de centros públicos e impuestos.

Consumo de ultraprocesados en España

En España, la presencia de alimentos ultraprocesados en la dieta se ha disparado del 11% al 32% del aporte calórico en aproximadamente tres décadas, una evolución que coloca al país entre los que más han acelerado este cambio alimentario en Europa, ligado al auge del fast-food.

Una serie especial de la revista científica The Lancet, elaborada por 43 especialistas en salud pública y nutrición, advierte de que este patrón está desplazando a los alimentos frescos y empeorando la calidad global de la dieta, con implicaciones sanitarias que exigen una respuesta regulatoria coordinada.

alimentos ultraprocesados
Artículo relacionado:
Alimentos ultraprocesados: evidencia, riesgos y nuevas reglas del juego

España, entre los crecimientos más rápidos

Las estimaciones se basan en encuestas de adquisiciones de los hogares realizadas en 1990, 2000 y 2010, utilizadas como referencia cuando no hay registros individuales de consumo; con la tendencia observada, los expertos apuntan que la cuota actual podría ser aún mayor.

Alimentos ultraprocesados en España

Entre las voces españolas de la serie destacan Maira Bes-Rastrollo (Universidad de Navarra) y Renata Bertazzi (vinculada a la Universidad de Salamanca y al IBSAL), quienes señalan que el avance de estos productos ya se percibe en la cesta de la compra y en los hábitos cotidianos, comprometiendo el patrón de dieta mediterránea.

Qué son exactamente los ultraprocesados

Se trata de formulaciones industriales diseñadas para sustituir alimentos integrales, elaboradas con ingredientes de bajo coste (por ejemplo, aislados proteicos, jarabes de glucosa o fructosa, aceites hidrogenados) y con aditivos cosméticos que realzan sabor, color o textura sin mejorar su valor nutricional.

Una forma práctica de identificarlos es revisar la lista de ingredientes y usar herramientas para calcular el azúcar de los alimentos, y detectar marcadores como emulsionantes, edulcorantes, potenciadores del sabor o colorantes, además de compuestos de uso industrial poco habituales en la cocina doméstica (p. ej., maltodextrina, caseína, proteína de suero, jarabe de maíz de alta fructosa).

Efectos en salud: lo que indica la evidencia

La revisión en The Lancet sintetiza más de un centenar de estudios de seguimiento y encuentra asociaciones consistentes entre una alta ingesta de ultraprocesados y mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, depresión, alteraciones renales y mortalidad prematura.

Algunos trabajos citados describen incrementos de riesgo que, según el desenlace, alcanzan valores relevantes (por ejemplo, hasta un 18% más de mortalidad entre los mayores consumidores, y aumentos en eventos cardiometabólicos o digestivos). También se exploran posibles vínculos con la microbiota intestinal y oral, línea de investigación activa en equipos españoles.

Los autores recuerdan que buena parte de la evidencia es observacional y reconocen la necesidad de más ensayos controlados para depurar causalidad; con todo, la solidez y consistencia del conjunto de hallazgos sostienen la urgencia de actuar en políticas públicas.

Medidas propuestas: del etiquetado a los impuestos

El paquete de recomendaciones incluye un etiquetado frontal que identifique de forma clara los ultraprocesados y sus aditivos, restricciones estrictas a la publicidad dirigida a menores, y la retirada de estos productos de comedores escolares, hospitales y otras instituciones públicas.

Asimismo, se plantea limitar su exposición en supermercados y aplicar impuestos específicos, destinando la recaudación a abaratar el acceso a frutas, verduras y alimentos frescos en hogares con menos recursos, en línea con las orientaciones de la OMS y la FAO.

En la presentación de la serie, la investigadora Camila Corvalán defendió que comprar ultraprocesados no puede resultar más sencillo ni barato que hacerse con opciones saludables, subrayando el papel de los incentivos fiscales para reequilibrar la elección.

El papel de la industria y el mercado

El informe describe un sector altamente rentable, con ventas globales estimadas en más de 1,9 billones de dólares, que impulsa el consumo mediante márketing agresivo, diseños llamativos e influencia política, llegando a bloquear regulaciones o a moldear el debate público.

Con datos comparables de 93 países, el consorcio constata una expansión generalizada de los ultraprocesados; España figura entre los casos con aumentos más rápidos, mientras que en otros mercados maduros la cuota ya supera la mitad de las calorías.

España: margen de mejora y oportunidad

Los equipos españoles implicados insisten en recuperar el patrón de dieta mediterránea y acompañarlo de políticas coordinadas que reduzcan la exposición poblacional a estos productos, más allá de la voluntad individual.

Entre las prioridades, expertos proponen avanzar en etiquetado claro, limitar la presión comercial y asegurar que en la oferta pública (escuelas, hospitales, centros cívicos) predominen los alimentos frescos, junto a medidas fiscales que faciliten su acceso.

El conjunto de evidencias y propuestas dibuja un escenario en el que España puede contener la escalada de ultraprocesados si integra acciones regulatorias, educativas y de entorno alimentario, sin perder de vista la evaluación científica continua para afinar las intervenciones.

Con la dieta diaria cediendo terreno a los ultraprocesados, el país encara un reto sanitario y social: contener un consumo que se ha triplicado y fortalecer la disponibilidad de comida real, apoyándose en ciencia, políticas bien diseñadas y un entorno que haga más fácil elegir mejor.