La población infantil y juvenil con enfermedad celíaca en España arrastra una carencia que suele pasar desapercibida: una ingesta insuficiente de folato (vitamina B9) a pesar de seguir de forma estricta la dieta sin gluten que marca el tratamiento. Esta situación preocupa a especialistas en nutrición y salud pública, que alertan de las posibles consecuencias sobre el crecimiento y el desarrollo de los menores.
Un trabajo del grupo de investigación Alimentación y Nutrición en la Promoción de la Salud (CEU-NutriFOOD), de la Universidad CEU San Pablo, liderado por la catedrática Elena Alonso-Aperte, ha puesto números a este problema. Sus conclusiones apuntan a una ingesta de folato por debajo del 80% de las recomendaciones nutricionales, lo que abre la puerta a revisar tanto la calidad de los productos sin gluten presentes en el mercado español como las políticas de fortificación dirigidas a este colectivo.
Menores celíacos y folato: una carencia silenciosa
La enfermedad celíaca afecta en torno al 1% de la población y su único tratamiento reconocido consiste en seguir una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. En el caso de niños y adolescentes, este patrón alimentario no es solo una cuestión de evitar síntomas digestivos: también condiciona el aporte de nutrientes clave, entre ellos el folato.
El nuevo estudio del equipo CEU-NutriFOOD detecta que la ingesta de folato en menores celíacos se sitúa por debajo del 80% de las recomendaciones. Es decir, incluso cumpliendo con la dieta sin gluten, estos niños y adolescentes no llegan a los niveles considerados adecuados para su edad y etapa de desarrollo.
Esta deficiencia se explica, en buena parte, porque la dieta sin gluten obliga a eliminar cereales como el trigo, que son una fuente tradicionalmente importante de folato en la población general. Al sustituirse por productos específicos sin gluten, muchos de ellos de menor densidad nutricional, se genera un vacío que no siempre se compensa con otras fuentes de vitamina B9.
El folato resulta esencial en etapas de crecimiento rápido, pues participa en la formación de glóbulos rojos, la síntesis de ADN y otros procesos metabólicos fundamentales. Un déficit mantenido puede relacionarse con anemia, alteraciones del crecimiento e incluso posibles repercusiones sobre el desarrollo cognitivo, un aspecto que preocupa especialmente cuando hablamos de infancia y adolescencia.
Las investigadoras recuerdan que, aunque la dieta sin gluten es imprescindible para evitar el daño intestinal en la enfermedad celíaca, no basta con retirar el gluten: es necesario revisar el conjunto de la alimentación y la calidad de los productos utilizados para que no aparezcan nuevos problemas derivados de una dieta desequilibrada.
Qué revela el análisis de 629 productos sin gluten en España
Para entender mejor el contexto, el grupo CEU-NutriFOOD ha recurrido a la base de datos GLUTENFREE-2019, creada por el propio equipo investigador. A partir de esta herramienta se analizaron 629 productos sin gluten comercializados en España, desde panes y repostería hasta otros alimentos procesados dirigidos a la población celíaca.
El resultado fue claro: solo una proporción muy reducida de estos productos está enriquecida con ácido fólico, la forma sintética de la vitamina B9 que se emplea habitualmente en fortificación alimentaria. Esta baja presencia de alimentos fortificados limita seriamente las posibilidades de que los menores celíacos cubran sus necesidades de folato a través de los productos específicos que consumen a diario.
Según detallan las autoras del estudio -entre ellas Violeta Fajardo, Rocío de la Iglesia, María Purificación González, María de Lourdes Samaniego-Vaesken, María Achón, Ángela García-González, Natalia Úbeda y la propia Alonso-Aperte-, muchos productos sin gluten presentan un perfil nutricional menos completo que sus equivalentes con gluten, lo que refuerza la importancia de revisar su composición más allá del simple hecho de que no contengan esta proteína.
Los datos ponen sobre la mesa una realidad incómoda: buena parte de los alimentos específicos para celíacos que se encuentran en los lineales de los supermercados españoles no solo son más caros, sino que tampoco ayudan todo lo que podrían a cubrir los requerimientos de vitaminas y minerales, como el folato, en una etapa crucial del desarrollo.
Esta situación deja a las familias ante un doble desafío: por un lado, afrontar el mayor coste económico de los productos sin gluten y, por otro, tener que compensar con una planificación dietética muy cuidadosa las carencias derivadas de alimentos procesados que, en demasiados casos, no están pensados con un enfoque integral de salud.
Fortificación con ácido fólico: una propuesta concreta de salud pública
Ante este panorama, las investigadoras del CEU-NutriFOOD no se han limitado a describir el problema; también han trabajado en una propuesta de intervención concreta. Mediante un modelo de simulación, han evaluado el impacto potencial de incorporar ácido fólico a determinados productos sin gluten de consumo habitual entre niños y adolescentes celíacos.
El modelo plantea añadir ácido fólico en una cantidad moderada de 60 microgramos por cada 100 gramos de producto. Con esta dosis, los cálculos muestran que sería posible alcanzar las recomendaciones de ingesta de folato en la población infantojuvenil con enfermedad celíaca, sin que aparezca un riesgo relevante de excesos.
Las autoras destacan que esta estrategia se inspira en políticas de fortificación ya aplicadas en otros países con alimentos como la harina de trigo. En esos contextos, la adición de ácido fólico a productos de consumo masivo se ha utilizado como herramienta de salud pública para prevenir deficiencias de vitamina B9, especialmente en mujeres en edad fértil y en población general.
El ácido fólico, además, presenta una buena estabilidad durante los procesos tecnológicos y a lo largo de la vida útil de los alimentos, lo que significa que el nutriente permanece en cantidades relevantes en el producto final sin alterar su sabor, textura u otras características sensoriales que puedan afectar a la aceptación por parte de los consumidores.
Los autores del trabajo subrayan que esta propuesta de fortificación no pretende sustituir la educación nutricional ni la importancia de una dieta variada, pero sí ofrecer una herramienta realista y aplicable para mejorar el estado de folato en un colectivo especialmente vulnerable, sin exigir cambios radicales en sus hábitos de consumo.
Calidad nutricional de los productos sin gluten: más allá del folato
El nuevo estudio se enmarca en una línea de trabajo más amplia del grupo CEU-NutriFOOD, que lleva tiempo analizando la calidad nutricional de los alimentos sin gluten disponibles en el mercado español. Una de las investigaciones previas, firmada por González y colaboradores, comparó el contenido de grasa y fibra de panes sin gluten frente a sus homólogos con gluten.
En ese análisis se observó que, aunque el incremento de fibra en los panes sin gluten supone un avance relevante para compensar carencias históricas de estos productos, el perfil lipídico resulta preocupante. Muchos panes sin gluten recurren a margarina y grasas saturadas de coco o palma, ingredientes que apenas se encuentran en los panes con gluten y que no son precisamente los más recomendables desde el punto de vista cardiovascular.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que el reto no se limita al folato: es necesario replantear el diseño global de los productos sin gluten, de forma que no solo cumplan el requisito de ser aptos para celíacos, sino que también contribuyan a una dieta saludable en conjunto.
Para las familias, esta realidad se traduce en la necesidad de leer detenidamente las etiquetas e intentar priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados cuando sea posible. Sin embargo, en la práctica, muchos niños y adolescentes con enfermedad celíaca consumen a diario panes, galletas y otros productos específicos, por lo que la mejora de su calidad nutricional se convierte en una cuestión clave.
El trabajo del equipo CEU-NutriFOOD insiste en que, si se quiere proteger la salud de los menores celíacos a medio y largo plazo, no basta con garantizar la ausencia de gluten: resulta imprescindible abordar de manera decidida el perfil de grasas, fibra, vitaminas y minerales de los productos que forman parte de su día a día.
Equidad y políticas de fortificación: los celíacos, fuera de juego
Más allá de los aspectos puramente nutricionales, las investigadoras ponen el foco en una dimensión estructural del problema: las políticas de fortificación vigentes rara vez tienen en cuenta a la población celíaca. Cuando se enriquece con ácido fólico la harina de trigo u otros cereales con gluten, la mayor parte de los productos resultantes son consumidos por la población general, pero no por quienes deben evitarlos por motivos de salud.
En la práctica, esto significa que los menores con enfermedad celíaca quedan al margen de los beneficios de estas medidas de salud pública, a pesar de que su riesgo de deficiencias nutricionales puede ser incluso mayor que el de la población sin restricciones dietéticas.
A esta desigualdad se suma el hecho de que los productos sin gluten específicos son con frecuencia más caros y menos accesibles, lo que supone una carga económica añadida para muchas familias. Cuando, además, estos alimentos no aportan un perfil nutricional óptimo, la brecha se agranda.
El estudio del CEU-NutriFOOD plantea que la fortificación de alimentos sin gluten con ácido fólico, bien diseñada y en dosis moderadas, podría mejorar la equidad en salud, permitiendo que la población celíaca también se beneficie de estrategias de prevención de deficiencias que ya se aplican de manera generalizada en otros grupos.
El reto, insisten las autoras, pasa por desarrollar políticas de fortificación equilibradas que consideren tanto la eficacia como la seguridad, evitando ingerencias excesivas y valorando cuidadosamente qué tipos de productos sin gluten deberían priorizarse a la hora de incorporar ácido fólico u otros micronutrientes.
En conjunto, los trabajos del grupo CEU-NutriFOOD dibujan un escenario en el que la mejora de la calidad nutricional de los alimentos sin gluten y la implementación de estrategias de fortificación específicas pueden marcar una diferencia real en la salud de niños y adolescentes celíacos. Abordar el déficit de folato no es solo una cuestión de cifras en una tabla: implica replantear cómo se diseñan, regulan y consumen estos productos para que la dieta sin gluten sea, además de segura, verdaderamente completa.