La recta final del invierno y el inicio de la Cuaresma han vuelto a poner el foco en el bolsillo de quienes consumen pescado y marisco de forma habitual. En numerosos mercados se repite la misma escena: más clientes buscando alternativas sin carne roja y unos precios que, en mayor o menor medida, van escalando conforme se acerca la Semana Santa.
Este aumento no responde a un único factor. Comerciantes y autoridades coinciden en señalar una combinación de mayor demanda estacional, encarecimiento de insumos como transporte y hielo, y dificultades para conseguir determinadas especies. Aun así, algunos productos siguen actuando como salvavidas para el presupuesto familiar, con la mojarra a la cabeza como opción más asequible.
Subidas generalizadas y especies que se disparan
En distintos puntos de venta, desde mercados municipales hasta centros de abasto urbanos, los vendedores reportan un repunte de precios de hasta un 20% en varios pescados y mariscos con la vista puesta en los primeros viernes de vigilia. El incremento se nota especialmente en productos de mar que requieren cadena de frío y traslados más largos.
En algunos mercados se habla ya de un encarecimiento promedio cercano al 15%, aunque en la práctica hay especies con saltos mucho más acusados. Camarones de mejor calibre, productos de exportación como ciertos filetes y mariscos de difícil captura pueden llegar a registrar subidas superiores al 30% respecto a meses anteriores.
Los comerciantes explican que, en esta época, el consumo de carne roja cae de forma notable, sobre todo los viernes, y eso se traduce en una presión extra sobre la oferta de mariscos. Esa dinámica de más demanda y oferta limitada termina reflejándose en las pizarras de precios, especialmente conforme se acerca la Semana Santa.
En mercados donde la Cuaresma funciona como auténtico motor económico, muchos puestos han optado por ampliar surtido y ofrecer combos familiares, promociones por kilo y preparaciones listas para llevar, tratando de compensar los incrementos con mayor volumen de ventas y algo de flexibilidad en el precio final.
Productos estrella y alternativas más económicas
No todos los artículos del mostrador suben con la misma intensidad. Mientras algunos mariscos se han puesto por las nubes, otros logran mantenerse relativamente estables gracias a su origen y abundancia. La mojarra se ha convertido en una de las grandes protagonistas de esta temporada, sobre todo en formato pequeño, al ser una de las opciones más baratas y demandadas por las familias.
En muchos puntos de venta, la mojarra ronda entre 70 y 120 pesos por kilo, dependiendo de la procedencia y el tipo de mercado. Allí donde llega de presas o embalses con buen nivel de producción, su precio se mantiene más estable, amortiguando los efectos de la inflación que sí golpean con fuerza a otros pescados de mar.
Junto a la mojarra, especies como el bagre y determinados filetes de pescado se venden bien por su equilibrio entre precio y versatilidad en cocina. En algunos mercados también se han posicionado el surimi y los medallones de pescado como formatos económicos, con rangos de precios más contenidos para atraer a quienes buscan algo práctico sin gastar de más.
No obstante, otros productos tradicionales de la mesa de Cuaresma se han encarecido bastante. La pulpa de jaiba figura entre los artículos más caros: hay puestos donde se ofrece entre 350 y 400 pesos el kilo, y los comerciantes aseguran que lleva varias temporadas manteniéndose en esa franja alta por la dificultad para conseguir suficiente producto.
El camarón, siempre en primera línea de precios
Si hay un producto que refleja bien la tensión entre demanda y coste es el camarón. Comerciantes reconocen que, incluso cuando procede de granja, sus precios ya parten de niveles elevados y rara vez retroceden. En muchos puestos, el kilo de camarón cocido se mueve en torno a 170 pesos, pero los tamaños más grandes pueden alcanzar sin problema los 340 pesos por kilo.
En otras plazas de venta, el camarón fresco llega a situarse cerca de los 260 pesos por kilo, mientras que el camarón seco, usado para caldos y tortitas, arranca en torno a los 220. Esa diferencia entre el producto fresco y el deshidratado hace que muchos hogares recurran al camarón seco porque cunde más en cocina y ayuda a estirar el presupuesto sin renunciar al sabor.
Las referencias de los últimos meses muestran que algunos calibres que rondaban precios más bajos a final de año han ido ajustándose al alza durante febrero y marzo, coincidiendo con el pico de consumo cuaresmal. Esta tendencia preocupa a los compradores habituales, que se ven obligados a replantear menús y a sustituir el camarón grande por opciones locales menos costosas.
A pesar de ello, el camarón sigue siendo uno de los mariscos más solicitados, tanto en mercados tradicionales como en puntos de venta especializados. Su presencia en cocteles, caldos y platos festivos hace que, incluso con los incrementos, continúe ocupando un lugar fijo en la lista de la compra de muchas familias durante estas fechas.
Otros pescados populares: robalo, huachinango y negrilla
Más allá del camarón, hay varias especies de pescado que están notando con fuerza el efecto temporada. El robalo, muy apreciado en numerosos hogares, prácticamente ha duplicado su precio respecto al año anterior en algunos mercados, situándose en bandas de entre 170 y 200 pesos por kilo. Comerciantes recuerdan que durante diciembre llegó a encontrarse a alrededor de 100 pesos, aprovechando una mayor disponibilidad de captura.
Algo similar ocurre con el huachinango, un pescado de color rojo muy valorado y orientado en buena medida a la exportación. En plazas mayoristas y mercados especializados, sus precios se mueven entre 180 y 220 pesos por kilo, consolidándose como un producto más bien de gama alta en la cesta de compra de Cuaresma.
Para quienes no quieren renunciar al sabor del huachinango, se ha popularizado una variante de menor tamaño conocida coloquialmente como “tesorito”, que ofrece un precio más accesible, moviéndose generalmente entre 70 y 120 pesos por kilo. Esta opción permite a muchos hogares seguir consumiendo esta especie sin que el gasto se dispare tanto.
La negrilla es otra de las favoritas en estas fechas. Se trata de un pescado muy buscado por su sabor y textura, y su cotización suele ser similar a la del robalo, alcanzando alrededor de 200 a 220 pesos por kilo. Comerciantes señalan que, año tras año, se mantiene como uno de los productos estrella cuando se intensifica la tradición de evitar la carne roja.
En contraposición, la mojarra vuelve a destacar como la opción más económica dentro del mostrador de pescados, con precios en algunos mercados en torno a los 70 pesos por kilo. Esta diferencia de coste hace que muchas familias acaben optando por preparaciones sencillas de mojarra frita o al horno, dejando especies más caras para momentos puntuales.
Mercados con precios en dólares y ventas más flojas
En plazas donde la referencia de precios es el dólar, también se observa un comportamiento muy parecido: un amplio abanico de tarifas, desde productos muy económicos en el rango de 1 a 3 dólares, hasta mariscos de mayor valor que pueden costar 5 o 6 dólares la libra. En esos mercados, la sensación general es que, aunque las cifras son relativamente accesibles, la afluencia de clientes ha sido menor que en años anteriores.
Listas oficiales de precios elaboradas por organismos de protección al consumidor muestran que, en estos entornos, se pueden adquirir especies como camarones pequeños a unos 3 dólares la libra y camarones rojos alrededor de 5 dólares. Las colas de langosta se mueven entre 4 y 5 dólares, y los langostinos se sitúan en torno a los 6 dólares, configurando una franja media-alta dentro de la oferta disponible.
Entre las alternativas más baratas figuran pescados como la corvinata y el pargo, con piezas que parten de 1 dólar y apenas superan los 3 dólares, así como el atún, que ronda los 2,50 dólares. El salmón, dependiendo del puesto, suele ubicarse en un tramo de 2,50 a 3,50 dólares, mientras que los filetes elaborados llegan a 4 dólares y el robalo puede alcanzar los 5 dólares.
A pesar de estos precios, considerados competitivos por muchos compradores, los vendedores comentan que el movimiento sigue algo apagado: algunos puestos llegaron a permanecer cerrados durante la mañana y la imagen de pasillos repletos en Miércoles de Ceniza se ha sustituido por un flujo más disperso de clientes. Entre las causas se mencionan cambios en la movilidad urbana y la prolongación de festividades locales que habrían desviado la atención de los consumidores.
Para contrarrestar esta situación, los comerciantes optan por mantener los productos lo más frescos y baratos posible, además de ofrecer promociones específicas, por ejemplo para personas jubiladas. Confían en que, con el avance de la Cuaresma, la clientela vaya en aumento y las ventas recuperen el terreno perdido respecto a otros años.
Control de precios y recomendaciones al consumidor
En paralelo a los movimientos del mercado, las autoridades de defensa del consumidor han intensificado la vigilancia en pescaderías, mercados y supermercados, con el objetivo de evitar abusos en plena temporada alta. Se realizan visitas constantes para comprobar que los precios estén claramente visibles y que las básculas se encuentren debidamente calibradas.
En algunos territorios, se ha puesto bajo seguimiento un amplio catálogo de especies -más de un centenar de variedades de productos marinos- con el fin de registrar diariamente precios mínimos y máximos. Esta información sirve como referencia para detectar desviaciones significativas y sancionar a los establecimientos que se excedan con sus márgenes de ganancia.
Las recomendaciones de las autoridades a los consumidores pasan por comparar precios entre mercados tradicionales y grandes superficies, revisar las listas oficiales antes de salir de casa y asegurarse de que el peso cobrado coincide con el que marca la báscula. También insisten en la importancia de revisar el estado del pescado: ojos claros, agallas de tono rojizo y carne firme que vuelva a su sitio tras presionarla son señales clave de frescura.
En plazas con fuerte tradición de venta de pescado, como los grandes mercados municipales, se sugiere priorizar la compra entre semana y evitar los momentos de mayor saturación, como los viernes de vigilia. Esto no solo permite encontrar mejores precios y menor aglomeración, sino también disponer de más tiempo para elegir piezas de calidad y preguntar al vendedor por el origen del producto.
Ante el encarecimiento de ciertas especies, expertos y autoridades recomiendan ajustar los menús de Cuaresma apostando por pescados locales de temporada y complementando con verduras y legumbres, que ayudan a equilibrar el gasto sin renunciar a platos nutritivos.
El panorama general que dibujan los mercados de pescado en esta Cuaresma es el de una temporada de fuerte simbolismo religioso y tradición culinaria marcada por una clara tensión entre costes al alza y bolsillos limitados. Mientras algunas especies suben con fuerza -como la pulpa de jaiba, el robalo o determinados camarones-, otras como la mojarra, el bagre o ciertos filetes siguen actuando como refugio para quienes no quieren renunciar al pescado. Con más vigilancia oficial, consejos de ahorro y una oferta cada vez más diversificada, la clave para el consumidor pasa por comparar, preguntar y adaptarse a un mercado que, temporada tras temporada, ajusta sus precios al ritmo de la demanda.
