Cómo cambian la compra y el consumo quienes usan Ozempic

  • Los hogares españoles que consumen GLP-1 como Ozempic reducen su gasto en alimentación y bebidas un 3,1% en valor y 3,8% en volumen.
  • Se desploma la compra de chocolate, snacks salados y alcohol, mientras suben frutas, huevos, legumbres y aceite de oliva.
  • El perfil tipo es de clase media, entre 50 y 64 años, con fuerte presencia de mayores de 65 y concentración en Andalucía, Levante y área metropolitana de Barcelona.
  • En Estados Unidos, los usuarios de estos fármacos llegan a gastar hasta un 31% menos en comida y bebida, presionando a la industria de ultraprocesados.

Impacto de Ozempic en el consumo de alimentos

El uso de medicamentos adelgazantes como Ozempic y otros fármacos GLP-1 no solo está cambiando las consultas médicas y las básculas, también está alterando la forma en la que muchos hogares hacen la compra. Los datos más recientes apuntan a un ajuste claro en el gasto en alimentación y bebidas entre quienes siguen estos tratamientos, con un recorte moderado en el total, pero muy intenso en ciertos tipos de productos.

En España, el fenómeno empieza a coger tracción y ya deja huella en la cesta de la compra. Según cifras de Worldpanel by Numerator, los consumidores que utilizan estos fármacos reducen su gasto en comida y bebida un 3,1% en valor y un 3,8% en volumen frente a la media, con un patrón de consumo que deja a un lado los caprichos habituales y se orienta más hacia productos básicos y percibidos como más saludables.

Un 3,1% menos de gasto y un 3,8% menos de volumen en la cesta de la compra

Los datos recopilados por Worldpanel by Numerator muestran que los hogares españoles donde se consumen GLP-1, como semaglutida (la molécula presente en medicamentos tipo Ozempic, Mounjaro o Wegovy), ya suponen alrededor del 6% de las viviendas del país. Estos hogares concentran un gasto anual estimado de 5.400 millones de euros en alimentación y bebidas.

En este grupo de consumidores, el impacto en la cesta de la compra es claro: se observa una reducción del 3,1% en el gasto total y de un 3,8% en el volumen de productos adquiridos en comparación con el resto de hogares. No se trata, sin embargo, de un recorte homogéneo en todo lo que meten en el carrito, sino de un ajuste muy selectivo en función del tipo de producto.

El informe subraya que esta bajada no responde a un simple recorte general, sino a una pauta “selectiva y estratégica”: los pacientes que utilizan estos fármacos tienden a dejar de comprar ciertos alimentos muy concretos y a reforzar la compra de otros que consideran más esenciales o alineados con sus objetivos de salud.

El efecto de estos medicamentos, que disminuyen la sensación de hambre y la apetencia por alimentos muy calóricos

Desplome del chocolate, snacks y alcohol entre los usuarios de GLP-1

Donde el cambio se hace más evidente es en los productos considerados indulgentes, aquellos que suelen asociarse con el placer inmediato y el consumo impulsivo. En los hogares que usan medicamentos como Ozempic, la compra de tabletas de chocolate cae con fuerza: el volumen se reduce en torno a un 18% (17,9%), según las cifras disponibles.

La misma tendencia se aprecia en las patatas fritas, snacks salados y otros fritos, que registran un descenso cercano al 13,5%. Estos artículos, muy ligados al picoteo entre horas o a momentos de ocio, parecen ser de los primeros sacrificados cuando el apetito se modera y el consumo se vuelve más racional.

El ajuste no se limita a los dulces y los snacks. También se recoge una caída notable en las bebidas alcohólicas, tanto en el caso del vino, con una bajada de aproximadamente un 12,5%, como en el de la cerveza, que pierde alrededor de un 11,4% de volumen de compra en estos hogares. La combinación de menor apetito, mayor control del consumo y una posible preocupación por la salud parece pasar factura al alcohol.

En conjunto, los datos describen un auténtico “desplome de la indulgencia” entre quienes utilizan estos tratamientos, con un “fuerte abandono” de los productos más calóricos, azucarados o grasos. Para las categorías de ultraprocesados y de bebidas alcohólicas, este cambio representa un reto directo a su modelo de negocio a medio y largo plazo.

Frutas, huevos, legumbres y aceite de oliva ganan protagonismo

Al otro lado de la balanza, los hogares consumidores de GLP-1 están reorientando parte de su presupuesto hacia alimentos básicos y considerados más saludables. Las cifras indican un ligero pero consistente incremento en la compra de frutas y huevos, ambos con aumentos en torno al 1,4% en volumen.

Las legumbres y hortalizas también salen bien paradas en este nuevo contexto. Destacan especialmente los guisantes, cuyo volumen de compra crece alrededor de un 5,9% en estos hogares, un dato que apunta a una cesta más rica en proteínas vegetales y fibra, en línea con muchas recomendaciones nutricionales actuales.

Uno de los productos que más llama la atención es el aceite de oliva, que registra un verdadero salto en estos consumidores: el volumen de compra se dispara cerca de un 24,8%. En un país donde este ingrediente ya es clave en la cocina diaria, este aumento refuerza el vínculo entre los tratamientos para perder peso y un patrón de compra más cercano a la dieta mediterránea.

Este desplazamiento del gasto desde los productos indulgentes hacia los básicos encaja con la idea de una cesta de la compra “más austera, pero no necesariamente más pequeña”. Es decir, los hogares reducen aquello que consideran superfluo o poco compatible con sus objetivos de salud y mantienen o incluso elevan el consumo de alimentos que perciben como de primera necesidad.

Quiénes son los consumidores de Ozempic y otros GLP-1 en España

Más allá de lo que compran, los datos permiten perfilar con bastante detalle a quién hay detrás de estos cambios en el supermercado. En términos de nivel socioeconómico, el grueso de usuarios de GLP-1 en España se concentra en la clase media, que agrupa aproximadamente al 32,1% de los consumidores de estos medicamentos.

Por edades, el grupo más destacado se sitúa entre los 50 y los 64 años, que suponen alrededor del 35,2% de los usuarios, una proporción algo superior a su peso en el conjunto de la población española (cerca del 32,4%). Es decir, la franja de edad previa a la jubilación tiene una presencia especialmente relevante en este tipo de tratamientos.

Justo detrás aparece el colectivo de mayores de 65 años, que concentra en torno al 31,5% de los consumidores de GLP-1. Esta cifra gana importancia si se tiene en cuenta el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de patologías como la obesidad y la diabetes tipo 2 en edades avanzadas.

El mapa cambia también si se observa la distribución geográfica. Casi uno de cada cuatro usuarios de estos medicamentos se ubica en Andalucía, que se sitúa como la región con mayor presencia relativa. Tras ella aparecen el área de Levante, con alrededor de un 16,8% de los consumidores, y el área metropolitana de Barcelona, que agrupa aproximadamente un 11,7%.

Lo que está ocurriendo en Estados Unidos: hasta un 31% menos de gasto

Mientras en España la reducción del gasto entre quienes utilizan estos tratamientos ronda el 3,1%, en Estados Unidos las cifras son mucho más contundentes. Allí, distintos análisis apuntan a que los consumidores de fármacos como Ozempic pueden llegar a gastar hasta un 31% menos

La penetración de estos medicamentos también es más elevada al otro lado del Atlántico. Se calcula que aproximadamente un 12% de los adultos estadounidenses toma algún tipo de fármaco con GLP-1, según la consultora Bernstein, con un crecimiento anual cercano al 30%. Además, la posibilidad de adquirir algunos de estos productos a precio libre en farmacias, sin las mismas restricciones que en Europa, ha favorecido su rápida expansión.

Los expertos anticipan que, a medida que entren en el mercado medicamentos más baratos, el uso podría acelerarse todavía más. Se habla ya de alternativas que podrían situarse por debajo de los 50 dólares al mes, frente a las dispensaciones que hoy pueden superar ampliamente los 1.000 dólares mensuales para algunos tratamientos.

Las implicaciones económicas también son de calado. Proyecciones de firmas como KPMG apuntan a que esta reducción del consumo de alimentos podría traducirse en un recorte del gasto en alimentación de hasta 48.000 millones de dólares anuales en Estados Unidos en la próxima década. Una cifra que da una idea de la magnitud del cambio al que se enfrenta la industria.

Desafíos para la industria de la alimentación y nuevas estrategias

El giro en los hábitos de compra de los usuarios de GLP-1 se ha convertido en una llamada de atención para las empresas de alimentación y bebidas. El retroceso en chocolate, snacks salados, bollería o alcohol obliga a muchas marcas a replantear su oferta para no quedarse atrás en un contexto donde el consumidor mira cada vez más la etiqueta y el tipo de producto que incorpora a su dieta.

Consultoras como KPMG señalan que la respuesta del sector pasa por impulsar productos más saludables o funcionales, con un mayor contenido en proteínas, fibra o suplementos con beneficios concretos, y por formatos pensados para generar saciedad con raciones más pequeñas. Todo ello acompañado de una comunicación más transparente y con respaldo científico sobre los efectos para la salud.

La propia Worldpanel by Numerator, a través de expertos como Joan Riera, client service director, advierte de que este cambio “no es una tendencia menor”, sino un cambio de calado con impacto directo en la rentabilidad de categorías como los ultraprocesados y las bebidas alcohólicas. A medida que más consumidores adopten estos tratamientos, el peso de estos segmentos en la cesta de la compra podría seguir encogiéndose.

En el caso de España, el impacto no se espera tan extremo como en Estados Unidos, entre otros motivos por la menor prevalencia de obesidad (en torno al 17,5% de la población se declara obesa frente al 42% en EE. UU.) y por la influencia de patrones como la dieta mediterránea o el ayuno intermitente, que tienen una presencia relevante, especialmente entre los más jóvenes.

El panorama que dibujan los datos de España y de Estados Unidos apunta a un escenario en el que los medicamentos como Ozempic no solo condicionan el peso y la salud de quienes los toman, también remodelan el mercado alimentario. Menos caprichos, menos alcohol y un mayor peso de alimentos básicos y percibidos como saludables dibujan una cesta de la compra distinta, en la que el gasto baja de forma moderada en España y de manera mucho más acusada en Estados Unidos, con efectos que la industria ya no puede permitirse ignorar.

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