El rechazo a comer carne es más eficaz que la fuerza de voluntad

Un nuevo estudio congregó a más de 700 personas y se les mostró imágenes de platos con carne. Entre los participantes había vegetarianos, flexitarianos y omnívoros. El resultado del estudio deja claro que la carne tiene cada vez menos aceptación, incluso en la gente que la come a diario.

El estudio se realizó en la Universidad de Exeter, en Reino Unido y participaron 711 personas divididas entre 402 omnívoros, 203 flexitarianos y 106 vegetarianos. En las fotografías mostradas había todo tipo de alimentos y la carne recibía un porcentaje de repugnancia hasta 2 veces mayor que otros alimentos también ricos en carbohidratos como son el huevo, el arroz, el pan, las patatas fritas, etc.

La investigación consistía en calificar 6 imágenes desde «nada repugnante a muy repugnante». Asimismo, tenían que mostrar algún signo de evidencia de ese sentimiento de rechazo hacia la imagen. La gran mayoría de los participantes mostraban rechazo, aunque la consumían de forma habitual.

Esto último es algo que choca con los resultados del estudio, y es que el 75% de los omnívoros y más del 20% de los vegetarianos se decantaban por la carne y decían que les gustaba mucho. Es un poco incongruente ¿no?, ya que sentían rechazo a la vez que aseguraban que les gustaba. Pues no es del todo descabellado, ya que algo puede gustarnos, pero si no estamos de acuerdo con cómo se desarrolla, se obtiene, o se fabrica, podemos sentir ese rechazo que a veces es más poderoso que la fuerza de voluntad.

La fuerza de voluntad no es suficiente para cambiar los hábitos

Tiras de carne acpmpañadas de verduras

Los especialistas dijeron que el factor del rechazo es incluso mayor que la fuerza de voluntad a la hora de decidir comer menos carne. Hay muchos que deciden disminuir su ingesta por motivos de salud o por motivos éticos, dado el maltrato animal que se enconde detrás de la industria cárnica.

En el estudio se comenta que el rechazo hacia la carne, tras la participación en el estudio, se asoció a una menor ingesta de este alimento a lo largo de los 6 meses siguientes.

Puede ser que el consumo de carne esté influido por la familia, las tradiciones culturales, la economía, la accesibilidad a otros alimentos, y aspectos similares que rodean a quienes la comen casi por inercia.

Los investigadores confían en que este tipo de estudios e intervenciones con personas aleatorias ayude a reducir el consumo de carne. En la actualidad, este consumo se ha desbordado, es insostenible e insalubre, aparte de poco ético. Esto es lo que ha hecho que muchas personas decidan reducir su consumo e incluso sustituir las proteínas animales por las proteínas vegetales.

Este estudio ayuda a entender por qué algunas personas, teniendo el mismo conocimiento de la situación, deciden rechazar la carne y otras no. Parece ser que la fuerza de voluntad y las buenas intenciones no son del todo eficaces a la hora de disminuir el consumo, sino que es necesario sentir ese rechazo desde lo más profundo del cerebro.

La investigación finaliza comentando que no han sido capaces de determinar si el rechazo hacia hace que se coma menos o si al intentar reducir la ingesta es cuando surge ese rechazo y esas sensaciones negativas. Nosotros creemos que depende de cada persona, pero sobre todo recae en la conciencia de cada uno.