Las bebidas energéticas se han colado en la rutina de estudiantes, conductores y trabajadores con jornadas maratonianas, pero la idea de impulso inmediato viene con letra pequeña: crece la preocupación por su impacto en la salud, especialmente en menores, y ya se barajan límites de venta.
Más allá de la cafeína y el azúcar, muchas incluyen vitaminas del grupo B en cantidades muy elevadas. Ese extra, lejos de ser inocuo, puede provocar efectos paradójicos como fatiga y malestar cuando se supera con frecuencia lo recomendado.
Qué contienen y por qué preocupan

Un envase de medio litro puede aportar más de 150 mg de cafeína y alrededor de 55 g de azúcares, cifras equivalentes a varios cafés de carga fuerte y a un buen puñado de sobres de azúcar. En términos energéticos, una sola lata puede rozar en torno al 10% de las calorías diarias.
Como las vitaminas B son hidrosolubles, el exceso se elimina por la orina; sin embargo, la excreción puede verse comprometida en personas con problemas renales y, con consumos reiterados, aparecer alteraciones fisiológicas.
En la evaluación de riesgos, B3 y B6 se sitúan en niveles de preocupación moderada o alta por hipervitaminosis; en cambio, B2, B5 y B12 se consideran de riesgo bajo en las condiciones habituales de consumo.
El impacto en adolescentes y patrones de consumo

La última encuesta escolar en España refleja que más de la mitad de los chicos de 14 a 18 años tomó alguna en el último mes, con un porcentaje notable también entre las chicas. La tendencia viene al alza en la última década.
A escala europea, la autoridad de seguridad alimentaria señala que una amplia mayoría de adolescentes ha probado o consume estas bebidas. En población general (15-64 años), en España, la proporción que las tomó en el último mes ronda el 16%, con una evolución ascendente.
La normalización del uso es evidente: se recurre a ellas cuando aprieta el sueño, antes de exámenes o en viajes largos. Este patrón favorece ingestas en atracón y una exposición rápida a altas cargas de cafeína y azúcar.
Los especialistas insisten en que no son adecuadas para hidratar ni están pensadas para el deporte, pese a su presencia en patrocinios y eventos.
Hipervitaminosis: cuando las vitaminas cansan
En consulta se han notificado episodios llamativos. Una mujer de 25 años, sana y sin hábitos de riesgo, acudió por un cansancio persistente; las pruebas mostraron vitaminas B elevadas y signos de deshidratación. Reconoció tomar varias latas al día. Tras retirarlas, remitió la fatiga y los valores analíticos se normalizaron. El caso se presentó en un congreso reciente de medicina de familia.
El exceso puede dar lugar a picor, cefaleas, náuseas, enrojecimiento, nerviosismo y alteraciones del hígado. En cuadros extremos se han descrito hepatitis agudas, como la de un hombre de 50 años que bebía entre tres y cinco al día y acudió con malestar general, vómitos, ictericia y orina oscura.
Las vitaminas del grupo B permiten incluir en el etiquetado alegaciones aprobadas por la EFSA (función cognitiva, reducción de la fatiga, soporte del sistema nervioso). Son correctas en dosis adecuadas, pero con cantidades desproporcionadas el riesgo se dispara.
Otro frente problemático es la mezcla con alcohol: la cafeína enmascara la percepción de embriaguez, lo que facilita seguir bebiendo e incrementa la probabilidad de intoxicaciones y otros eventos adversos.
Medidas en estudio y recomendaciones oficiales
La preocupación por los más jóvenes ha llevado a varias autonomías a mover ficha. Asturias plantea limitar la venta a menores de 16 años y Galicia ha aprobado un proyecto de ley que equipara estas bebidas al alcohol en distintos aspectos, con envío al Parlamento y la intención de culminar la tramitación en breve.
A nivel estatal, no hay aún una medida específica en vigor. La agencia de seguridad alimentaria desaconseja su consumo a niños, embarazadas y mujeres en lactancia, y anima a comercializar envases más pequeños (hasta 250 ml). También sugiere estudiar la retirada de los formatos de 0,5 litros, algo que por ahora no se ha aplicado.
Además, otras regiones evalúan escenarios regulatorios para ordenar el acceso en comercios y eventos, dada su creciente presencia en supermercados y tiendas de conveniencia.
Deporte, alcohol y otras mezclas de riesgo
En deporte, los profesionales de la nutrición lo tienen claro: no hidratan ni mejoran el rendimiento. Para esfuerzos prolongados, el agua y, cuando proceda, bebidas isotónicas son la elección; las energéticas no están indicadas para reponer líquidos ni electrolitos.
En la salud bucodental tampoco salen bien paradas: su acidez, sumada al azúcar, favorece la erosión del esmalte y las caries, especialmente si se consumen a sorbos durante mucho tiempo.
Junto al alcohol, el riesgo se multiplica; y con ciertos fármacos (antidepresivos, tratamientos para la tensión, entre otros) pueden darse interacciones indeseadas. En adultos sanos, conviene no superar 400 mg de cafeína al día y evitar los atracones de latas.
El auge de estas bebidas convive con evidencias cada vez más sólidas sobre efectos adversos, consumo elevado en adolescentes y necesidad de medidas. La información clara, los envases moderados y evitar su uso en menores perfilan el camino más prudente mientras las comunidades afinan su regulación.