Alergias en Navidad: cómo reducir los síntomas con la decoración y las comidas típicas

  • Los adornos navideños almacenados acumulan polvo, ácaros y moho que pueden disparar las alergias respiratorias.
  • Árboles artificiales y naturales actúan como reservorio de alérgenos si no se limpian ni se guardan correctamente.
  • En España, más de un 20% de la población tiene alergias, por lo que la Navidad es una época de riesgo añadido.
  • La limpieza previa, el uso de mascarilla al manipular cajas y la moderación con alimentos típicos ayudan a pasar unas fiestas más seguras.

Decoración navideña y alergias

La llegada de diciembre suele asociarse con luces, reuniones y villancicos, pero para muchas personas también significa estornudos, picor de ojos y congestión nasal justo cuando se encienden las luces del árbol. Lo que parece una simple tradición familiar puede convertirse, sin darnos cuenta, en una auténtica trampa para quienes padecen alergias respiratorias.

En España, donde las fiestas navideñas se viven con especial intensidad, es frecuente que las casas se llenen de cajas que han permanecido cerradas todo el año. Esos adornos guardados en altillos, trasteros o armarios acumulan polvo, ácaros y hongos, que se dispersan por el aire en cuanto empezamos a decorar el salón. Y, aunque muchas personas relacionan sus alergias solo con la primavera, lo cierto es que la Navidad también puede ser una época complicada.

Por qué la decoración navideña dispara las alergias

Árbol de Navidad y alergias respiratorias

Las cajas de adornos que se bajan cada puente de diciembre llevan meses sin abrirse. Durante todo ese tiempo, las bolas, guirnaldas, coronas y figuras decorativas se convierten en un refugio perfecto para los ácaros del polvo y otros alérgenos. En cuanto se abren las cajas y se sacude la decoración dentro de casa, esas partículas pasan al ambiente y se inhalan con facilidad.

El alergólogo Chris Brooks, especialista en el centro médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, explica que muchas personas que notan alergia en primavera, verano u otoño ven cómo sus síntomas continúan o empeoran al montar el árbol de Navidad. La razón es sencilla: los alérgenos acumulados en la decoración se liberan justo en el momento en el que más tiempo pasamos en interiores, con calefacción y menos ventilación.

En este contexto, es fundamental tener en cuenta la situación europea y española. Según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), alrededor del 21,6% de la población adulta en España sufre algún tipo de alergia. Esto significa que un número considerable de personas podría ver agravados sus síntomas durante las fiestas si no se toman ciertas precauciones con la decoración y el ambiente del hogar.

No solo el polvo es responsable de las molestias. Los hongos y el moho también encuentran en cajas cerradas y lugares húmedos un entorno ideal para proliferar. Cuando se abre la caja del belén o se extiende una guirnalda almacenada en un trastero con humedad, pequeñas esporas pueden pasar al aire y provocar síntomas en personas sensibles: tos, picor en la garganta, goteo nasal o sensación de falta de aire.

Para quienes tienen alergia a los ácaros, este tipo de exposición adicional se suma a la de la propia vivienda. Los salones con alfombras, tapicerías y cortinas que apenas se lavan en invierno pueden concentrar aún más partículas irritantes, generando un cóctel poco amigable para narices y bronquios justo en una de las épocas más sociales del año.

Árboles de Navidad artificiales: foco de polvo, ácaros y otros alérgenos

Los árboles de Navidad sintéticos están presentes en muchos hogares europeos porque son prácticos, reutilizables y fáciles de montar. Sin embargo, al guardarse durante meses plegados en cajas o bolsas, se cubren de polvo y pueden albergar ácaros, moho e incluso restos de caspa de mascotas que se depositan sobre las ramas año tras año.

Tal y como señala el alergólogo Chris Brooks, los síntomas asociados a los árboles artificiales pueden ser algo más sencillos de prevenir si se limpia bien el polvo acumulado. Una buena sacudida al aire libre, el uso de un aspirador con filtro adecuado o pasar un paño ligeramente húmedo por las ramas antes de colocarlo en el salón puede marcar una gran diferencia en quienes padecen rinitis alérgica o asma.

Entre los síntomas más habituales provocados por estos alérgenos destacan la congestión nasal persistente, la tos nocturna, los estornudos en cadena y el picor en ojos y nariz. A veces se confunden con un resfriado típico de la temporada de frío, lo que retrasa que se identifique al verdadero responsable: el árbol y los adornos recubiertos de partículas irritantes.

Además, hay que tener en cuenta que el árbol artificial permanece semanas dentro de la vivienda. Cuanto más tiempo esté montado sin haberse limpiado bien, mayor será la carga de alérgenos que se va acumulando sobre su superficie y sobre los objetos cercanos, como sofás o mantas del salón.

El especialista también aconseja prestar atención al lugar de almacenamiento. Si el árbol se guarda en un trastero húmedo o mal ventilado, el riesgo de que aparezca moho aumenta. Esa combinación de humedad, oscuridad y polvo es justo el escenario que los hongos necesitan para crecer, por lo que, al abrir la caja al año siguiente, nos encontramos con un árbol aparentemente normal pero cargado de esporas.

Árboles de Navidad naturales y el papel del moho

Quienes optan por un abeto natural suelen hacerlo porque aporta olor a bosque, una estética más tradicional y una sensación de calidez muy propia de estas fechas. Sin embargo, también en este caso pueden aparecer problemas para las personas con alergias respiratorias, aunque el origen no suele ser el que muchos imaginan.

Según explican los alergólogos, los síntomas que surgen cerca de los árboles naturales no se deben generalmente al polen, ya que estos se talan fuera de la estación polínica y se colocan en interiores en pleno invierno. El verdadero problema aparece cuando el árbol se traslada a un entorno cerrado, más cálido y, en ocasiones, más húmedo que el exterior.

Durante el transporte y el almacenamiento, el tronco, la base y las ramas pueden ir acumulando esporas de moho procedentes de la tierra, la humedad del ambiente y los materiales empleados en su sujeción. Al introducir el árbol en un salón con calefacción, esas esporas pasan con mayor facilidad al aire que respiramos, lo que puede provocar molestias a personas sensibles.

El alergólogo Chris Brooks subraya que, cuando un árbol cortado entra en un interior donde la temperatura es más alta y puede haber algo de humedad, se crean condiciones que favorecen el crecimiento de moho. Las personas con antecedentes de asma, rinitis alérgica o sensibilidad a hongos pueden notar un empeoramiento de sus síntomas en los días posteriores a la instalación del árbol.

En España y en otros países europeos, cada vez es más habitual adquirir árboles naturales en viveros o puntos de venta temporales. Elegir ejemplares que hayan tenido un almacenaje correcto y evitar mantenerlos demasiado tiempo dentro de casa puede ayudar a reducir el impacto en quienes tienen las vías respiratorias más delicadas.

Cómo limpiar y guardar los adornos para minimizar las alergias

Más allá de elegir entre árbol artificial o natural, la clave está en los pequeños gestos previos a la decoración. Una limpieza cuidadosa de todos los elementos que han estado guardados durante meses es fundamental para reducir al máximo los alérgenos que acabamos respirando en el salón.

Los especialistas recomiendan limpiar las figuras, bolas y adornos con un paño ligeramente húmedo, mejor si se hace en una zona ventilada o incluso en el exterior, para que el polvo desprendido no se quede flotando dentro de la vivienda. En el caso de los árboles sintéticos, se puede sacudir bien fuera de casa y, si es posible, pasar un aspirador con buen filtro por las ramas y la base.

Otra medida útil es utilizar mascarilla al abrir las cajas y manipular la decoración, sobre todo en personas con alergias diagnosticadas o tendencia a la rinitis y el asma. Este gesto, que puede parecer exagerado a primera vista, evita que la primera nube de polvo y ácaros entre directamente en nariz y boca mientras se ordenan las cajas del trastero.

Igual de importante es pensar en el «desmontaje» navideño. Guardar los adornos en cajas herméticas, en lugar de bolsas abiertas o cajas rotas, reduce muchísimo la acumulación de polvo y la entrada de humedad a lo largo del año. De este modo, cuando vuelva diciembre, la cantidad de alérgenos será notablemente menor.

También conviene revisar el lugar donde se almacenan las cajas: evitar zonas muy húmedas, con goteras o condensación es esencial para que el moho no haga acto de presencia. Un trastero seco, bien ventilado y con las cajas elevadas del suelo será siempre mejor que un rincón oscuro y húmedo.

Alergias alimentarias en Navidad: cuidado con las comidas típicas

La otra cara de las alergias en Navidad no está en las luces ni en los árboles, sino en la mesa. El doctor Tomás Chivato, alergólogo y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo CEU, recuerda cada año la importancia de vigilar qué comemos y bebemos en estas fiestas, sobre todo en personas con alergias o intolerancias alimentarias.

Las celebraciones de Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo suelen ir acompañadas de menús abundantes, largos aperitivos y sobremesas eternas. Aunque el ambiente invita a «dejarse llevar», Chivato insiste en que los excesos no son una buena idea, ni para quienes tienen alergia ni para quienes no la tienen, tanto por la sobrecarga digestiva como por el riesgo de ingerir inadvertidamente algún alérgeno.

Este especialista hace hincapié en un principio clásico: la moderación en la comida y la bebida. En el caso de las personas con alergias a alimentos como frutos secos, marisco, huevo o ciertos aditivos, la precaución debe ser aún mayor. Los platos compartidos, los canapés variados y los postres caseros donde no se detalla bien la lista de ingredientes pueden provocar reacciones indeseadas si no se pregunta con calma qué lleva cada receta.

Además de la parte estrictamente alérgica, Chivato advierte de que el alcohol es un «muy mal compañero» para conducir, algo especialmente relevante en unas fechas con muchos desplazamientos, a menudo en condiciones meteorológicas adversas. Las cenas y brindis no solo pueden complicar la digestión o favorecer reacciones, sino también aumentar el riesgo en carretera si no se actúa con responsabilidad.

Pese a todo, el mensaje del alergólogo es positivo: es perfectamente posible disfrutar de las comidas navideñas, las sobremesas familiares y el ambiente festivo manteniendo la prudencia. Planificar los menús teniendo en cuenta las alergias de todos los comensales, avisar con antelación de cualquier alimento problemático y apostar por raciones más razonables ayuda a evitar sustos en plena celebración.

Cuando se habla de alergias en Navidad, muchas veces se piensa solo en el frío o en el clásico resfriado invernal, pero el auténtico reto está en lo que colocamos en el salón y en lo que servimos en la mesa. La combinación de árboles y adornos cargados de polvo y moho, junto a banquetes abundantes donde pueden colarse alérgenos alimentarios, convierte estas fechas en un momento delicado para millones de personas. Con unos cuantos hábitos sencillos —limpiar y guardar bien la decoración, ventilar la casa, usar mascarilla al manipular cajas, moderar las comidas y revisar los ingredientes— es posible mantener la «magia» de estas fiestas sin que vaya acompañada de estornudos, tos ni sustos innecesarios para la salud.