Los corredores son los que más suelen sufrir la bursitis de rodilla, conocida popularmente como “pata de ganso”. Es una lesión bastante molesta y que es fundamental curarla inmediatamente, de lo contrario puede desembocar en tendinitis crónicas y problemas mayores. Te contamos qué es, qué la causa y cómo puedes evitarla.

¿Qué es la pata de ganso?

La bursitis de rodilla es el resultado de la inflamación de una bolsa con líquido sinovial (es el que disminuye la fricción entre los cartílagos y otros tejidos de las articulaciones para lubricarlas durante el movimiento), situada en la parte interna de la rodilla, entre la tibia y los tres tendones que la conectan con los isquiotibiales.

En la rodilla tenemos cinco tipos de bursas que se sitúan en distintas zonas de esta articulación. En el caso de que se nos inflame la bolsa que está en la zona medial, sufriremos la “pata de ganso”. Cuando se inflama, irradia un dolor intenso en la rodilla, dejándola rígida y limitando el movimiento de la articulación (cojera).
Suele darse en deportes que usan en exceso la rodilla, como el running o boxeo, aunque también se da en personas con sobrepeso, con problemas en la zona lumbar y pelvis o por malas pisadas.

¿Qué la provoca?

Centrándonos en los corredores, es una lesión muy frecuente y de la que todos huyen. Su causa es debido a que el correr provoca un fuerte impacto en algunas estructuras de nuestro cuerpo. Esto hace que aumente el desgaste de alguna de ellas y aparezcan lesiones como la bursitis de rodilla.

Para evitarla o reducir las posibilidades de aparición, es fundamental que los deportistas hagan un calentamiento adecuado y un entrenamiento limitado en sus posibilidades. Asimismo, es imprescindible que se tomen su tiempo en volver a la calma y no parar en seco para descansar.

¿Tiene tratamiento o se puede evitar?

Si tenemos síntomas de una posible lesión, lo primero que hay que hacer es acudir al médico para que nos certifique la importancia del dolor. Seguramente nos derive a un fisioterapeuta, quien determinará el tratamiento específico. Normalmente estará basado en estiramientos, tratamientos naturales y algún cambio alimenticio.

Quizá algunos expertos también incluyan técnicas especiales como la aplicación de ultrasonido, la termoterapia, los masajes, la electroterapia, el kinesiotaping, etc.

Lógicamente tendrás que guardar reposo. No sólo hablamos del deportivo, sino del cotidiano. En el ámbito deportivo, espera entre una semana y diez días para volver a hacer deporte de manera gradual.
Si sufres dolor e inflamación, aplícate hielo. Puedes ponerlo unas tres o cuatro veces al día si notas que la zona está caliente o roja. Eso si, no lo dejes más de 15 minutos, ya que puede hacer más lento el proceso de recuperación.