Muchas veces nos pasa que estamos en la cuarta semana de una rutina de entrenamiento, y el cuerpo se rebela. Nos empieza a dolor la zona lumbar y las rodillas, pero nos empeñamos en seguir entrenando y preparándonos para la competición que tanto esperamos. No obstante, debes parar.

Es cierto que para conseguir mejoras, es «necesario» que existan momentos de incomodidad, pero nunca podemos dejar de escuchar las señales del cuerpo, o podría acabar en lesión. Hubo un estudio que encontró que el 63% de los deportistas experimentaban dolor cuando entrenaban. Pero el deporte no debería doler, ¿verdad? Es cierto, aunque suele suceder.

Parte de la dificultad para clasificar el dolor bueno frente al malo está en la definición del dolor mismo. El dolor es un problema realmente difícil porque es complicado saber qué siente otra persona. Todos tenemos diferentes niveles de tolerancia, por lo que lo que es aceptable para mí podría no serlo para otra persona.

Para evaluar la gravedad de un dolor muscular durante un entrenamiento, podrías partir de un punto simple: si experimentas tanta incomodidad que, si tuvieras la opción, pararías, entonces estás ante algo grave.

¿Cómo saber si un dolor muscular puede acabar en una lesión?

  • Persiste. El malestar o el dolor que no desaparece con el tiempo o que empeora con la actividad es algo que debe abordarse.
  • Tipo de dolor. Las señales más claras de un problema grave son un dolor agudo o focal, hinchazón y síntomas mecánicos en las articulaciones (bloqueo, crujidos, calor).
  • Dolor nervioso. Los problemas del sistema nervioso (hormigueo, entumecimiento, dolor radiante o pérdida de fuerza) que continúan después de una pequeña pausa o al terminar el entrenamiento requieren atención.
  • Poca recuperación y sobreentrenamiento. Un dolor generalizado y un problema sistémico que puede durar días y semanas es grave. Algunos de los signos más reveladores son mentales/emocionales y pueden dar la cara en el mal humor, falta de deseo de hacer ejercicio y la calidad del sueño.
  • Ubicación. El dolor muscular en las extremidades, en lugar de cuello o espalda, es menos problemático. El dolor en la columna vertebral (cuello, parte media o baja de la espalda) es de lo más preocupante, incluso puede requerir cirugía si no se controla.

La clave está en prestar atención al problema antes de que se convierta en una lesión grave, algo que no hará que te mantengas tan solo un par de días fuera del entrenamiento para solucionarlo. Cuando aparecen síntomas de lesiones serias, lo primero que tienes que hacer es tomar un descanso hasta que abordes la causa del problema. Descubre la causa raíz y comienza a probar posibles soluciones.