Cada vez que sufrimos algún tipo de molestia muscular, lo primero que se nos ocurre es aplicar calor para relajarnos. Es normal que un baño de agua caliente o una ducha de vapor nos alivia enormemente. No obstante, exponernos de forma prolongada al calor, sobretodo usando mantas térmica, puede provocar más daño que beneficio. Aunque la terapia de calor sea una parte común de para recuperarnos físicamente, deberías evitar el uso excesivo de una manta térmica para dolores musculares.

Usar prolongadamente una manta térmica puede causar quemaduras y un aumento de la inflamación. Lo mejor es usar una compresa tibia para este tipo de terapia: empapando un paño limpio o una gasa con agua tibia, exprímelo hasta que esté seco y póntelo sobre el músculo dolorido durante unos 20 minutos.

¿Qué ha causado ese dolor?

El dolor muscular que se repite con mayor frecuencia suele deberse a una lesión por uso repetitivo o por algún tipo de tensión. Usar excesivamente los músculos durante el entrenamiento puede generar lesiones microscópicas en las fibras musculares. Esas fibras se inflaman como respuesta natural de tu cuerpo a las lesiones. Por eso es normal que comiences a sentir dolor a las pocas horas de entrenar de forma intensa.

La tensión muscular tiene dos causas principales: el estrés emocional y la mala postura. Ambas pueden causar espasmos en los músculos, que generan dolor. Los músculos doloridos por la tensión sufren síntomas parecidos a un pequeño calambre y son el resultado de la fatiga muscular.

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¿Por qué nos alivia la terapia con calor?

Si el dolor es uno de los síntomas principales que estás sufriendo, la terapia con calor puede mejorar significativamente. El calor ayuda a calmar los músculos porque cuando aplicamos calor a un músculo, se abren los vasos sanguíneos en esa zona. Este hecho hace que aumente el flujo sanguíneo.
Pero esa mejora de la circulación crea un efecto a corto y a largo plazo. El efecto inmediato es que la manta térmica relaja los músculos, que te proporcionará una sensación de alivio inmediata. Además, la terapia con calor también acelera parte de la recuperación, porque el aumento del flujo sanguíneo trae más células que ayudan a reparar el área más rápido.

¿Cómo evitar los efectos secundarios de la manta térmica?

Uno de los principales problemas del aumento del flujo sanguíneo es que también incrementa la inflamación. Si tienes una lesión aguda, una hinchazón extra es lo último que necesitas. La inflamación de los músculos no es solo un síntoma, sino también una causa de dolor muscular. Así que cualquier cosa que hagas y que aumente la inflamación, puede retrasar tu curación y causar dolor adicional cuando quitas el calor.

Cuidado con las quemaduras

Es cierto que no son muy comunes, pero las quemaduras son un peligro si dejas la manta eléctrica demasiado tiempo encendida. Puedes provocarte quemaduras de primer, segundo o, incluso, tercer grado por tener más tiempo de lo debido una manta en una misma zona. Esto es un riesgo especialmente grave para personas diabéticas o con otras afecciones que disminuyen la sensibilidad.

La manta eléctrica no tiene que doler mientras la tienes encendida. Aunque, al igual que ocurren con las quemaduras solares, es posible que las empieces a sentir demasiado tarde. Un uso prolongado de la manta térmica puede, literalmente, cocinar tu piel.

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