El «dolor» es un concepto que aún no se entiende, pero en los últimos años, muchas ciencias emergentes han desarrollado diferentes modelos para explicarlo.

¿Por qué todos (al menos alguna vez en la vida) experimentamos algún tipo de dolor lumbar?
¿Es realmente un problema estructural? ¿Son por desequilibrios musculares? ¿Nuestra estructura física es tan débil como parece?

En realidad, nuestras vértebras son realmente fuertes y estructuralmente sólidas, y el «modelo mecánico de dolor» (anomalías estructurales, asimetrías, mala postura) no parece estar respaldado por la ciencia o no tiene ninguna correlación significativa.

Aquí es donde entra el modelo neurobiológico del dolor, que muestra cómo el cerebro es capaz de modular la experiencia sensorial basada en nuestras creencias conscientes y subconscientes, el medio ambiente, nuestro estado emocional y durante cuánto tiempo se ha experimentado el dolor.
Es decir, el cerebro reúne señales sensoriales mientras a la vez envía otras nuevas para ajustar la sensibilidad de nuestros nervios, enmarcar nuestra experiencia sensorial y ajustar la forma en que interpretamos un estímulo sensorial. Después integra estos factores junto con las señales de los tejidos periféricos, generando finalmente lo que sentimos.

Cuando experimentamos dolor crónico, comenzamos a temer inconscientemente el movimiento, terminando en un estado de hiperreactividad. Nuestro sistema nervioso empieza a volverse muy sensible, percibiendo el dolor de manera muy desproporcionada incluso en respuesta a estímulos que normalmente se percibirían como benignos. Este proceso se llama sensibilización central.

Esta percepción alterada/aumentada del dolor no tiene nada que ver con nuestra estructura física (que ha evolucionado lo suficientemente bien como para poder resistir en varias circunstancias), sino más bien con nuestras creencias conscientes y subconscientes y el estado emocional hacia el problema, que han desarrollado a lo largo del tiempo ese dolor crónico.

Si conseguimos controlar el estrés y la ansiedad, hacemos ejercicio y realizamos una actividad diaria normal, lograremos reducir el poder del ciclo negativo en el que estamos atrapados.