Una de las lesiones más recurrentes en el mundo del deporte es la rotura fibrilar, aunque también pueden darse casos en personas que llevan un estilo de vida sedentaria. También se le conoce como rotura o desgarro muscular, ya que estamos hablando de la rotura de varias fibras de las que forman el músculo.
Dependiendo de la profundidad y el número de fibras rotas, la gravedad tendrá un nivel diferente y la recuperación también variará en el tiempo.

¿Qué es exactamente?

Una rotura fibrilar es la rotura de las fibras de un músculo que genera un dolor repentino, normalmente como causa de una contracción o un estiramiento pronunciado (elongación) violento. Suele aparecer con más frecuencia en personas que practican deporte de manera habitual, dándose sobre todo en la espalda y los músculos isquiotibiales y gemelos.

¿Cómo identificar los síntomas?

La rotura de músculo provoca un dolor repentino y agudo muy fácil de identificar, acompañado de la imposibilidad de mover el músculo. Suele aparecer también una sensación de debilidad y de hinchazón, aunque cada nivel de gravedad presenta síntomas diferentes.

Primer grado

Es la más frecuente y se considera leve. El área está sensible y, aunque dolorosa, permite que una recuperación de una semana aproximadamente.

Segundo grado

En este caso suele ir acompañado de un hematoma intramuscular, ya que se ha roto una gran cantidad de fibras y algún vaso. El moretón no aparece de manera inmediata, sino que pueden pasar horas o días. Normalmente, se tienen dificultades para mover el músculo y requiere reposar al menos durante dos semanas para una recuperación completa.

Tercer grado

Es la rotura más grave. Se identifica por un dolor muy intenso a consecuencia de la rotura total de las fibras. El músculo deja de poder tener su función completa y es muy probable que se necesite cirugía para suturar el músculo. En este caso, la recuperación es más lenta y tarda entre tres y cinco semanas hasta su condición normal.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

  • Una contracción o estiramiento violento (elongamiento) del músculo.
  • Una carga excesiva en el músculo cuando está fatigado o no hemos calentado previamente. También pueden darse casos en personas que tienen agujetas.
  • Haber tenido una lesión hace poco y no haber terminado la recuperación correctamente.
  • Un golpe o una caída.
  • Las personas que son sedentarias y que no realizan ejercicio habitualmente puede sufrir una rotura al empezar a practicar alguna actividad física debido al sobreesfuerzo para el músculo.
  • Una incorrecta nutrición, ya que las fibras son débiles y se vuelven más finas y frágiles.
  • Enfermedades cardiovasculares, como la diabetes.

¿Existe tratamiento?

La mejor manera de recuperarnos de una rotura muscular es el reposo. Además, la aplicación de frío en el área afectada (hielo o una compresa fría, durante máximo 10 minutos). Después se puede colocar un vendaje compresivo que rodee el músculo durante 20 minutos, pero es preferible que sea un fisioterapeuta el que marque la intensidad para no apretar demasiado y empeorar la situación.

Una vez pasados unos tres o cuatro días, algunos expertos recomiendan aplicar termoterapia para aumentar la dilatación de los vasos sanguíneos en el músculo afectado. Después de los días previstos para la recuperación, el paciente puede continuar haciendo su vida normal, sin realizar demasiado esfuerzo y entrenando sin carga.

Si no se sigue el tratamiento que establece el médico o el rehabilitador, cabe la posibilidad de que se desarrolle una osificación intramuscular. Esto aparece cuando se genera un hematoma junto a la rotura. Con la toma de antiinflamatorios podría evitar este problema añadido.