Es bien sabido que la natación es un ejercicio que recomiendan los fisioterapeutas y médicos como método de rehabilitación de una lesión. ¿Puede ser posible que nadar sea beneficioso para recuperarnos? Es evidente que estamos ante un deporte de bajo impacto, siempre que no entrenes como un profesional, que además ayuda a estirar todo nuestro cuerpo.

A pesar de que el agua ayuda a aportar una resistencia leve, ¿puede recuperarnos de una lesión de espalda?

Se han realizado estudios sobre la relación que tiene la natación con la recuperación de lesiones de espalda y se comprobó que en las fases más agudas, nadar ayudaba a regenerar las fibras y aumentar la probabilidad de recuperarse de la lesión. Por lo que podríamos decir que la natación acorta los plazos para recuperarnos si tenemos lesiones de espalda o cervicales.

Por supuesto, existen casos en los que el agua no es el mayor aliado y habría que acudir a la cirugía. O incluso, mezclar ambas para solucionar la fastidiosa lesión. Aun así, intentar recuperarnos con la natación siempre será mejor que darnos por vencidos y ponernos en manos de una operación.

¿Por qué se recomienda la natación para lesiones de espalda?

Básicamente, la razón fundamental es que no necesitas cargar peso, casi ni el tuyo propio. El agua ayuda se encarga de soportarte y aportar sensación de ligereza. Aunque es cierto que la zona inferior de nuestro cuerpo está en movimiento mientras nadas, por lo que tendrás que seguir unas indicaciones y técnicas para no presionar la zona lesionada.
Por ejemplo, puedes nadar boca arriba para “apoyarte” en el agua.

¿Cuánto tiempo debemos nadar?

Los expertos recomiendan, de forma general, acudir a la piscina mínimo 3 veces a la semana. Añadiendo también ejercicios de rehabilitación para fortalecer la espalda. Claro está que todo dependerá del grado de tu lesión, pero casi en el 100% de los casos, tu lesión cesará y no tendrás que recurrir a la cirugía.

¿Y si mi lesión es muy grave?

Ir a la piscina no significa que debamos nadar como si estuviéramos entrenando. Si estás en una fase muy aguda del dolor y no lo soportas, acude a la piscina para relajarte y aliviar el peso de tu cuerpo. Empieza realizando movimientos de bajo impacto hasta que con el paso de los días notes alivio.

No tengas miedo a no haber practicado antes natación como opción deportiva, quizá este sea el punto de partida que necesitabas para ello. En caso de que la practicaras y la abandonases por la lesión, plantéate recuperarte con leves ejercicios, no realizando largos.