¿Cuáles son las mejores zapatillas para el Camino de Santiago?

¿Cuáles son las mejores zapatillas para el Camino de Santiago?

Carol Álvarez

Si estamos buscando el mejor calzado para el Camino de Santiago, es porque probablemente será la primera pregunta al decidirnos emprender esta aventura. Saber cuidar bien los pies es vital y las zapatillas adecuadas ayudan a disfrutar de esta experiencia ya que los necesitaremos en buen estado durante muchos kilómetros y varios días.

Aunque no existe el zapato perfecto, hay algunos aspectos importantes a tener en cuenta a la hora de elegir el calzado para caminar. Y, sobre todo, hay que atender bien a los consejos para evitar lesiones o heridas.

¿Cómo elegir el mejor?

No hay una recomendación general para una determinada marca o tipo de calzado, pero existen algunas buenas técnicas para encontrar el que mejor se adapte a nosotros.

Talla

La talla debe ser perfecta, ni demasiado grande ni demasiado ajustada. Una talla demasiado grande puede hacer que el pie se mueva dentro del zapato y cause lesiones, y si está demasiado apretado, puede hacernos rozaduras que pueden amargar la experiencia.

Se recomienda obtener un par que sea de la mitad a una talla más grande de lo que normalmente usamos. El calcetín de senderismo que llevaremos será acolchado y un poco voluminoso. Además, los pies se hincharán al caminar. No descartaremos esto incluso si aún no lo hemos experimentado. Incluso si estamos en buena forma, la actividad física de caminar largas distancias sobre terreno duro hace que los pies de la mayoría de las personas se agranden.

Tipo de alto

Se aconseja llevar botas de montaña de caña baja o media, si queremos que el tobillo esté completamente protegido. Si optamos por botas de largo medio, lo ideal es que la tobillera esté inclinada para que podamos caminar sin molestias.

No se recomienda el uso de botas de caña alta porque además de ser muy rígidas, suelen ser más pesadas. Sin embargo, si vamos a hacer el Camino de Santiago en invierno y esperamos pasar por puertos de montaña donde encontraremos nieve, se recomienda el uso de botas de alta montaña, para proteger los pies del frío.

Soporte para pies

Las botas deben tener un sistema de cordones que nos permita ajustar bien el calzado a los pies, y así evitar las incómodas rozaduras que sufren muchos peregrinos en el Camino de Santiago. Del mismo modo, nos aseguraremos de que la lengüeta de la bota esté acolchada, ya que este tipo de sistema proporciona comodidad al pie, al caminar, y protege el empeine de golpes.

También es recomendable que las botas tengan refuerzos de goma en la puntera y el talón. Un talón demasiado blando puede causar lesiones en el talón de Aquiles. Los zapatos con suela de goma de carbono generalmente se adhieren mejor al terreno y son mucho más duraderos. Tener una buena absorción de impactos también es vital.

Impermeable y transpirable

Lo ideal es que el calzado tenga una membrana que sea impermeable y transpirable. Si vamos a hacer el Camino de Santiago en verano, la transpirabilidad es fundamental para evitar que se formen ampollas.

El calor en esa época del año, hace que los pies suden más y es necesario contar con este sistema de transpiración para evitar molestias. Muchos peregrinos dudan a la hora de llevar este tipo de calzado al Camino de Santiago en verano, por el calor que se concentra en los pies. No obstante, hay botas de montaña especialmente diseñadas para el verano que son mucho más ligeras y transpirables.

El calzado impermeable es especialmente importante si lo vamos a hacer en invierno o en épocas en las que la probabilidad de lluvia es alta.

calzado para el camino de santiago

Tipos recomendados

A lo largo de los muchos kilómetros que recorreremos encontraremos todo tipo de terrenos. Por eso es importante que elijamos un calzado resistente con una buena suela que se adapte a las diferentes rutas. Sin embargo, es una elección personal y cada opción tiene sus pros y sus contras. Lo más importante es elegir siempre la opción con la que nos sintamos más cómodos.

Botas de montaña

Las botas de montaña aportan mayor sujeción en la zona del tobillo. Suelen tener suelas más robustas, especialmente indicadas para terrenos escarpados o muy rocosos. Son la opción más cálida en caso de que vayamos a caminar en una estación fría o lluviosa.

Lo malo es que en verano o zonas muy calurosas no se recomiendan ya que aumentan la temperatura del pie y son menos transpirables. Son el tipo de calzado más pesado y este es otro factor a tener en cuenta cuando vamos a caminar tantos kilómetros.

Zapatos de trekking

Esta es la opción que más se recomienda, ya que reúne todas las características que le podemos pedir a un zapato para hacer la ruta: son ligeros, tienen la suela firme, tienen una pisada más amortiguada que las botas de montaña y además son más flexibles y cómodos. Adicionalmente puede incluir una capa transpirable de Goretex que le da un punto de impermeabilización para lluvias ligeras.

En contraposición, en zonas muy frías, lluviosas o de alta montaña puede ser más adecuado utilizar una bota impermeable más cálida.

Sandalias

Son el tipo de calzado más fresco, el más ligero y el que menos espacio ocupa en la mochila. Siempre es recomendable llevar un par de zapatos como calzado secundario para que el pie pueda descansar y respirar después de la etapa. Pueden ser incómodas para caminar largas distancias, por lo que son más recomendables como calzado secundario.

Sin embargo, cada vez son más los peregrinos que utilizan sandalias para hacer el Camino de Santiago en verano. Este tipo de calzado solo se recomienda para los meses más calurosos (julio y agosto), donde el riesgo de precipitaciones es muy bajo. Si hay una ruta en la que se recomiendan especialmente las sandalias de trekking es en el Camino de Santiago de la costa. Gran parte del recorrido se realiza sobre pasarelas, por lo que no se requiere calzado técnico.

Aun así, no se puede utilizar cualquier tipo de sandalia, sino unas diseñadas específicamente para caminar. La ventaja de este tipo de calzado es que es mucho más ligero y evita tener que llevar el pie encerrado durante todo el Camino de Santiago.

Otros consejos

Una vez comprado ya nuestro calzado escogido, hay que tener en cuenta algunas recomendaciones para que la experiencia sea lo más exitosa posible.

¿Nuevo o usado?

Como en muchos aspectos de la vida, el equilibrio está en el punto medio. No es recomendable y mucho menos estrenar botas o zapatillas el mismo día que uno empieza a hacer el Camino de Santiago, lo que no quiere decir que esté prohibido estrenar.

Lo conveniente es probar el calzado varios días antes para confirmar que nos queda bien y que es cómodo. Si optamos por calzar zapatos que ya tenemos, se recomienda comprobar el estado de la suela presionando la parte delantera y trasera hacia dentro. Si esas partes son más blandas que los laterales, lo mejor es optar por unas nuevas.

Los zapatos para hacer el Camino de Santiago deben llevarse al menos un par de semanas antes del viaje por una sencilla razón: vamos a caminar cientos de kilómetros con ellos, y los pies deben estar acostumbrados a estos zapatos antes de emprender esta aventura.

Calzado adicional

Es muy importante llevar, además del principal, al menos un calzado extra como zapatillas o sandalias. Tras la larga caminata que hará el peregrino cada día, los pies necesitarán descansar de ese calzado. Es muy recomendable llevar uno más abierto o suelto para dar respiro a nuestros pies en las horas posteriores a la etapa y por la noche.

Hay que llevar imprescindiblemente unas chanclas para usar en las duchas y para estar en los albergues.

Elegir bien los calcetines

Muchas veces no es importante, pero los calcetines son tan básicos como un buen calzado. Deben ser transpirables, para que la humedad no ablande la piel, y sin costuras. Últimamente se han hecho famosos los calcetines antiampollas, que gracias a su doble capa se consigue un mayor drenaje del sudor y mantener los pies secos, aspecto imprescindible a la hora de evitar ampollas.

Es necesario ser previsores y estar provistos también de un protector de rozaduras y ampollas que salvará a los peregrinos de muchos apuros entre kilómetro y kilómetro.

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