Uno de los accesorios más usados cuando salimos a entrenar son las botellas de agua. Quizá en tu gimnasio haya un fuente y no te importe darte algún paseo para reponer líquidos, pero la gran mayoría siempre lleva su botella consigo.

Las botellas son todo un mundo por descubrir, pero normalmente no le damos mayor importancia. Usar botellas de plástico puede ser oportuno de manera puntual, aunque te aconsejamos que te compres una exclusiva para entrenar.

¿Cómo elijo la botella perfecta?

Lo primero es saber qué tipo de botella nos conviene más. Si tienes la típica de PVC que has comprado en la máquina o en el supermercado, lo mejor es que no le des más del primer uso. El agua mineral es buenísima para recuperar minerales, pero con el tiempo puede empezar a disolverse el plástico en el agua y producir toxinas perjudiciales para nuestro cuerpo.

Lo más recomendable es que te compres una botella reusable para llevar en tu mochila de gimnasio. Por los problemas que aporta el bisfenol A (presente en plástico), muchas empresas han decidido hacer sus botellas con un plástico especial: el tritan (libre de bisfenol A).

En cuanto te pongas a investigar, te darás cuenta de la cantidad de tipos de botellas o bidones que existen. Desde plegables para ocupar poco espacio hasta con altavoces incluidos. Otra opción también podría ser comprar un bidón de ciclismo, que son de un material resistente, pero no nos aseguran que con el tiempo también se disuelvan toxinas.

Cuida tu botella

Al igual que haces con tu toalla o tus guantes de gimnasio, cuida tu botella para tenerla siempre a punto. Tener una botella reusable implica que puedes almacenar agua repetidamente sin riesgo a nada, pero tienes que secarla al terminar su uso. Cuando la botella se mantiene húmeda bastante tiempo, es recomendable hacerle una limpieza especial para que sus propiedades sigan intactas y no contaminen tu bebida.

A las bacterias les encante el moho y los lugares oscuros, así que debemos hacerle una limpieza después cada uso o cada pocos días. Además, es importantísimo que la laves después de haber sufrido algún resfriado o gripe. Te contamos cómo hacerlo:

  • Lávala con agua y jabón. Vacíala si aún queda agua en su interior y añade unas gotas de jabón para la vajilla. Échale agua templada, ciérrala y agita la botella durante un minuto. Como es probable que se quede jabón en el fondo, usa algún palo o esponja para eliminarlo completamente.
  • Métela en el lavavajillas. Si tu botella puede ser lavable en el lavavajillas, hazlo. Asegúrate antes de hacerlo porque el calor del lavado puede estropear las propiedades de tu botella.
  • Usa lejía. Lejía para cocina, claro. Es posible que la existencia de gérmenes te atoren la cabeza, pero a la lejía  débil nada se le escapa. No te preocupes, podrás beber después sin problema. Normalmente se usa este tipo de lejía para esterilizar.
  • Lávala con vinagre. Bien es sabido que el vinagre es un limpiador natural altamente efectivo que, además, mata gérmenes y bacterias. Una forma para desinfectar tu botella sería: después de lavarla con agua y jabón, échale 1/5 de vinagre blanco y deja que haga efecto toda la noche. Al día siguiente, vacía el vinagre y lávalo nuevamente con agua y jabón.