No te castigues, existen muchas razones por las que podrías terminar dejando tu bicicleta al aire libre lidiando con los elementos del invierno. En un mundo ideal, todos tendríamos un espacio interior para guardar la bicicleta en un clima favorecedor y con unos cuidados especiales. Pero como no suele ser el caso más común, y es posible que te niegues a subirla por las escaleras de tu bloque, te vamos a contar qué le pasa a tu bicicleta cuando la dejas fuera.

¿Cuánto tiempo podemos dejarla fuera antes de que sus piezas se estropeen?

Esto depende de varios factores. En primer lugar, ¿cuánto “tiempo” tiene tu bicicleta? Si es nueva, por ejemplo, entre los últimos cinco a diez años, es más probable que cuente con mejores sellos en los cubos y manillares y otras piezas que evitan la corrosión por la humedad. También influirá potencialmente el lugar donde vivas. Las bicicletas estacionadas en lugares con mucha lluvia o humedad son más propensas a estropearse antes.
Por dejar la bicicleta un par de días fuera, no va a suponer un gran problema. Pero si la dejas más de una semana…

El daño dependerá también de si la bici está expuesta directamente a la humedad y a la luz del sol. En el peor de los casos, podría tardar alrededor de un mes para empezar a notar la corrosión. En un lugar donde el clima es casi perfecto, y si tienes componentes de gama media, podría tardar entre tres y cuatro meses para que notes algún problema en la bicicleta.
Por eso hay personas que tapan la bicicleta con una lona, para mitigar los efectos. Pero ten en cuenta que eso puede actuar como una tienda de campaña que atrapa la humedad allí; por lo que lo recomendable es hacer que se suspenda sobre ella, como un toldo.

¿Qué les suceden a los diferentes componentes?

Si vives en una zona húmeda, la cadena tenderá a oxidarse. Es un proceso lento y variará un poco dependiendo del material que tenga la cadena de tu bici. Las de gama superior suelen tener más piezas de acero inoxidable, por lo que no se oxidan tan rápido como las cadenas de gama baja.
Y partir de aquí, todas las partes se estropearán. Con el calor, las piezas de plástico y goma también tienden a descomponerse. Los colores se ponen más feos y el plástico vuelve quebradizo. Esto no es preocupante en zonas frías, pero cuando las temperaturas bajen, tendrás más problemas con la oxidación.

Los pernos (tornillos) normalmente se pueden apretar porque tienen metales diferentes, pero en ocasiones de corroen y se atascan. También serán más difíciles de enroscar con la orientación correcta y es posible que se terminen rompiendo.
Después pasarán a romperse los cables: el de acero del interior se oxidará y opondrá resistencia para realizar los cambios y frenada. El sol también influye negativamente en la degradación de las piezas de plástico. En concreto, una de las más afectadas es la funda del extremo exterior de la carcasa del cable, que se romperá y se agrietará, y verás que sobresalen todos los cables de la carcasa.

¿Qué podemos hacer para evitar daños en nuestra bicicleta?

Además del uso de la lona, la corrosión de puede retrasar con una pequeña capa de grasa a lo largo de las juntas para que pueda actuar como una segunda barrera y evite que entre el agua. Lubrica de forma preventiva los cables y las cabezas de los pernos para que no se agarroten.

¿Qué ocurre si se acumula óxido? No temas, con un poco de aceite puedes sobrevivirla. ¡Por favor, no lo raspes! Coge un papel de aluminio enrollado y frotarlo suavemente para eliminar el óxido.

Si dejas la bicicleta afuera por un par de días no causará daños mayores. A partir de una semana, es posible que aparezca la oxidación. Después de un mes, las piezas de la bicicleta comienzan a degradarse. Y fíjate, el dinero que gastarás para reponer las piezas estropeadas te lo podrías haber gastado en un sitio para guardarla correctamente.