Hace unos días, te hablábamos de la práctica del Barefoot. Esa disciplina que se basa en los beneficios de correr descalzo. Sus ventajas son muchas para el trabajo físico, sin embargo, presenta algunos inconvenientes. Te contamos todo lo que debes saber para que puedas decidir si, en definitiva, te atreves a probarlo.

Barefoot, una práctica controvertida

El Barefoot tiene una gran cantidad de aportaciones novedosas para nuestro cuerpo. En primer lugar, y a pesar de lo que pueda parecer, resulta menos agresivo para nuestras articulaciones. Es cierto que el hecho de correr sin zapatillas ya resulta llamativo de por sí. Pero los principios del Barefoot defienden la naturaleza en el movimiento de las articulaciones; así como el trabajo de una parte de la musculatura que, con calzado, resulta imposible ejercitar. Además, estudios han demostrado las diferencias en la pisada de corredores que utilizan zapatillas y los que no. Y es que los corredores que usan calzado, presentan la pisada a través del talón. Por otro lado, aquellos que corren descalzos la inician con los metatarsos, infinitamente más beneficioso que en el caso anterior.

running barefoot

Inconvenientes del Barefoot

Sin embargo, existen una serie de desventajas que también conviene conocer antes de empezar la carrera descalzos. Si no tenemos los pies preparados para el contacto directo con el suelo, puede provocarnos heridas, ampollas o rozaduras. Por ello es muy recomendable un proceso previo de adaptación; además de buscar una superficie sobre la que nos sintamos seguros, como arena, hierba o un pavimento en buenas condiciones de seguridad e higiene.

Asimismo, es probable que en el proceso de adaptación sintamos cómo se resienten nuestros gemelos. Esto sucederá hasta que nos acostumbremos a la nueva amortiguación. Si lo piensas bien, seguro que recuerdas cómo alguna vez has sentido dolor en los gemelos cuando has cambiado de calzado.

Aunque una de las ventajas del Barefoot es la prevención de lesiones a largo plazo, a corto es probable sufrir molestias en el tendón de Aquiles, así como en las plantas del pie.