El método pilates presta mucha atención a la técnica de respiración. Se trata de que ésta pueda acompañar a cada ejercicio, ayudando a obtener sus máximos beneficios. Tal vez por ello, se le asocie a una disciplina suave en exceso, cuando la realidad es que resulta muy exigente. Te contamos la importancia de la respiración en pilates y sus beneficios.

El pilates es un método que busca la corrección postural así como el fortalecimiento de la musculatura, especialmente abdominal y lumbar, de una forma muy profunda. De este modo, dicha disciplina resulta muy útil ya que se aplica en el día a día, reduciendo el riesgo de sufrir lesiones y mejorando numerosas patologías. Sin embargo, es muy importante que la respiración sea la correcta. De este modo, podemos percibir un ejercicio bien hecho y efectivo.

La importancia de la respiración en pilates

La respiración en pilates es esencial para que la técnica sea correcta y se ejecuten los ejercicios adecuadamente. Ésta constituye uno de los principios clave del método, ya que permite oxigenar la musculatura y ayuda a realizar los movimientos con éxito. Además, estabiliza la columna, relaja la musculatura y permite una mayor conciencia de nuestro cuerpo, así como de las zonas concretas donde sentimos una mayor tensión.

El intructor/a que dirija tus ejercicios, debe estar continuamente pendiente de marcar los tiempos de la respiración de forma coordinada con el ejercicio. Si no es así, deberías plantearle dicha cuestión ya que, como te hemos contado, constituye un principio esencial del método. La respiración permite dirigir la energía hacia la zona que se trabaja, de manera que impulsa el movimiento y contribuye a realizarlo de una forma natural, orgánica y no lesiva.

Concienciación previa de la respiración en pilates

Es muy importante comenzar las sesiones de pilates con unos ejercicios de respiración que permitan liberarnos de las preocupaciones y las tensiones acumuladas y centrarnos en el momento presente. De este modo, nos pondremos de pie al inicio de la clase, o tumbados, con las manos sobre la parte baja de las costillas, y sentiremos cómo se expanden con cada respiración profunda. Con cada inhalación éstas se abren para permitir la entrada de aire y con la exhalación vuelven a su sitio, preparándose para una nueva respiración.

Tras haber tomado un primer contacto con nuestra respiración, estaremos preparados para llevar a cabo la práctica sin perder la conciencia del aire que entra en nuestro cuerpo.