Hacer ejercicio físico no es algo que todos sepan hacer, y mucho menos si se busca cumplir un objetivo. Apuntarse al gimnasio está bien, pero quizá debas plantearte tener una ayuda externa que te guíe en tus entrenamientos para que no abandones antes de tiempo.
Elegir un buen entrenador personal no es tan fácil como buscar en Google y recurrir a la primera búsqueda. Un entrenador debe ser capaz de entenderte, conocer tu cuerpo y valorar qué tipo de entrenamiento debes realizar para conseguir un objetivo real. Es muy importante esto: objetivos reales. Si tú le propones metas y a todo te dice que serás capaz, ten cuidado. Un buen asesor te hará poner los pies en la tierra para que te ilusiones, pero sin crear grandes expectativas a corto plazo.

Te damos las claves básicas para escoger el mejor entrenador personal.

No te guíes por el dinero

Un entrenador personal es una persona que aplica sus conocimientos para que seas capaz de hacer ejercicio físico de manera eficiente. No escatimes para decantarte por el precio más barato, aunque tampoco es necesario que pagues un pastizal por un entrenador al que ni ves presencialmente.

En los gimnasios está muy de moda ofrecer un servicio de entrenamiento personal, que es mucho más caro que la cuota mensual del propio centro. Puedes recurrir a ello como primera toma de contacto, para que te enseñen a establecer rutinas dependiendo de tu objetivo.
Si bien es cierto que yo me decantaría por un entrenador que se vuelque conmigo al 100%, y que incluso pueda ayudarme en los días que no tenga sesión de entrenamiento. Muchas veces nos surgen dudas en nuestro día a día, y no tener un contacto directo puede hacer que la relación entrenador-cliente sea un poco fría.

Tu entrenador personal no tiene que saber de todo

Es entendible que tu entrenador personal no sepa de todo, es normal. El cuerpo humano es muy extenso y posiblemente se le escapen algunos detalles; por eso es sospechoso que en un primer contacto te establezca una dieta, te recomiende una suplementación y te ponga un planning de entrenamiento. Lo ideal es que te conozca, sepa de tus hábitos, haga mediciones de tu cuerpo y luego se tome tiempo en diseñar el mejor entrenamiento para ti. Recuerda que estás pagando por un entrenamiento personal, no general.

Además, si es un buen profesional, te animará a que acudas al médico si te encuentras mal e, incluso, te recomendará que acudas a otros profesionales de la salud (nutricionistas, fisioterapeutas o psicólogos) en caso de verlo necesario.

Debe cuidar tu técnica e incorporar rutinas nuevas

Imagina que contratas a un entrenador personal y ni te habla de los entrenamientos de HIIT o funcional. Es importante que acudas a alguien actualizado, que sepa de las últimas tendencias de entrenamiento y que cuide la técnica de todos tus ejercicios.

Está muy bien que te establezca una rutina con sentadillas, pero si no corrige la posición de tus piernas, puedes acabar lesionado. Es importante que esté siempre atento a tu movimiento y la técnica del ejercicio.
Y por supuesto, debería tener interés en que te conviertas en alguien independiente. Un buen entrenador se encargará de que conozcas las posiciones adecuadas de tus brazos o piernas, y de que aprendas a ejercitarte. La intención es que, con el tiempo, seas capaz de entrenar por ti mismo. Al igual que cuando acudimos a un nutricionista es para aprender a comer (entre otras cosas), con el ejercicio físico ocurre igual.

Tiene que escucharte y no obligarte

El ejercicio físico no debes tomártelo como una obligación. Si vas desmotivado a los entrenamientos y sientes que tu entrenador te presiona a hacer cosas que te suponen un esfuerzo mental negativo, cambia.

Coméntale tus miedos o los ejercicios que más te cuestan hacer. Tu entrenador debe convertirse en una especie de amigo, así que tienes que tener una cierta confianza para progresar adecuadamente. Si sientes que te obliga a hacer ejercicios que te lastiman o que te ponen en peligro, no tengas dudas en comentarle que quieres prescindir de sus servicios.