Cualquiera que haya empezado a correr habrá tenido la sensación de ahogo, como de falta de aire. Y no solamente la sufren los principiantes, también hay corredores experimentados que se ahogan al realizar series de alta velocidad. Nuestro cuerpo funciona con oxígeno, si no encuentra el necesario para mantener a las células, parecerá que nos ahogamos. La respiración es el proceso vital por el que el oxígeno entra en el organismo y por el que expulsamos el dióxido de carbono.

El sistema respiratorio es el encargado de la respiración, pero está íntimamente relacionado con el sistema cardiovascular. La sangre circula por los vasos sanguíneos, permitiendo que el oxígeno y los nutrientes lleguen a las células. Entonces, ¿por qué te ahogas cuando corres?

Vas a una velocidad muy alta

Cuando corremos requerimos mayores cantidades de oxígeno; por lo que a mayor velocidad, más oxígeno necesitamos. Si sientes sensación de ahogo, muy posiblemente es porque estés corriendo a una velocidad más alta de lo que puedes. Lo normal es que tus primeros entrenamientos sean a una intensidad muy baja (como de trote lento) y luego vayas aumentando la velocidad progresivamente.

También es cierto que al principio no sabes lo que es lento o rápido. No existe un patrón universal. Cada corredor tiene su propio ritmo. Lo ideal es que escuches a tu cuerpo y te ciñas a tus propias sensaciones. Hay quienes recomiendan mantener el ritmo que te permita cantar o tener una conversación sin asfixiarte.

Te esfuerzas más de lo que deberías

Uno de los principales errores de los corredores inexpertos es que les pueden las ansias: quieren correr más distancia y durante más tiempo. El problema es que este tipo de deportista aún no cuenta con las adaptaciones esenciales como para hacer largas distancias sin ahogarse. En los entrenamientos se van creando adaptaciones en el sistema cardiovascular y en el sistema pulmonar, como un aumento del volumen de sangre, una mejora en el traslado de oxígeno, un buen trabajo del corazón (con menos esfuerzo y más eficiente), y unos pulmones mucho más trabajados.

Lo normal es que cuando empieces a correr, si vas a alta velocidad, tus pulmones y músculos se cansen demasiado y no puedan cumplir eficientemente con sus funciones. Cuanto más te cuesta respirar, menos oxígeno absorbes y más fatigado te encuentras.

En las primeras semanas es conveniente que realices intervalos de caminata y trote, para ir adaptando a tu cuerpo a correr. Los corredores suelen tardar unas 8 semanas en conseguir aguantar un buen ritmo sin ahogarse. No pienses que andar no sirve de nada, es el paso necesario para poder aguantar durante más tiempo.

Además, recuerda que es muy importante el descanso después del entrenamiento. Permite que tu cuerpo se recupere del esfuerzo para poder rendir correctamente al día siguiente.