La aparición de ampollas en los pies es algo que todos hemos sufrido seguramente. No hace falta ser un principiante en el deporte o estrenar zapatillas, sino que hasta atletas profesionales pueden sufrirlas. ¿No habéis visto al terminar una carrera, algunos corredores descalzos? Ahora entenderéis por qué.

¿Qué son las ampollas?

Pese a que son molestas y dolorosas, no vas a tener que amputarte el pie por su aparición. Las ampollas aparecen como resultado de la presión y fricción del pie con el calzado. Normalmente las sufrimos en la parte superior de los dedos, el talón o la “almohadilla”.

Es probable que surjan en carreras de larga distancia, pero las zapatillas pueden ser determinantes. Si hacemos deporte con unas que nos compriman demasiado el pie o que nos queden grandes, pueden provocarnos rozaduras y ampollas por fricción con el calcetín.

Su presencia también puede deberse a la humedad y el calor, por eso en verano también ocurre con zapatos o sandalias que usemos a diario. La sudoración del pie aumenta y favorece la “maceración”, por lo que se debilita la piel y se predispone a crear esta lesión.
El calcetín tiene vital importancia en cualquiera de los casos. Si mantiene la humedad o tiene costuras en las zonas de presión, es mejor que lo descartemos y apostemos por unos calcetines técnicos. Estos mantendrán el pie fresco, dándole salida al sudor y la humedad.

Por supuesto, uno de los consejos de cabecera a la hora de una carrera es no estrenar nunca calzado ni ropa. Corre con tus zapatillas habituales y deja los estrenos para otro momento.

¿Cómo puedo prevenirlas?

Usar una zapatilla adecuada es importante. Debe quedarte en la medida justa, ni que te baile el pie ni que te presione la puntera. Si te vas a comprar unas zapatillas nuevas, antes de una carrera es mejor que las pruebes en distancias cortas. Las ampollas no aparecen de inmediato, sino que previamente notas que algo va mal. Así te dará tiempo a prevenirlas e identificar por qué aparecen.
Usar un calcetín térmico favorece la transpiración del sudor y la humedad, por lo que nos mantendrá el pie fresco y libre de hongos.

El cuidado que le des a tus pies es fundamental. Intenta mantenerlos hidratados usando una crema específica para corredores. Como curiosidad, la piel de los pies es hasta 40 veces más gruesa que la de la cara.
Hay muchos corredores que aplican vaselina por encima del calcetín para reducir la fricción de la zapatilla y el pie. Normalmente la aplican en las zonas donde mayor aparición de ampollas hay, por ejemplo el talón y zona dorsal y lateral de los dedos.

Si ya has sufrido ampollas anteriormente, puedes optar por proteger la zona con un esparadrapo para crear una “piel artificial”.

Si ya la tengo… ¿cómo puedo curarla?

El tratamiento que daremos dependerá del tamaño y del dolor que provoque la ampolla. Si es muy pequeña y no produce dolor, lo aconsejable es mantener la piel limpia y aplicar encima un antiséptico para ayudar al secado de la dermis y prevenirla de infecciones.

Si tenemos una ampolla de mayor tamaño que hasta nos resulte doloroso andar, lo recomendable es drenar el líquido. Necesitaremos lavar la zona con agua y jabón, y desinfectarla poniendo povidona iodada por encima. Luego tendremos que pinchar en la ampolla con una aguja estéril para sacar el líquido. Podemos usar las que tiene el personal sanitario para inyecciones o una aguja de coser que hayamos quemado previamente para desinfectarla.

Es importante que no retires la piel que la cubre, puesto que servirá para proteger la pies de debajo.

Si te ocurre en medio de una carrera…

Pongámonos en el peor de los casos: se te crea una ampolla corriendo y te está haciendo la vida imposible para continuar en tu tiempo. No te preocupes, hay solución.

Lo primero que debes hacer es detenerte y tratarla. Como hemos comentado antes, hay que drenar el líquido (si tenemos) y desinfectar la zona afectada. Seguidamente debemos colocar algo que nos proteja para poder seguir corriendo. Lo ideal es mantener la piel sin recortarla, pero si se ha roto puedes usar esparadrapo o algún hidrogel para crear una “segunda piel”.

Si lo crees conveniente, coloca una venda por encima y que sujete hasta el tobillo, así evitarás que se mueva el apósito.