Hoy queremos defender el parque. Tomar el aire al fresco, disfrutar de la naturaleza, crear rutas… En definitiva, queremos defender el running de toda la vida en la calle frente a las cintas de correr clásicas de un gimnasio. Sí, en el gimnasio son magníficas para ese punto de cardio previo al entrenamiento y comenzar a entrar en calor y sudar, pero más allá de eso, vemos a mucha gente que va al gimnasio para la cinta.

Sin entrar en las personas que las usan para andar, que esas merecen un capítulo aparte, lo cierto es que estamos llegando a un punto en el que no valoramos la calle y sus beneficios, y por ello, hoy reunimos una serie de puntos negativos de correr en cinta. ¿Te llegaremos a convencer? Creemos que sí.

Aburrido y muy continuo

Sabemos que a día de hoy te pueden poner una televisión delante, colocarte Netflix con tu smartphone u oír buena música mientras, pero seguimos pensando que ir a la calle es mucho más divertido. Pudiendo elegir las rutas, los caminos a seguir y la hora a la que correr, se convierte la actividad en algo mucho más dinámico que ir a la cinta.

Ni podrás coger color ni tomar el aire, asúmelo ya. Además, en muchas ocasiones la monotonía es solo el principio para acabar abandonando, algo que con el running clásico siempre puedes evitar cambiando tus rutinas.

El suelo clásico no se mueve

Ahora directamente vamos a desprestigiar la cinta. Y es que claro, el desempeño físico encima de una cinta no es el mismo que en la calle. Muchos nos dirán que es la única manera de correr en un espacio reducido, y tienen razón, pero al mismo tiempo no deja de ser un impulso para tus piernas. Nunca llegarás a consumir tanto como en la calle, y aunque se le pueden añadir pendiente y velocidades, lo cierto es que no eres tú el único controlador de tu actividad física.

Gimnasio gente corriendo

La calle no hace esperar

Otra más de los problemas de siempre en un gimnasio. No hay cintas para todos en hora punta y te toca esperar. Si bien para un ligero cardio antes de una rutina de tonificación te vale una bicicleta elíptica o una estática, si vas por la cinta la llevas clara y terminarás un buen rato parado esperando. La calle no te ofrecerá ese problema. Cálzate las zapatillas y sal a correr. No hay más, ni tampoco límite. ¿Tienes en tu gimnasio un cartel que limita el tiempo por máquina? En el parque solo lo limitará el horario de apertura, y si cierra, tienes el asfalto todo para ti.

No genera comunidad

Vale, sí, vas con tu colega al gimnasio y tal, pero con una cinta nunca podrá entrarte el gusanillo de las carreras populares, de conocer a gente corriendo o de simplemente ver como vas corriendo por zonas donde hay otras personas haciendo lo mismo. ¿Y si el amor de tu vida estaba en ese parque? Me dirán que podría estar en cualquier lado, pero no hay nada más bonito que correr con una buena brisa y conocer colegas. Todo ventajas, y sobre todo se puede llegar a sumar un sentimiento de superación esencial en el deporte, que la cinta no lo termina de dar del todo.

Si quieres competir además, en el gimnasio nunca habrás pasado de un aire acondicionado frío en verano o cálido en invierno. En la calle te harás fuerte ante el viento, la lluvia, el calor o el frío, una serie de condiciones que sí encontrarás en la carrera.

Save the planet

Por último una que creo que te terminará de convencer. ¿Sabes lo que consume una cinta en energía eléctrica? Al menos que la tengas en casa, no lo pagarás tú, pero el daño al planeta es evidente frente a correr tú por la propia naturaleza. La actividad es la misma (y si me apuras más aeróbica la de la calle) y una consume recursos y la otra no. No queremos hacerte sentir culpable pero…