Si es la primera vez que lees la palabra propiocepción, no te preocupes porque hoy vas a aprender qué es y por qué es tan importante trabajarla. Solemos centrarnos en los entrenamientos de fuerza y resistencia, y dejamos de lado la flexibilidad y el equilibrio. Estas dos últimas cualidades nos aseguran un mejor rendimiento deportivo y nos sentiremos más funcionales en poco tiempo.

¿Qué es la propiocepción?

Estamos ante el sentido por el que el cerebro recibe información sobre la posición y el movimiento de las partes de nuestro frente a la base de soporte. Es decir, nuestro cerebro controla el equilibrio, la bilateralidad y la alerta del sistema nervioso gracias a la propiocepción.
Esto ocurre gracias a una serie de receptores que tenemos por nuestro organismo, con los que se puede regular el rango de movimiento y reaccionar con respuestas automáticas. 

Entenderás que desarrollar esta sensibilidad es importantísimo tanto para nuestro día a día como para los entrenamientos. La propiocepción es la que provoca que nuestro cerebro mande respuestas rápidas en los movimientos y en los reflejos que mantienen el equilibrio. 
Es fundamental que exista una buena conexión con la vista, puesto que en más de una ocasión tendrán un vínculo relacionado. Por ejemplo: correr hasta donde esté delimitado (ni más, ni menos) o coger una pesa (extendiendo el brazo y abriendo la mano a la vez.

¿Qué ocurre si nos falla el sentido propioceptivo?

Al igual que puede ocurrir con otros sentidos de nuestro cuerpo, si la propiocepción te falla es porque no se está transmitiendo bien la información a tu cerebro, en relación con tu cuerpo y el espacio en el que se encuentra. Esto puede derivar en mareos, torpeza motriz, vértigo, inestabilidad, falta de coordinación, etc.

En yoga y pilates se trabajan con poses que recurren mucho a la propiocepción y al equilibrio. Existen numerosos ejercicios para mejorarla, que además suelen usarse como rehabilitación de lesiones en rodillas y tobillos.