¿A quién no le ha pasado que en alguna repetición ha notado cómo sus músculos temblaban? Es más, suele ser bastante evidente cuando entrenamos nuestro core con las famosas planchas. En casi todas las ocasiones en la que nuestro músculos empiezan a moverse sin querer, el redimiento nos baja hasta vernos forzados a descansar. ¿Saber por qué ocurre esto? ¿Es malo? ¿Se puede evitar? Te lo contamos todo.

Tu cuerpo te está alertando

Los músculos están formados por fibras, hasta aquí es algo que todos sabemos. Estas fibras son las que se dividen el trabajo durante el movimiento o ejercicio, pero su resistencia va reduciéndose con el paso del tiempo. Como podrás pensar, la fatiga y el esfuerzo que se realiza en el entrenamiento, la deshidratación, la sudoración y la intensidad son los factores claves de estos fastidiosos, aunque indoloros, tembleques.

¿Se pueden evitar?

No será porque nunca te lo hemos dicho: ¡el calentamiento y los estiramientos son fundamentales! Ambas prácticas te ayudarán a disminuir la fatiga muscular y esto hará que tiembles menos. Tus músculos necesitan recuperarse después del entrenamiento para evitar las sobrecargas, si no nos encontraremos con los temblores.

Te decíamos antes la importancia de la deshidratación mediante el sudor. Cuando hacemos un movimiento, nuestro sistema nervioso envía señales desde el cerebro a nuestros músculos, pero cuando estamos muy fatigados o cansados, estas señales llegan en mal estado. Es por eso que hay fibras que cargan con más trabajo que otras y tiemblan.
También ocurre cuando hacemos movimientos nuevos, que nuestro cuerpo no conoce y tarda en asimilar. Asimismo, la alta intensidad no favorecerá demasiado a que terminemos las series sin temblar o estando fatigados.

¡Ojo! Que la nutrición también influye. Si no tenemos una dieta equilibrada y saludable, será difícil hacer un buen rendimiento deportivo. Tu cerebro se encarga de utilizar la glucosa para entrenar, por lo que si no le damos un buen aporte de nutrientes, las vibraciones harán acto de presencia.

No es algo preocupante

Tampoco es necesario que pongas el grito en el cielo, estos temblores no son síntoma de algo grave. De hecho, conforme tu cuerpo se vaya acostumbrando a los ejercicios y se vuelva más fuerte, irá disminuyendo el nivel de temblor. Entrena con asiduidad, hidrátate, calienta, estira y lleva una buena alimentación; el resto vendrá solo.