Seguro que la has sufrido. A la hora de hacer deporte, muchas veces tu cuerpo ha llegado a decirte basta. Fruto de muchas series o repeticiones, o de un esfuerzo aeróbico que te queda un poco grande, tus músculos terminan por decirte que el cansancio es excesivo y que hay que parar. Muchos especialistas hablan de llegar hasta el fallo como una buena técnica para superarnos a nosotros mismos y conseguir los objetivos en nuestro entrenamiento, pero si la fatiga es muy prolongada estás ante un problema. Hoy te enumeramos los principales motivos que te llevan a sufrirla.

Muy común al empezar

Si estás empezando a entrenar, asume que la fatiga llega con sentido, y que hasta cierto punto es buena. ¿Por qué? Porque irá marcando tus límites para ir superándolos. Al iniciarse una rutina de entrenamiento, nuestra resistencia no será la misma que a la semana o al mes, por ello es sumamente importante ir midiéndose. El primer día aguantarás un determinado tiempo, que seguro que será más el segundo.

Vigilando tu cuerpo, descansando, con una nutrición correcta y sabiendo cuando parar, la fatiga va a ser un compañero en la batalla, pero al que podrás superar fácilmente. Eso sí, del aviso muscular a un problema mayor hay un paso, de manera que cuando tu cuerpo diga basta, que tu mente vaya detrás. Una serie más por orgullo puede terminar por lesionarte.

Evita el sobreesfuerzo

En este aspecto, imagínate un vaso. El vaso, como cualquier recipiente, tiene sus límites, y excederlos es echar agua fuera obligatoriamente. Si ese vaso es tu cuerpo, sabes que hay que llegar hasta el borde, y que el objetivo es alcanzarlo, sin embargo ir más allá es imposible, ya que el agua va a rebosar sí o sí.

Pues bien, aquí pasa lo mismo. Ya no solo es que pueda aparecer la fatiga, es que en muchos deportes y prácticas que aparezca es casi obligatorio. Aquello de ‘entrenar hasta el fallo’ no es ninguna leyenda, y si estás trabajando una rutina hecha a tu medida, la cantidad de repeticiones que te indican son las que debes hacer.

Ahora bien, si a ese reto físico le añades pluses en esfuerzo, no solo aparecerá la fatiga, sino también el riesgo de lesiones en rodillas, músculos que te puedan dar un tirón o desfallecimientos. Plantea tus entrenos como un reto contra un planning y contra ti mismo, pero siempre con un final delimitado.

Fatiga en el gimnasio

Aliméntate a conciencia

La nutrición termina aportando la gasolina que vamos a invertir en nuestros entrenamientos, y es una pata más fundamental de nuestros entrenos, al nivel de la propia actividad física. Por ello alimentarse será esencial, de una manera equilibrada, ordenada y variada.

Proteínas y carbohidratos deben ser fundamentales, ya que estos son los que terminaremos por quemar en energía propiamente dicho. Vigilar la nutrición y adaptarla al entrenamiento será esencial, tanto para bien como para mal. Igual que debes llegar al entrenamiento sin el estómago vacío para evitar las famosas ‘pájaras’, haber comido en contundencia antes de entrenar también jugará en tu contra.

De esta manera, vigila la nutrición, tus comidas y lo que vayas a tomar nada más salir del entrenamiento. Tu cuerpo necesita energía y la nutrición es la responsable.

Bebe agua en cantidad

No, el agua no hincha, y no, no hay ni un solo punto positivo de no beber agua entrenando. El agua será la encargada de regular la temperatura corporal, y si no se la damos a nuestro organismo la fatiga no tardará en aparecer.

Está muy asentado el beber poca agua o directamente no hacerlo, y es un soberano error. Debes tomar mucha agua durante todo el ejercicio, eso sí evitando beber mucha cantidad de seguido porque así sí hincha. Si bebes un litro de agua de un sorbo, es un kilo más en tu cuerpo al momento. El litro bébelo, pero poco a poco.

Seguido a esto, el agua no solo será importante en el entrenamiento, sino durante toda la jornada. Intenta beber al menos dos litros de agua al día. Y para el deporte, si la actividad es muy intensa, permítete una bebida isotónica que pueda aportarte sales y electrolitos también.

Estira y calienta

Una máquina no funciona bien nunca si no está bien engrasada. Nuestros músculos son partes de la máquina más perfecta que existe, y sin calentar son muy propensos a lesiones y fatiga muscular. Por ello, estirar antes y después no es perder tiempo. Asumiendo un estiramiento dinámico con movimiento al empezar y uno más estático al acabar, esto permitirá empezar el entrenamiento con el cuerpo en un estado óptimo y finalizar recuperando. De lo contrario, ya no solo es la fatiga, también son los tirones y microrroturas musculares las que pueden aparecer en escena.

Una vez conoces todos estos consejos, es sencillo valorarlos y ponerlos en práctica. El fin de la fatiga o al menos su control depende de ti. Poniendo de tu parte puede mitigarse en gran medida.