Es posible que alguna vez hayas oído hablar de las diferentes técnicas de relajación para hacer frente al estrés y la ansiedad. Entre ellas se encuentra el entrenamiento autógeno de Schultz. A continuación te desvelamos en qué consiste, cuáles son sus beneficios y qué ejercicios lo conforman. ¿Quieres relajarte eficazmente? ¡Presta mucha atención!

¿Qué es el entrenamiento autógeno?

El entrenamiento autógeno es una técnica creada por Johannes H. Schultz, un conocido neurólogo y especialista en hipnosis de los años treinta.

Este entrenamiento se basa en la concentración de las sensaciones físicas que tenemos cuando practicamos la relajación profunda. Schultz aseguró que la mayoría de las personas son capaces de llegar a un estado profundo de relajación con tan solo el poder de su imaginación. Y en eso, amigos, consiste el entrenamiento autógeno de Schultz.

En la actualidad, este entrenamiento se usa en terapia como tratamiento de trastornos de ansiedad y psicosomáticos. Su objetivo es aumentar los niveles de calma mediante la relajación muscular hasta conseguir eliminar los efectos de la ansiedad.

¿Cómo hacerlo adecuadamente?

El entrenamiento autógeno se conforma con seis ejercicios que se deben ir aprendiendo de forma progresiva. Aprenderás a realizar una concentración pasiva en las sensaciones del cuerpo. Las instrucciones son muy sencillas y permitirán que cualquier persona puedas seguirlas con facilidad; consiguiendo de primero se relajen las extremidad y después el resto del cuerpo. Además, se practicarán las sensaciones de peso y calor.

Cuando nuestras extremidades se relajan, conseguimos una sensación agradable de pesadez en ellas. En realidad es sencillo de conseguir, siempre que una persona se convenza a sí misma, mediante la concentración. Como su nombre indica, se trata de un entrenamiento que busca alcanzar gradualmente diferentes estados de bienestar en el cuerpo.

¿Qué ejercicios conforman este tipo de entrenamiento?

Ejercicio de pesadez

Túmbate de manera cómoda. Relájate y cierra los ojos para comenzar a concentrarte. Piensa en tu brazo derecho y repítete mentalmente «el brazo derecho pesa, y pesa cada vez más». Repítelo unas seis veces de manera lenta.
Cuando sientas que tu brazo pesa, repite que estás «completamente tranquilo».

Termina inspirando profundamente, estirando las extremidades y abriendo los ojos lentamente.

Ejercicio de calor

Repite los mismos pasos que en el ejercicio anterior, pero ahora en lugar de pensar en la pesadez, piensa en que tu brazo derecho está caliente. Repítete siempre que estás completamente tranquilo.
Haz este ejercicio con todas las extremidades de tu cuerpo para conseguir una relajación profunda.

Si tienes la tensión baja, los expertos recomiendan no realizar este ejercicio para evitar mareos.

Ejercicio de pulsación

En este caso, nos concentraremos en las pulsaciones del brazo derecho, mientras repetimos «mi corazón late tranquilo». Haz lo mismo con el resto de extremidades. Respira con normalidad durante todo el ejercicio.

Ejercicio respiratorio

Centra tu atención en tu respiración y repite mentalmente «mi respiración es tranquila y calmada». Piensa en relajar todas tus extremidades. Es importante que no intentes modificar la respiración de manera consciente.

Regulación abdominal

En este ejercicio nos centraremos en nuestro abdomen. Repítete mentalmente «mi abdomen irradia calor». Seguidamente, haz lo mismo con tus extremidades. Es importante que imagines que el abdomen es la fuente de calor que aporta calor al resto del cuerpo.

Ejercicio de la cabeza

Si conseguimos realizar este ejercicio, estaremos dominando totalmente la sensación de relajación. Estarás en un nivel de tranquilidad muy alto. Ahora te repetirás «mi frente está fresca». Es interesante que te imagines que una brisa fresca sopla directamente en la frente.