Muchos de los que vais a leer este artículo contáis con la ayuda de un entrenador o monitor de gimnasio para que os guíe en vuestras rutinas. No será la primera ni la última vez que vemos a un entrenador improvisar una clase, poniendo ejercicios sin correlación y anotando rápido las rutinas en una pizarra. Aunque lo peor, sin duda, es verlo unos minutos antes rascándose la barbilla y pensando qué hacer con el grupo que tiene a continuación.
El pre-entrenamiento lo hace un profesional de forma solitaria. Es algo que no se ve y que puede ser un completo desastre si no está planificado. Improvisar ejercicios al azar puede hacer que el entrenamiento de una hora sea una agonía o un paseo. Así que es muy importante que confíes en un monitor de gimnasio que se preocupe por preparar la clase, al igual que si estás pagando los servicios de un entrenador personal.

Una mala programación (o falta de consideración) pone en peligro a todos, tanto a los deportistas como a los entrenadores. Cuando alguien va a entrenar (da igual si es mamá, estudiante, deportista…), hay una razón que les está impulsando. Es cierto que sus objetivos serán distintos, pero todos quieren sacar el mayor rendimiento y confían en que el entrenador realice su trabajo de forma óptima. Por eso siguen yendo al gimnasio y entrenan duro todos los días. Pagar un entrenador es contratar los servicios de una persona experta en acondicionamiento físico que sabrá cómo ayudarnos. Si esa persona no hace su trabajo, ¿para qué pagamos? Un entrenamiento no puede estar programado con dos minutos de antelación.

Programar un entrenamiento requiere tiempo, experiencia, mucho conocimiento, previsión y planificación. También es imprescindible conocer a los deportistas, dónde está el límite de sus capacidades y cuáles son sus metas para entrenarlos bien. Con estos datos se puede diseñar una rutina personalizada y con miras de alcanzar la meta sin lesiones. Cada persona es diferente y en el deporte tampoco existe un modelo único para todos.

Te contamos los 5 detalles que debe tener su entrenamiento programado.

Entrenamientos hechos a medida

Un entrenamiento programado proporciona a los deportistas el tipo de fuerza, acondicionamiento, resistencia y entrenamiento deportivo que busca mejorar las fortalezas y debilidades individuales. No se puede esperar el mismo rendimiento de mi madre que de un deportista joven levantando una barra olímpica. Y no es porque no pueda (o deba) levantar peso, sino porque seguramente ese no será su objetivo. Ella buscará estar en forma y un buen entrenador debe programar un entrenamiento que logre una mejor forma física y más saludable. Siempre adaptándolo a sus necesidades y capacidades.

Diferentes diseños a corto y largo plazo

Es importante que tú sepas por qué estás entrenando y cuál es tu meta, pero más importante es que se lo hagas saber a tu entrenador. Posiblemente, tu entrenador te diseñe un programa dependiendo de los resultados obtenidos. Si te dedicas a hacer lo mismo día tras día (suele ocurrir porque es más fácil para un entrenador agrupar a treinta personas en una sesión y hacer que hagan un mismo circuito sin saber por qué o para qué), puede causar:

  • Lesiones por muchas repeticiones o mala técnica.
  • Estancamiento por realizar la misma rutina sin estímulos nuevos.

Evalúa el progreso, tanto de las debilidades como de las fortalezas

Es muy importante que los entrenadores nos lleven a través de la progresión natural y gradual de un entrenamiento. Esa será la única manera de obtener y mantener unos óptimos resultados. Un entrenamiento bien programado elimina las debilidades y fortalezas, pudiendo alcanzar los objetivos mucho más rápido. Si nos mantenemos pendientes de los logros obtenidos, seguiremos cosechando nuevo éxitos.

Anota todos tus datos del entrenamiento

Tanto tú como deportista como tu entrenador debéis saber en qué punto estás realmente y hasta dónde quieres llegar. Siempre de manera realista, claro. Déjate de “sensaciones” y anota todos los tiempos, repeticiones, porcentajes, etc. Sin datos, no hay un objetivo real que puedas alcanzar y luego superar. Es tu responsabilidad y la del entrenador.

Seguro que te ha pasado eso de que te has “sentido” lento en el entrenamiento, pero al ver el cronómetro te has llevado una sorpresa. Los datos no mienten, pero tu percepción puede hacerte falsas ideas. El entrenamiento físico es magia, es ciencia diseñada con un duro trabajo y mucha inteligencia.

Confía en un entrenador que se desviva por su trabajo

Confía en un entrenador que tenga mucho trabajo. Ese será el que realmente ame su profesión y dedique tiempo a organizar sus diferentes entrenamientos. Todos queremos un profesional que nos dedique tiempo, esté informado y planifique tus rutinas para lograr tu meta. Es mucho más confiable apostar por alguien que tiene mucha experiencia y que no entrena con el único afán de ganar dinero.

Un entrenador debe cuidar a sus deportistas, pero también debes poner de tu parte trabajando duro y siguiendo sus consejos.