Siempre hemos identificado tener una buena salud ocular con animales que comen zanahorias (como los conejos). Parece que existe una estrecha relación entre la alimentación, la microbiota intestinal y tener unos ojos sanos. Son muchas las investigaciones que afirman que, desde pequeños, la leche materna ya interfiere para tener una correcta función visual. No obstante, con el paso de los años y los cambios dietéticos, todos vamos variando nuestra visión y se puede deteriorar.

A continuación te damos los mejores consejos para que tu alimentación afecte positivamente en tu visión.

Evite una dieta repleta de ultraprocesados

En España, por suerte, predomina la dieta mediterránea, aunque son muchas las personas que consumen productos ultraprocesados. El problema de este tipo de alimentos es que crean una degeneración macular relacionada con la edad. Esto sucede porque la microbiota intestinal se inflama, se induce a la hiperglucemia y se priva al cuerpo de nutrientes necesarios para la salud ocular.
Si realmente quieres proteger tu visión, elimina los carbohidratos refinados, los azúcares añadidos y los aceites de semillas industriales.

Consume suficientes antioxidantes

La retina contiene una alta concentración de ácidos grasos insaturados, los cuales son bastante susceptibles al daño oxidativo. Los antioxidantes dietéticos (carotenoides, vitamina C y vitamina E) son fundamentales para la salud ocular, ya que ayudan a prevenir el daño oxidativo de la retina.

La luteína y la zeaxantina (las encontramos en frutas y verduras) son antioxidantes que ayudan a mantener la estructura y función de la mácula del ojo. Eliman los radicales libres, absorben la luz azul dañina y protegen a la retina de cualquier enfermedad. La astaxantina, un carotenoide que encontramos en el salmón, las gambas, la langosta y el krill, inhibe la muerte celular de las células ganglionares de la retina en casos de enfermedades oculares relacionadas con la diabetes (como la retinopatía diabética). Además, también reduce los biomarcadores del estrés oxidativo y el daño del ADN en los ojos.

Por su parte, la vitamina C ayuda a regular la presión intraocular manteniendo un tejido sano, que desempeña un papel importante en la regulación de la presión dentro del ojo. La vitamina E se encarga de conservar los lípidos importantes que forman la retina del ojo.

Preocúpate de ingerir ácidos grasos Omega-3

Los ácidos grasos omega-3, sobre todo el ácido docosahexaenoico (DHA), son esenciales para la función ocular saludable. El DHA lo tenemos en altas concentraciones en la retina del ojo, que mantiene la estructura de las células fotorreceptoras y promueve una función visual saludable. Un déficit de Omega-3 está asociado con diferentes enfermedades oculares, incluido el síndrome del ojo seco y el glaucoma.

En cambio, disponer de un alto consumo de ácidos grasos Omega-3 se vincula con un menor riesgo de degeneración macular, menor presión intraocular, mejoras en el síndrome del ojo seco y protección de las células de la retina del daño oxidativo. Los estudios indican que el consumo de ácidos grasos Omega-6 debe mantenerse al mínimo para obtener los máximos beneficios para la salud ocular de los Omega-3.

Evita el déficit de vitamina A

La vitamina A preformada es un componente de la proteína rodopsina, que está involucrada en la visión. Tener un nivel bajo de esta vitamina pude causar síndrome de ojo seco y ceguera. La vitamina A preformada se encuentra solamente en alimentos de origen animal, como el aceite de hígado de bacalao, las yemas de huevo, el hígado de res, el hígado de pollo, los productos lácteos completos y los mariscos. Los carotenoides (betacaroteno, luteína y zeaxantina) se encuentran en los vegetales de color amarillo y naranja. Y, aunque los carotenoides tienen sus propios beneficios en la salud, su conversión a vitamina A es limitada. Por lo que, para mejorar la salud de tus ojos, es fundamental que consumas alimentos que contengan vitamina A.

No te olvides de la vitamina D

Los receptores de vitamina D se encuentran en varias estructuras del ojo, como la retina, el epitelio pigmentario de la retina y la coroides. Esta vitamina interactúa con esos receptores para nivelar los sistemas antioxidantes, la inflamación y el desarrollo de nuevos vasos sanguíneos en el ojo.

No consumir la suficiente vitamina D se ha vinculado con un mayor riesgo de glaucoma en adultos y miopía en niños. En cambio, tener unos niveles suficientes de vitamina D mantiene una presión intraocular saludable, inhiben la creación de demasiados vasos sanguíneos nuevos y regulan a la baja la inflamación ocular, favoreciendo a una estructura y función oculares saludables.