Estoy segura de que alguna vez has oído eso de que para tener abdominales marcados debes empezar por la alimentación. La creencia popular sugiere que lo que comes influye más para evitar los kilos extra que si vas al gimnasio o sales a dar una vuelta. Sin embargo, recientes investigaciones dejan caer que lo contrario podría ser lo correcto, al menos cuando quieres mantener tu peso.

Los estudios, publicados en la revista Obesity, compararon a las personas que ya habían perdido peso y lo mantuvieron durante un año (pesaban unos 68 kilos) con otros dos grupos de personas: los que tenían un peso corporal normal (68 kilos, una masa corporal similar a los que mantienen la pérdida de peso) y los que tenían sobrepeso (unos 96 kilos, IMC similar al que tenían los que perdieron peso antes de perderlo).

El gasto energético diario total de los voluntarios (cantidad de calorías que quemaron) se midieron mediante muestras de orina. Sus tasas metabólicas también se midieron para saber qué parte del gasto energético provenía del descanso y de la actividad física. Durante el tiempo que duró el estudio, todos los grupos mantuvieron su peso; es decir, el gasto total de energía fue igual a la cantidad de calorías que ingirieron.
Los científicos encontraron que el gasto total de energía en las personas que mantenían la pérdida de peso era mayor que el del grupo de peso normal, y parecido al del grupo con sobrepeso.

Esto quiere decir que las personas que habían perdido peso antes y lo estaban manteniendo, consumían una cantidad similar de calorías que el grupo con sobrepeso.

¿Por qué no llegaron a recuperar el peso perdido?

Los investigadores creen que todo puede deberse a un mayor nivel de actividad física: los que mantienen la pérdida de peso quemaron unas 300 calorías más al día que los que tenían un peso parecido.

Por una parte, los que mantenían la pérdida de peso estaban dando más pasos al día que el resto. Concretamente, 12.100 en comparación con 8.900 (grupo de peso corporal normal) y 6.500 (grupo con sobrepeso).

Cuando una persona pierde peso, su cuerpo experimenta diferentes adaptaciones metabólicas que intentan que el cuerpo vuelva a su peso inicial. Lógicamente, quemamos menos calorías con un peso corporal más bajo que un peso más pesado. Por lo tanto, puedes reducir la ingesta de calorías o aumentar el gasto (mediante la actividad física), o hacer una combinación de ambas para mantener el peso.

Además, parece que tienen un mayor éxito en la pérdida de peso aquellos que le dan mayor importancia al gasto de energía a través de la actividad física en lugar de una disminución de la ingesta calórica. Evidentemente, algunas personas pueden mantener la pérdida de peso con la dieta, mientras que otras pueden necesitar niveles muy altos de actividad física. La mejor fórmula es la que funciona para cada persona, por lo que te animo a probar diferentes cosas para ver qué funciona en ti.