Todos hemos experimentado la sensación de “rugido” en el estómago y las ganas por llegar a casa para comer. Es muy común que además este síntoma vaya acompañado de dolor de estómago y de mal humor; desde que somos bebés nos volvemos irascibles si no saciamos nuestro apetito.
Esto tiene una explicación científica, que te vamos a contar a continuación para que entiendas por qué tu cuerpo reacciona así.

El hambre interfiere nuestro estado de ánimo

Si pasamos varias horas con el estómago vacío, nuestro organismo crea un sistema de respuesta que nos envía señales para avisarnos de que debemos comer. Una de esas señales son los “rugidos”, que en ocasiones puede provocarnos vergüenza o dolor.
Concretamente, esos sonidos se denominan borborigmos y no tiene nada de malo si los sufrimos, tan solo es una alarma natural. Ocurre por el movimiento de gas y líquido que rebotan con las paredes intestinales, y como no hay alimento, nada puede bloquear el sonido. Cuando tenemos comida dentro, los borborigmos también suceden pero no los escuchamos.

Pero más allá de los sonidos, ¿de qué manera afecta el hambre? Pues, por desgracia, también puede hacer que nos pongamos de mal humor.

El hambre es una señal que nuestro cuerpo realiza cuando necesita que ingiramos alimentos. Cuando no tenemos los nutrientes necesarios, la energía empieza a escasear y nuestro cerebro es el primero en resentirse. Nuestro funcionamiento cerebral depende íntimamente de un nivel de glucosa, y cuando nos falta, no somos capaces de funcionar al 100%. Nos falla la concentración, somos más lentos para pensar y hacemos errores tontos.

Cuando tenemos los niveles de glucosa bajos, nuestras habilidades se ven afectadas negativamente. Tenemos menos ganas de hacer cosas, nos cuesta dialogar con otras personas y comprender lo que dicen, nos genera mal humor, somos más irascibles, y no tenemos la empatía suficiente con el resto de personas. Seguro que tú también lo has notado cuando has pasado hambre en clase o en el trabajo.

Nuestro cerebro intenta contrarrestar la falta de glucosa

El cuerpo es una máquina perfecta e intenta suplir carencias de alguna forma. Cuando tenemos la falta de glucosa, el cerebro ordena producir una serie de hormonas (crecimiento y adrenalina). Estas hormonas del estrés se liberan cuando el cerebro interpreta que estamos en una situación anormal o peligrosa.
Así que el mal humor ocurre cuando tenemos hambre por dos motivos: el mal funcionamiento del cerebro por falta de glucosa y la liberación de hormonas de estrés.