En algunas ocasiones te hemos dado recetas low carb o bajas en carbohidratos, ¿pero sabes realmente en qué consiste esta dieta? Como te puedes imaginar por su nombre, se trata de una tendencia alimenticia que disminuye el consumo de hidratos de carbono. Dando así más protagonismo a las grasas y proteínas.

Normalmente, los que siguen esta dieta es porque buscan disminuir su porcentaje de grasa corporal y el peso, aunque también influye directamente sobre el metabolismo. Al tomar menos carbohidratos, empezaremos a usar nuestras reservas de grasa para producir energía.

¿Qué es la dieta low carb?

Tan sencillo como una dieta baja en carbohidratos.

Hay que tener claro que en nuestra dieta debemos tener presentes los grandes grupos nutricionales, sin eliminar ninguno. Los hidratos de carbono no son dañinos ni perjudiciales para nuestro cuerpo. Son vitales para que podamos funcionar correctamente, pero no debemos centrar nuestra fuente de energía al 100% en ellos.

Abusar del consumo de carbohidratos nos lleva, normalmente, a aumentar nuestro peso y a limitar nuestra capacidad de quemar grasa. También es común que en las dietas que abundan los carbohidratos existan un déficit de micronutrientes. Por eso es necesario llevar una dieta equilibrada prolongada en el tiempo, aunque podemos hacer pequeños impases para mejorar nuestra fisonomía si queremos llegar a un objetivo.

Una vez que nos adentremos en la dieta low carb o dieta baja en carbohidratos, la energía empezará a brotar de la grasa consumida y pasará a ser la fuente de energía principal.

 Beneficios de este tipo de dieta

Antes de cambiar tu alimentación, es recomendable que acudas a un dietista-nutricionista para que sea él quien te indique los pasos a seguir. Si tienes sobrepeso, será suficiente con llevar una alimentación equilibrada, sin disminuir radicalmente el consumo de hidratos de forma exclusiva.
Aun así, si te ves concienciado para realizarla, te vamos a contar los beneficios que puedes encontrar:

  • Disminuye la ansiedad por la comida. Al comer más proteínas y grasas, nos saciamos más y se reduce el apetito. Esto afecta directamente a la ansiedad por comer; el cuerpo empezará a tener menos hambre entre las comidas.
    Además, conforme vayas reduciendo la ingesta de carbohidratos, tu ansiedad por comer dulces también irá disminuyendo.
  • No comes en exceso. Normalmente comemos más de lo que necesitamos, bien por aburrimiento o por gula. También es cierto que la industria alimentaria se encarga de introducir en el mercado productos que estimulen su consumo aunque no sean vitales.
    Para llevar a cabo este maleficio, añaden carbohidratos a casi todo para no crear sensación de saciedad y evitar que podamos identificar qué necesitamos comer y qué no.

  • Normaliza la glucosa en sangre. La glucosa en la sangre se ve estabilizada de inmediato al disminuir la toma de hidratos. Es especialmente positivo en aquellas personas que sufren diabetes de tipo II, ya que al disminuir los alimentos que se convierten rápidamente en glucosa, esta se estabiliza de forma rápida.
  • Mejora el sabor de los alimentos. Al reducir la toma de carbohidratos, se elimina gran parte de azúcar de nuestra dieta y comenzamos a recuperar el gusto por los sabores que se camuflaban por culpa del azúcar.
    A grosso modo, cuando en una dieta tomamos mucho azúcar, las comidas nos saben muy dulces.
  • Mejora nuestro físico. Ya lo comentábamos antes, al comer menos hidratos estimulamos la quema de grasa. Lógicamente, afectará a nuestro peso y físico, aumentando la proporción de músculo y disminuyendo la de grasa. Es una dieta que favorece más la pérdida de grasa abdominal que la subcutánea, por lo que perderás las reservas más peligrosas para tu salud.
    Además, tener una alimentación con demasiados carbohidratos nos anima a tomar menos grasas y proteínas de calidad. Si lo unimos a realizar deporte o actividades físicas, tus músculos se volverán más fuertes y tendrás un aspecto físico más compacto.