Desde pequeños hemos estado «amenazados» con el carbón dulce si nos portábamos mal durante el año. Los Reyes Magos son una de las mayores tradiciones españoles, en la que niños y adultos se despiertan el día 6 de enero con un árbol repleto de regalos. Y, aunque pensamos que puede ser un regalo divertido, lo cierto es que no es el dulce más saludable que podamos consumir durante el día de hoy.

Originalmente, el hecho de dejar carbón no era algo negativo, se apreciaba para ayudar a encender la chimenea de las casas en pleno invierno. Continuando con la tradición, surgió la versión dulce, que comenzó a vincularse con las casas más pobres o con personas conflictivas; y por eso se dice que los niños malos solo merecen este presente.

Toda su composición es azúcar

Si estás dudando en comerte un trozo de rosco de Reyes o carbón dulce, opta por el primero. El ingrediente principal del carbón es el azúcar, y en gran cantidad.

Para crear este producto, hay que hacer una mezcla de azúcar glas, una clara de huevo y una cucharadita del jugo de un limón. Se mezcla todo hasta que se forme una masa espesa. Y estarás pensando en cómo se consigue ese color negrizo, ¿verdad? Tan simple como añadir colorante alimentario.

Hay que crear también el almíbar (un poco de agua con azúcar normal). Se calienta la mezcla hasta que hierva y se quede dura. Después, mezclamos la masa anterior con el almíbar, movemos bien y esperamos a que gane en tamaño. Seguidamente, la retiramos a un recipiente grande para que se pueda seguir expandiendo y dejamos que se enfríe. Ya solo tendrás que cortar trozos y gastarle alguna broma a tu familia.

Como ves, no contiene ningún nutriente, por lo que no aporta nada interesante a tu organismo. Tan solo creará picos de insulina, creando un bucle en tu sangre y la necesidad de comerte la bolsa entera de una sentada.