La obesidad es la epidemia del siglo XXI y la razón principal de muerte en el ser humano. No podemos negar que este tipo de enfermedades cardiovasculares soy una preocupación a nivel mundial y que afecta a la sanidad. Aunque hay factores claros que determinan porque una persona tiene obesidad, es curioso ver como hay ciertas partes de nuestro cuerpo que acumulan más grasa que otras.

El cuerpo es una máquina inteligente que decide almacenar energía por si más adelante tenemos escasez de comida. La distribución de la grasa es totalmente diferente en cada persona, ya que depende mucho de las características físicas, el sexo, el estilo de vida y la genética. La grasa se acumula de dos formas distintas: en el tejido adiposo subcutáneo (de forma homogénea por todo el cuerpo) y en el adiposo visceral (en el abdomen).

La grasa está relacionada con las hormonas

Los expertos afirman que la distribución de la grasa está íntimamente relacionada con las hormonas. En el caso de las mujeres, la grasa suele dividirse de forma general por todo el cuerpo, pero en el caso de los hombres la acumulación se centra en el abdomen y la cintura.

Aún así también hay familias que tienen tendencia a acumular gracias el tejido adiposo visceral. Y, por si no lo sabías, el tejido visceral está relacionado en mayor medida con enfermedades cardiovasculares como la diabetes o la hipertensión.

La grasa se acumula porque existe un superávit calórico y nuestro cuerpo acumula ese excedente de calorías en el tejido adiposo. Antiguamente tenía sentido, ya que el ser humano pasaba por periodos de hambre; pero en la actualidad no gastamos toda la energía como para comer en grandes cantidades.
Lo recomendable es llevar un estilo de vida saludable y realizar ejercicio físico para no estar predispuestos a la acumulación de grasa.

¿Por qué es tan difícil eliminar la grasa?

Es mucho más rápido acumular grasa que eliminarla, aún estando a dieta y manteniéndonos activos, pero debes tener en cuenta que al cuerpo le resulta difícil estar en déficit de energía.
Lo más habitual es que consumamos más calorías de las que gastamos y cuando ingerimos menos, nuestro organismo usa como combustible el tejido adiposo. Si bien es cierto, le cuesta bastante porque no está preparado para consumir esas reservas de grasa.

Aunque no lo creas, tu organismo se siente atacado e intenta defenderse ante esa bajada calórica. Es por eso que es un proceso lento, pero dedicándole tiempo y manteniendo el déficit calórico, irá desapareciendo poco a poco.

Sobre por qué hay ciertas zonas del cuerpo que adelgazan más rápidamente que otras, es porque hay un tipo más resistente. Por ejemplo, la que se acumula en el abdomen y en el core cuesta muchísimo más que aquella que está en el tejido subcutáneo.