¿Te molesta mucho la luz? Puede que tengas fotosensibilidad

La fotosensibilidad, fotofobia o sensibilidad a la luz, es la intolerancia o molestia que causa la luz en algunas personas. A casi todos nos molesta la luz o, mejor dicho, el exceso de luz en algún momento puntual y no es peligroso ni está mal, pero cuando se trata de una sensibilidad aguda puede incluso afectar a nuestra vida, carácter, trabajo, etc.

Cuando hablamos de fotofobia, debemos ser muy precisos, ya que no podemos confundirlo con la molestia que causa a veces la luz del móvil si tenemos el brillo muy alto y lo encendemos de madrugada. Se trata de un trastorno con consecuencias muy molestas y que está relacionada con otros problemas de salud, por lo que es conveniente saber qué nos pasa para ponerle solución.

¿Qué es exactamente?

Sin ser muy técnicos, la fotofobia es una condición visual que afecta a muchos seres humanos y provoca cierto rechazo e intolerancia a la luz, ya sea solar o artificial. Esta fotosensibilidad normalmente no surge de repente, sino que detrás hay ciertas causas no diagnosticadas, por lo que va siendo hora de visitar a un oftalmólogo y ponernos al día en salud ocular.

Esta molesta sensibilidad a la luz reacciona tanto al aire libre con la luz natural y los rayos solares como en zonas de interior como nuestra casa con las bombillas normales y los fluorescentes e incandescentes (las bombillas transparentes que se ven los filamentos encendidos). Por eso quienes sufren fotosensibilidad prefieren luces cálidas (anaranjadas) con cubierta tupida para su casa y luces azules para leer o estudiar.

Hay varios niveles de fotofobia, puede ser una molestia puntual, como las luces largas de los coches en la noche, las bombillas del baño que enfocan directamente a la cara, los primeros segundos de sol cuando salimos de casa, etc. Y luego las molestias de esta intolerancia lumínica van en aumento llegando incluso a resultar doloroso e irritante y tener que salir de casa con los ojos bien protegidos.

Una mujer con fotofobia

Causas de la sensibilidad a la luz

Tal y como hemos dicho, la fotosensibilidad puede estar causada por un trastorno no diagnosticado, por lo que, si detectamos que nos molesta la luz, tenemos que ir a un especialista para saber qué es exactamente lo que nos sucede en los ojos.

Aquí van algunas de las causas que desembocan en fotofobia y con las que seguro nos sentimos identificados cuando veamos también los síntomas de esta afección ocular:

  • Ojos claros: las personas que tienen ojos claros son más propensas a desarrollar sensibilidad a la luz dado que sus ojos tienen menor pigmentación del iris y dejan pasar más luz hacia el interior.
  • Traumatismos: un pequeño porcentaje de quienes sufren fotosensibilidad no son por causas intrínsecas del ojo, sino a través de un golpe o traumatismo que ha dañado a la córnea.
  • Problemas oculares: la sensibilidad a la luz puede ser el desencadenante de conjuntivitis, uveítis, iritis, infecciones, ojo seco, cataratas, etc.
  • Trastornos neurológicos: una de las causas son las migrañas o cefaleas, también el trastorno de ansiedad, entre otros.
  • Fármacos: casi el 80% de quienes sufren fotofobia está relacionada con la migraña, en mayor o menor medida, pero también hay casos en los que los pacientes toman ciertos medicamentos (o drogas) que como efecto secundario provocan sensibilidad a la luz. Es importante leer el prospecto de los medicamentos y explicarles a los especialistas que nos atienden qué fármacos estamos tomando en esos momentos.

Síntomas de la fotosensibilidad

Para saber si tenemos sensibilidad a la luz, debemos prestar atención a los principales síntomas visibles. Son fáciles de detectar, ya que son un rastro de pistas muy evidentes. En base a este autodiagnóstico, podemos conocernos mejor a nosotros mismos, e incluso ayudar a nuestros amigos y familiares, facilitando así la tarea del especialista cuando acudamos pidiendo su ayuda.

  • Ojos rojos.
  • Inflamación del ojo.
  • Picor casi constante, sobre todo al usar pantallas.
  • Rigidez cervical.
  • Dolor de cabeza, en concreto en la zona posterior de la cabeza hacia los ojos.
  • Tener la necesidad de entrecerrar los ojos cada vez que hay luz (sobre todo en zonas exteriores y días soleados).
  • Molestias oculares, como dolor inexplicable y pinchazos.
  • Mareos y nauseas tras un esfuerzo visual.
  • Lagrimeo excesivo.
  • Visión emborronada.
  • Molestias al exponernos a la luz, ya sea natural o artificial.
  • Excesivo parpadeo.
  • Sentir alivio al cerrar los ojos.
  • Sensación de escozor cuando hay mucha luz.

Un niño tapandose los ojos porque tiene fotofobia

Tratamiento para la fotofobia

No existe algo milagroso, tan solo, tratamientos para solucionar la causa de la fotosensibilidad. Tal y como hemos dicho desde el principio, la fotofobia está causada por otros trastornos por lo que debemos realizarnos un control exhaustivo para determinar el origen. Será el oftalmólogo el que indique qué tratamiento debemos seguir. Hay desde gotas hidratantes y gotas anestésicas hasta Botox para las migrañas.

Una vez que eso esté en tratamiento y se solucione, podemos minorizar la sensibilidad a la luz con una serie de consejos prácticos entre los que destacamos:

  • Usar siempre gafas de Sol polarizadas, para andar, conducir y para todo, durante todo el año.
  • Usar gafas para filtrar la luz azul de las pantallas, e incluso usar lentes especiales para la fotosensibilidad.
  • Si salimos a hacer deporte, o también para nuestro día a día, tenemos que elegir gafas con cristales fotocromáticos, es decir, que se adaptan a las condiciones lumínicas y se oscurecen los cristales si hay mucha luz y se aclaran si hay poca iluminación.
  • Usar gafas con cristales protéticos, es decir, que están tintados (coloreados) del mismo color que nuestros ojos.
  • Usar sombrero o gorra cuando estamos en zonas de exterior.
  • Cambiar las bombillas de casa con luz blanca y estridente por luz cálida.
  • Aprovechar la luz natural lo máximo posible.
  • No mirar directamente al Sol, ni su reflejo, ni a las bombillas, ni a ningún foco de luz, ya sea natural o artificial.
  • Bajar el brillo de los dispositivos móviles, incluido del monitor.
  • No trabajar con pantallas frente a una ventana abierta por la que entra luz (este consejo es muy importante para todos, seamos fotosensibles o no).