Ducharnos es un hábito que la mayoría realizamos a diario. Sin embargo, hacerlo con demasiada frecuencia puede ser muy perjudicial para tu piel. Una acción propia de la correcta higiene personal, puede volverse contraproducente, si no lo hacemos con unas consideraciones básicas. Hoy te hablamos de cómo cuidar tu piel en la ducha.

Según cada persona, la ducha puede ser un momento de prisa y cumplimiento de la higiene básica; o un auténtico ritual de relajación y belleza, para lucir un aspecto inmejorable. Sea cual sea tu caso, te proponemos algunos tips para cuidar tu piel y sacarle el máximo partido posible a la ducha.

Tips para cuidar tu piel en la ducha

  • Abusar del gel en un intento por desprender un excelente aroma, es un error. Utiliza la cantidad necesaria. Es recomendable que escojas uno natural o cuyos componentes no resulten demasiado agresivos para tu piel. Si tienes la piel sensible, opta por jabones específicos para ello.
  • Demasiada frecuencia no es mejor. Hay quienes se duchan demasiadas veces al día. Si te ves obligado a ellos, por los entrenamientos, el trabajo u otras circunstancias, intenta utilizar jabón en uno de ellos solamente.
  • Aunque la exfoliación es buena para eliminar impurezas y mejorar el aspecto de la piel, abusar de ella podría ser negativo. Hazlo una vez a la semana y utiliza productos específicos para la cara, cuello y escote.
  • Si utilizas esponja, cámbiala con frecuencia y déjala en un lugar limpio y seco. Elimina el exceso de agua cuando termines e intenta que se seque bien al aire libre.
  • Utilizar un cepillo específico para las uñas es una excelente opción para mantener, tanto las de las manos como las de los pies, en perfecto estado. Recuerda que es frecuente que se acumule suciedad y con lavarnos las manos, a veces, no basta.
  • No es recomendable ducharse con el agua a una temperatura muy elevada. Aunque en invierno apetece, que sea de forma excepcional. A diario, hazlo con el agua templada y, a ser posible, termina con un chorro de agua fría.
  • Sécate con la toalla suavemente y sin frotar. Lo ideal es hacerlo con pequeños golpecitos para que la piel no se resienta. La toalla tiene que estar limpia siempre y debe usarse con exclusividad, no compartirse.
  • Aplica tras la ducha crema hidratante o aceite vegetal corporal para un resultado nutrido, suave y bonito.