La mayoría de nosotros hemos tenido esa sensación de ilusión al empezar un nuevo proyecto. Haces muchos sacrificios, no te importa trabajar hasta la madrugada ni dormir menos, es tu sueño y vas a por él. Y de repente, un día, suena la alarma y no eres capaz de levantarte.
Miras el móvil, ves los e-mails y mensajes que tienes que contestar y vuelves a dejarlo. Piensas en todo el trabajo que hiciste ayer y todo el que tienes que hacer hoy y te agobias. Buscas la motivación por algún lado pero eres incapaz de encontrarla, ni una gota. Si mientras lees estas palabras tu interior dice que esto te está pasando, me sabe mal decirte que probablemente sufras el síndrome de burn-out.

Para entender este síndrome primero debes tener claro qué es una respuesta de estrés. Nuestro organismo reacciona mediante respuestas fisiológicas, que acompañan a las emociones negativas, a las situaciones que requieren luchar o escapar. Generalmente, una vez la amenaza se ha superado nuestro estado fisiológico vuelve a la normalidad. Si bien es cierto, en determinadas ocasiones las situaciones amenazantes son más continuas que episódicas y se produce una respuesta de estrés continua.

estrés

Sentirse estresado continuamente en tu lugar de trabajo dará lugar al estrés crónico que, con el tiempo, te llevará directamente al conocido “burn-out” o síndrome de desgaste profesional. Este se compone de tres dimensiones:

  • Agotamiento emocional. El trabajador siente que sus recursos afectivos han estado superados por el estrés producido por el día a día con sus compañeros.
  • Despersonalización. Se basa en el desarrollo de sentimientos negativos hacia las personas con las que trabaja, que a su vez se traduce en comportamientos y actitudes negativas.
  • Baja realización personal. El trabajador evalúa de forma negativa su trabajo, ya sea por las dificultades de poner en práctica sus conocimientos o por la baja disponibilidad de recursos que posee o cree poseer.

La existencia de tensión emocional se ve agravada por sentimientos de impotencia del mismo trabajador al sentir que las expectativas que tenía respecto a su trabajo han sido defraudadas, en verse incapaz de modificar o controlar la situación laboral, o no poder decidir cómo llevar a cabo el trabajo.

Los síntomas se desarrollan de forma progresiva empezando por los psicosomáticos como cefaleas o insomnio, conductuales como irritabilidad o agitación, seguido de los emocionales como ansiedad o distanciamiento afectivo y, finalmente, aparecen los síntomas defensivos que implican el desplazamiento de los sentimientos hacia otros ámbitos y la negación de los síntomas anteriores.
Afortunadamente, esta en nuestras manos cambiar el chip y recuperar nuestra motivación.

¿Qué es y como combatirlo?

Se debe ser consciente de la situación que uno esta viviendo: si somos capaces de entender que hemos estado sometidos a mucha presión nos será más fácil cambiar nuestros hábitos diarios y buscar el equilibrio entre el trabajo y la vida personal. A continuación os dejo con algunos consejos para recuperarse del desgaste profesional:

Trabaja mejor, no más.

La calidad no siempre viene determinada por el tiempo que invertimos en el trabajo, de hecho, es recomendable que cada 40 minutos aproximadamente hagamos una pausa corta para desconectar la mente y coger energía para seguir trabajando.

Desconecta.

En la mayoría de casos nos acabamos llevando el trabajo a casa, hecho que también acaba influenciando la relación que tenemos con los que convivimos. Tenemos que aprender a desconectar del correo, de las redes sociales y de los mensajes. Prueba a salir a comer con alguien cercano a ti sin tu móvil, no quieras ser una de esas personas que sufre ansiedad sólo de pensar que tiene que separarse de su dispositivo electrónico.

burnout Relax

Además, si tienes problemas para conciliar el sueño o te despiertas constantemente a media noche es aconsejable que no mires ningún dispositivo electrónico durante la hora previa antes de acostarte.

Relájate

Regálate tiempo, date mimos, cuídate y quiérete. Parece una estupidez pero estamos tan concentrados en nuestro trabajo que olvidamos dedicarnos unas horas para nosotros.

Si tienes un día ajetreado prueba a relajarte antes, no tienes que hacerlo todo al mismo tiempo. Si un día no te apetece contestar los mensajes, no lo hagas. Nadie nunca murió por esperar un día a que le contestaran un correo.

La mejor manera para relajarse es focalizándote en ti. Busca algo que sea satisfactorio para ti y hazlo, añádelo a tu rutina: lee cada día 1 hora si eso te apasiona, ve a andar, escucha al silencio o hasta puedes hacer meditación. Da igual cual sea la acción que lleves a cabo, lo importante es que te ayude a relajarte y a no pensar en tus deberes y obligaciones.

Al final, el desgaste profesional sólo influencia negativamente a tu habilidad para concentrarte y prestar atención, puede provocarte problemas de salud e interferir en tus relaciones interpersonales.Desconecta de la realidad virtual y presta atención a tu alrededor, recuerda siempre dejarte tiempo libre y no lo ocupes con quehaceres del trabajo. Y, sobretodo, si eres incapaz de gestionar el estrés y ves que no puedes hacer frente a la situación, pide ayuda, que es lo más sano del mundo.

Debemos aprender a gestionar nuestro tiempo e invertirlo en aquello que realmente nos haga felices, sin olvidar nuestras metas y disfrutando del camino que nos llevará a lograr nuestros objetivos. Y si en algún momento del camino crees que ya no puedes más pide ayuda, ese último empujón será, probablemente, el que te ayude a conseguir el éxito.

Carmina Llongueras Espí – @caarmiina