Seguro que alguna vez te hayas topado con el IMC, siglas correspondientes al Índice de Masa Corporal. En algún chequeo médico o simplemente al pesarte y medirte en una farmacia, habrás encontrado un número que te sitúa en un rango de salubridad según tu medida y peso. Pues bien, hoy te explicamos cómo se obtiene y hasta qué punto es importante tenerlo en cuenta.

No olvidemos el porcentaje de grasa

Antes de entrar a explicar el Índice de Masa Corporal, es relevante reconocer también al porcentaje de grasa como otro de los valores fundamentales para clasificar nuestro estado físico. Lo reconocerás fácilmente bajo las siglas %GC.

En este caso, el título lo dice todo. Será un índice para medir el nivel de lípidos de nuestro cuerpo. ¿Por qué esto? Pues básicamente porque un cuerpo tendrá peso por la grasa que sobra, así como por el peso del sistema óseo y muscular. De esta manera, esta medida tomará solo el porcentaje de grasa, salvando nuestro sistema propiamente dicho.

A diferencia del índice de masa corporal que se obtiene con una operación matemática sencilla, hemos de reconocer que el cálculo del porcentaje de grasa corporal es algo más complicado de obtener, quedando prácticamente en manos de maquinaria pesada de hospitales. Si bien existen ecuaciones más que complejas para obtener porcentajes de grasa, se terminará por recurrir a máquinas como básculas de bioimpedancia o lipocalibres (la típica pinza que te coge el michelín) para hacer un cálculo aproximado.

A grosso modo, la bioimpedancia será una técnica en la que a través de la corriente eléctrica se conseguirá medir las cantidades de agua y masa magra (grasa) que tenga nuestro cuerpo. Entremezclado con la edad, la estatura y hasta el sexo, se obtiene un dato definitivo. Esta es la buena muestra de lo complejo que es obtener el dato. Recomendamos sin duda acudir a un experto antes de hacer cuentas de manera casera.

Una báscula, un metro y una manzana

¿Cómo se obtiene el Índice de Masa Corporal?

El IMC sí presenta un cálculo sencillo y cómodo de realizar por cualquier persona. Se puede definir como la relación dada entre el peso y la talla de una persona, clave para detectar el sobrepeso. La cuenta será peso en kilogramos dividido entre la medida en metros cuadrados. El número resultante te colocará en un baremo entre el peso insuficiente, el peso normal y hasta dos grados de sobrepeso y cuatro de obesidad, concluyendo con la obesidad extrema.

En esta ocasión no importará la edad de la persona ni el sexo, aunque sí hemos de tener en cuenta que estemos en una edad adulta. Por norma general un niño aún tendrá por crecer y la relación entre estatura y peso se convierte en un dato poco fiable. Respecto a datos oficiales, la Organización Mundial de la Salud considerará que un IMC mayor a 25 es sobrepeso, y mayor a 30 obesidad.

¿Existe relación entre ambas magnitudes?

Una vez conocemos las dos medidas fundamentales, deberemos pensar si existe una verdadera relación entre ellas, a cuya respuesta es sí aunque con matices. Curiosamente tendremos que dejar fuera de esta relación a deportistas, pero por norma general, un alto grado de porcentaje de grasa equivaldrá a un Índice de Masa Muscular alto.

Pensemos en que un sistema óseo y muscular (este último con matices) de una persona estándar sobre otra de igual complexión pesarán igual, y por ello su IMC será parecido. La grasa en el cuerpo será lo que desnivele la balanza, pero en términos generales un número tendrá correlación con el otro.

Deportistas, ni caso

Por último, es curioso destacar como tanto el Índice de Masa Corporal como el porcentaje de grasa son baremos magníficos para todo tipo de personas menos para los deportistas. ¿A qué se debe esto? A la composición muscular.

Cada deportista es un mundo, y quizá un maratoniano no tendrá excesiva tonificación muscular ni la buscará, pero por norma general, un deportista de élite tendrá los músculos definidos, y con ello un mayor peso corporal que no está asociado a la grasa.

Pese a esto, el IMC no diferencia el peso entre peso muscular y peso en lípidos, y algo parecido pasará con el porcentaje de grasa al tomar el peso total. De igual manera, a un deportista definido apenas sin grasa será tremendamente complicado realizarle el cálculo.

Por ello, para deportistas rodados estos dos datos no deberían pesar en exceso, y de hecho no serán representativos de su rendimiento físico ni complexión. Para el resto de personas sí son muy accesibles y valorables para tenerlos en cuenta y controlar nutrición y ejercicio conforme a ellos.